domingo, 3 de junio de 2012

ESTUDIANTES DE LITERATURA EN EL NIVEL INICIAL Y PRIMARIO DEBERÁN LEER TENER EN CUENTA ESTOS CONCEPTOS PARA EL PARCIAL O EL COLOQUIO O EL FINAL (SEGÚN CORRESPONDA)




JORNADAS INTERNACIONALES DE LITERATURA PARA NIÑOS Y JÓVENES


Estuve durante todo el fin de semana participando de estas jornadas y me parece interesante compartir con ustedes algunos conceptos, que considero fundamentales para la formación de un docente. Entre las múltiples ponencias que he grabado, rescato esta. El trabajo de tipear una grabación es bastante árduo, de modo que iré haciendoles llegar este material poco a poco….
LOS LIBROS PERTURBADORES EN LA LITERATURA PARA NIÑOS por
Fanuel Hanán Díaz (Venezuela)
 Les comento que se trata de un conocido crítico e investigador literario venezolano. Se licenció en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Durante varios años trabajó en el Banco del Libro de Venezuela, como director del Departamento de Evaluación de Libros para Niños y Jóvenes, y como coordinador editorial de la revista Parapara. Fue dos veces becario en Munich (Alemania), donde investigó sobre libros antiguos para niños. El fruto de ese trabajo en parte está incluído en su libro "Leer y mirar el libro álbum: ¿un género en construcción?" (Grupo Editorial Norma, 2007).Les recomiendo que lean en este mismo blog una entrevista publicada en EDUCAR  y que la pueden encontrar haciendo doble clik  en donde dice LIBRO ALBUM PÁGINA PRINCIPAL 



El escritor venezolano empezó su ponencia diciendo:

Me gustaría explorar esta categoría de libros perturbadores que considero poco
tratados e incluso parcialmente marginados en la literatura infantil. Aquellos que
producen una sensación de inestabilidad en la mente del lector, que dejan
sensaciones amargas y que a veces pueden causar conmociones en nuestra psique
porque son devastadores.
El riesgo que representa navegar estas aguas puede generar enormes
turbulencias porque hay territorios que se comparten con otras categorías como el
horror, la trasgresión y lo extraño. Por eso, voy a tratar de marcar fronteras para lograr
una aproximación al tema que nos ocupa, no sin antes advertir que ésta no es una
charla complaciente ni tampoco luminosa.
Para acercarnos a la perturbación es necesario tocar aspectos de la sombra
que son repulsivos, violentos o intimidantes. No pretendo agotar esta discusión ni
llegar a verdades inamovibles; probablemente ni siquiera haya suficientes elementos
para pensar que existan tales libros perturbadores.
Lo que sí me parece conclusivo es reconocer que hay lecturas escabrosas y desestabilizadoras, que el mundo de los libros para niños no es, ni debe ser,enteramente idílico. Y que nosotros como mediadores debemos asumir que esas
lecturas también son necesarias y benéficas, en la medida en que nos hacen pensar y confrontarnos sin rodeos con aspectos que forman parte de la compleja experiencia de
crecer y de vivir.

________________________Bordes y fronteras de la perturbación
La idea de trabajar sobre este tema tiene su origen en una imagen. Como
ustedes saben, desde hace tiempo he estado investigando sobre la lectura de
imágenes, y uno de los principios que articulan parte de la selección que propongo
para hacer ejercicios de lectura visual está vinculado con la sombra.
Precisamente utilizo un cuento clásico, la versión de Caperucita Roja de
Charles Perrrault. Al final de esta historia, a diferencia de la versión recogida por los
hermanos Grimm, no viene ningún leñador que rescate a Caperucita del ataque del
lobo… y podríamos decir que este final, abrupto, instala una zona inquietante. No se
restablece el equilibrio en esa lucha entre el bien y el mal, no hay un cierre de final
feliz.
Bruno Bettelheim propone una lectura muy particular de este relato en su libro
Psicoanálisis de los cuentos de hadas. No sólo plantea los conflictos edípicos de la
protagonista sino también el propio deseo de ser devorada, lo que resulta aún más
inquietante. Abundantes claves aseguran la interpretación de esta versión, no como un
cuento clásico de advertencia sobre el peligro real de los lobos que merodeaban cerca
de muchos pueblos y aldeas, sino como una metáfora de otro tipo de lobos: el hombre
seductor.
En realidad, Perrault quería advertir sobre el abuso sexual. Leamos la
secuencia final de esta historia:


“Caperucita Roja se desnudó y se metió en la cama. Una vez dentro, al darse
cuenta de las hechuras tan raras que tenía su abuela desnuda, se quedó
bastante sorprendida.
—Abuela, qué brazos tan grandes tienes —le dijo.
—Son para abrazarte mejor, hija mía.
—Abuela, qué piernas tan grandes tienes.
—Para correr mejor, hija mía.
—Abuela, qué orejas tan grandes tienes.
—Para oír mejor, hija mía.
—Abuela, que ojos tan grandes tienes.
—Para ver mejor, hija mía.
—Abuela, qué dientes tan grandes tienes.
—Para comerte mejor.
Y diciendo estas palabras, el lobo se abalanzó sobre Caperucita Roja y la
devoró.”

Quiero mostrarles dos imágenes que acompañan esta secuencia; se trata de
las fotografías de Sarah Moon para esta versión. En ella, el libro cierra con una doble
página donde podemos ver una cama desordenada en un ángulo poco usual, bañado
por un juego de luces y sombras que se desliza entre las sábanas insinuando
abiertamente un intercurso sexual.
He querido utilizar este ejemplo para ilustrar un aspecto vinculado con la
perturbación: cómo se manifiesta de manera metafórica más que explícita en muchos
libros para niños. Pero también cómo hay interferencias o coincidencias con otras
categorías del discurso como el horror.
Los cuentos de hadas son especialmente depositarios de esta riqueza de
contenidos arquetípicos y ancestrales, escenas, motivos y neurosis que dan cuenta de
un aspecto importantísimo que quisiera explorar como primera dimensión de la
perturbación.
El temor a lo desconocido representa uno de estos miedos ancestrales. La
pérdida de la seguirdad del hogar, el abandono y la separación de lo padres son
motivos angustiantes que se hacen recurrentes en muchos cuentos tradicionales. En
los relatos donde los niños son protagonistas, el sentido de esta separación puede
llegar a ser traumático porque el personaje no cuenta con las herramientas suficientes
para afrontar la supervivencia en un mundo hostil.
La desobediencia, un motivo recurrente en estos cuentos, acarrea sanciones
que pueden resultar desmedidas, como el abandono o la devoración. Penetrar un
bosque prohibido, tomar un alimento ilícito o hablar con un desconocido instalan
algunas de las advertencias que debe atender el héroe para lograr su destino.
En El pájaro emplumado, una variante del conocido cuento Barbazul, una joven
que es secuestrada por un brujo recibe la estricta prohibición de abrir una habitación.
Como prueba, le encomienda un huevo y un manojo de llaves. Pero, como siempre las
mujeres tan curiosas, ella decide abrir la puerta prohibida. Allí se encuentra con una
escena abominable:
“En medio de la habitación había un enorme cubo ensangrentado lleno de
cadáveres descuartizados y al lado un tajo con una brillante hacha encima.
Tuvo tal sobresalto de horror, que el huevo se le escapó de la mano y cayó
dentro del cubo. Lo sacó y le limpió la sangre, pero en vano: al instante volvía a
aparecer. Por más que frotó y lavó, la sangre no se iba.”
Realmente esta historia es escalofriante, y señala un aspecto de la psique
vinculado a la sombra: el deseo de muerte o la muerte metafórica. De alguna manera,
penetrar una habitación repleta de cadáveres descuartizados crea toda una
ambientación macabra, que puede perturbar a cualquier lector, como la más
espantosa pesadilla.
Otro de los bordes que quisiera perfilar antes de entrar en el territorio más
recóndito de la perturbación, tiene que ver con la trasgresión. Precisamente, durante el
tiempo que he estado pensando y construyendo ideas alrededor de este tema, he
comentado lo difícil que resulta precisar cuándo un libro es perturbador y si realmente
podemos asegurar que son suficientes como para formar parte de una categoría. Casi
siempre he encontrado que gran parte de las respuestas y de los ejemplos que he
compartido en estas conversaciones tiene que ver con la transgresión o la subversión,
lo que NO necesariamente significa el planteamiento de conflictos que pueden
considerarse perturbadores.
Allison Lurie, en un divertido ensayo, No se lo cuentes a los mayores1, hace un
repaso por diferentes formas de subversión que emparentan la auténtica literatura
infantil con la cultura de la infancia, desde las rimas procaces de la tradición oral hasta
las irónicas respuestas de Alicia en el mundo del espejo. Creo que, cada vez más, los
libros para niños derrumban ese dique de contención que los adultos luchamos por
mantener incólume, bajo el preconcepto de que los niños son inocentes y de que se
debe imponer una censura que los proteja de ciertos temas y los mantenga alejados
de usos del lenguaje que consideramos impropios.
Dentro de esta tendencia encontramos la corriente de lo políticamente correcto,
que tanto ha sido ironizada por James Finn Garnner en sus Cuentos infantiles
políticamente correctos. Realmente una parte de los libros para niños que se
producen, y aquellos que los niños quieren leer, son libros poco complacientes, son
libros que hablan de temas difíciles y ubican al lector en medio de situaciones
controversiales.
Con seguridad, podemos afirmar que ya no existen temas tabú. Que esa
distinción forma parte de un pasado teórico reciente; que prácticamente todos los
temas han sido tocados en diferentes versiones en los libros para niños, incluso
aquellos que parecieran más restringidos, como el secuestro, el odio racial, el
matrimonio interétnico y la depresión.
En este momento quisiera contarles una historia que puede ayudarnos a fijar
esa frontera que se traza entre la perturbación y diferentes formas de subversión,
emparentadas generalmente con el humor. Quizás esta lectura nos permita explorar
otra arista del problema que les planteo como un interrogante: cuando hablamos de
perturbación ¿nos referimos a lo que perturba a los niños o lo que perturba a los
adultos? Es un asunto de recepción sobre el cual espero volver más adelante.
El libro que les quiero leer se llama Rey y Rey. (Rey y Rey, HAAN, Linda, y STERN, Nijland. Serres. Barcelona, 2004./
 No es necesario ahondar en el hecho de que este libro claramente subversivo no representa una amenaza a la integridad psíquica del lector pues plantea un tema de controversia, descrito bajo un tono muy desenfadado y con un final bastante feliz.
No existe una equivalencia, entonces entre libros transgresores y libros
perturbadores. Una vez que hemos trazado unas coordenadas mínimas para separar
la perturbación de otros territorios, me gustaría entrar de lleno en las diferentes formas
en las que la perturbación se hace presente en los libros para niños.


________________________Formas de la perturbación
Durante esta charla he hecho repetidas referencias a la perturbación, pero en
realidad no he precisado los contornos de este concepto y tampoco he dilucidado el
primer interrogante que tiene que ver con esta categoría. ¿Existen realmente libros
perturbadores? Y si existen… ¿cuáles son sus rasgos distintivos? ¿O sería más
apropiado hablar de formas de la perturbación o de lo perturbador en los libros para
niños?
Para responder parcialmente esta interrogante, quisiera adelantar algunas
características que considero inherentes a la perturbación, antes de describir algunas
formas que indican sus manifestaciones más concretas.
Considero que la perturbación, en principio, es un fenómeno de recepción, ya que se activa de acuerdo con ciertos contenidos que están en el texto y ciertas experiencias que están en la psique del lector. Hay libros que en su conjunto tienen la particularidad de plantear indagaciones sobre aspectos que conforman la sombra colectiva, y es por esto que los asumimos como perturbadores. Hay libros que no son tan universales, pero tocan la sombra particular de un lector, y hay otros donde lo perturbador se entreteje como parte de la trama discursiva.

Como fenómeno de recepción, la perturbación va ligada a la intolerancia que
tenemos como lectores para aceptar nuestra sombra. Creo que, paradójicamente,
somos los adultos quienes asumimos con mayor dificultad estos aspectos oscuros,
que nos esforzamos por proyectar una imagen perfecta de nosotros mismos, que nos
resistimos a incorporar esa sombra como parte integrada de nuestra personalidad.
La perturbación está fuertemente vinculada con esa sombra, que en términos
junguianos se refiere a muchos aspectos disociados de la personalidad consciente,
como la envidia, el deseo de muerte, el odio, la mentira, la traición, la guerra, la
violencia gratuita, el desprecio, la burla, el rencor, el miedo, el ansia de dominio, el
poder, la avaricia, los celos…y un largo etcétera de aspectos que muchas veces se
encuentran reprimidos.
Para definir la perturbación, entonces, debemos hacernos la pregunta, en el
caso específico de la literatura infantil, de si ella se genera desde la perspectiva del
adulto o desde la perspectiva del niño. Creo que responder este interrogante puede
ser algo irresponsable de mi parte porque es apenas una hipótesis que debe ser
profundizada con estudios de recepción.
Volviendo al ejemplo de la versión de Caperucita de Perrault, recuerdo que
Bettelheim afirma que los cuentos infantiles deben cerrar de una forma satisfactoria
pues los finales abiertos (y sobre todo este final) dejan una sensación de angustia que
puede perturbar enormemente a un lector infantil. Y profundizando un poco más sobre
ello, seguramente hay lecturas que pueden generar abundante material para esas
pesadillas nocturnas que tanto nos inquietan.
La perturbación, a diferencia de otros aspectos, tiene la propiedad de
conducirnos a precipicios psíquicos, que desestructuran algo en nuestro interior o
nuestra manera de asumir una experiencia o de evaluar el comportamiento humano.
Esta sensación de inestabilidad nos conmociona de tal manera que puede
acompañarnos por mucho tiempo hasta que nuestra mente consigue rearmar las
piezas de esa nueva construcción que se ha instalado en nuestra conciencia. Por eso
pienso que los libros perturbadores son significativos y necesarios para hacernos
crecer, detonan cataclismos que destruyen parte de nuestros esquemas estables y
reorganizan nuestro sistema de creencias. Por otro lado, la experiencia perturbadora
puede ser mejor digerida a través de la ficción que plantean los libros y no como parte
de un encuentro directo con la realidad.
Antes de volver al interrogante que he estado planteando acerca de si
podemos considerar que exista una categoría que justifique la existencia de estos
libros, me gustaría señalar algunos mecanismos que definen formas de la perturbación
en la literatura infantil.
_________________________Imágenes perturbadoras
Uno de los libros más punzantes en la historia de la literatura infantil europea
nace a partir de las ideas de un psiquiatra alemán; se trata del Pedro Melenas, de
Heinrich Hoffmann, publicado en 1845. Este libro, cáustico y mordaz, de textos ágiles y
humorísticos, plantea una serie de castigos ejemplares para los niños desobedientes.
Uno de los aspectos más innovadores de esta propuesta tiene que ver con las
imágenes, pues ya Hoffmann había ensayado con la figura de un personaje
desgreñado y con las uñas inmensamente largas para tratar a sus pacientes que
llegaban en estado de shock a su consultorio.
En el fondo, este libro plantea una tesis bastante interesante, vinculada con el
poder terapéutico de las imágenes en la mente infantil, desde el poder que ellas tienen
para estremecer y aterrorizar.
Me gustaría contarles la historia del Chupadedos, un niño que desatiende la
advertencia de su madre:
“‘¡Conrado!, dice mamá.
‘Salgo un rato, estate acá,
sé bueno, juiciosos y pío
hasta que vuelva, hijo mío,
y no te chupes el dedo
porque entonces —ay qué miedo—
vendrá a buscarte, pillastre,
con las tijeras el sastre,
y te cortará —tris, tras—
los pulgares, ya verás.’
Sale doña Berta y ¡zas!,
¡chupa que te chuparás!
Se abre la puerta y de un salto,
entra a la casa, al asalto,
el terrible sastre aquel
que venía en busca de él.
Con la afilada tijera
le corta los dedos –fuera–
y deja al pobre Conrado
llorando desconsolado.
Cuando vuelve doña Berta
lo encuentra triste, en la puerta,
sin pulgares se quedó,
el sastre se los cortó.”
La imagen de un personaje horripilante que irrumpe en la escena con unas
enormes tijeras y la sangre que corre por los dedos recién cortados, no puede ser
menos que espantosa. A mí, particularmente, jamás se me ocurriría chuparme el dedo
después de haber leído esta historia.
Abundantes imágenes que percibimos como perturbadoras se recargan de esta
fuerza por las referencias intertextuales, por un lado, y por el otro mediante el uso de
lo que Max Ernst denominó la “enajenación sistemática”: imágenes insertadas en un
contexto ajeno hacen surgir la chispa de lo extraño, lo que genera en el mayor de los
casos sensaciones inquietantes. Lo podemos apreciar en la pintura metafísica de
Giorgio di Chirico o en las propuestas surrealistas.
Veamos cómo algunas imágenes enajenadas pueden realmente evocar
sentimientos muy difíciles de traducir, como la tristeza más profunda. Miremos este
cuadro de El árbol rojo3, donde una niña siente el peso de una vida realmente
asfixiante, y cuyo abatimiento se metaforiza en este inmenso pez en descomposición,
de labios mórbidos y ojos lúgubres.
También la perturbación se instala en las composiciones desquiciantes de
Greta la Loca, un libro que mira el mundo desde la perspectiva de una joven delirante
y violenta. Aquí se reproducen escenas de El jardín de las delicias de El Bosco, pintura
que aún hoy en día sigue siendo enormemente perturbadora por la representación del
mal, las torturas infernales y el sadismo.

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Mi foto
Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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