viernes, 18 de julio de 2014

La bruja piruja - Cuentos infantiles - Rimas y retahílas - Con subtítulos

jueves, 17 de julio de 2014

Luis María Pescetti entre cuentos y cuerdas....Julieta y Laura de la comisión B del ISPEI SARA ECCLESTON investigaron y comparten la vida de otro gran escritor argentino…




Luis María Pescetti nació en San Jorge, provincia de Santa Fe. Argentina
Desde chico le gustaba la música y leer. Ahora de grande escribió canciones, fue profesor de música y hace reír a la gente. Viajo por toda la Argentina y también trabajó en radio, televisión y teatros en otros países como Chile, Perú, y Uruguay.
Escribió libros para niños como “El pulpo esta crudo” “El pulpo está crudo contiene doce relatos breves impregnados de imaginación y humor, con diálogos descabellados. Historias disparatadas que divierten hasta provocar la risa”
Ahora te invitamos a leer uno de sus relatos…
EL NARRADOR
-Cierto dí­a iba Caperucita por el bosque de… che ¿cómo se llamaba ese bosque?
-¿Cuál? El de… ¿el bosque de Sherwood?
-No, ése era el de Robin Hood.
-Claro, ¿para qué te contarí­a mentiras, eh? ¿Querés que siga?
-Y, sí­…
-El bosque quedaba en Transilvania…
-Che, no jodas. ¿Transilvania no era donde viví­a el Conde Drácula?
-Vos tenés todo mezclado. No prestás atención a lo que te cuento y se te mezcla todo. Transilvania queda en Estados Unidos… si me vas a cuestionar todo mejor me callo.
-Sí­, mejor.
-… ahora no me callo nada.
-Te callás porque no querés contarme el cuento, porque no lo sabés.
-Claro que lo sé; ahí­ te va, cierta noche, Caperucita estaba cerrando su famoso restaurante…
-¿¡Su famoso restaurante!?
-Sí­, cuando de repente recibió una llamada telefónica…
-… era uno que le avisaba que vos le estabas haciendo bolsa su cuento.
-No, era su mamá, que le pedí­a que pasara de la abuelita a dejarle algo de comer. Le dijo así­, “Blancanieves…”
-¿¡”Blancanieves” le dijo!?
-Sí­, “Caperucita” se llama el cuento, pero a ella le encantaba que le dijeran “Blancanieves”. Entonces el tí­o le dijo así­…
-Che, ¿no era la mamá la que estaba en el teléfono?
-¡Nunca dije que fuera la madre… por favor, prestá atención! Dejáme seguir, le dijo así­, “Blancanieves, cuando cierres tu famoso restaurante llevále algo a tu abuelita que recién me habló y dice que está con un hambre terrible”.
-¿Y por qué la abuelita no la llamó directamente al restaurante?
-Porque se le olvidaba el número.
-¿Y por qué no lo tení­a anotado en un papelito al lado del teléfono?
-Porque el lápiz se lo habí­a prestado a un humilde cazador.
-¿El que aparece al final del cuento?
-Exactamente, que fue el que atendió el teléfono.
-… che ¿No lo habí­a atendido la misma Caperucita?
-¿Quién? ¿Blancanieves?
-Sí­.
-No creo, ella no tení­a teléfono.
-¿¡Y dónde recibió la llamada si no tení­a teléfono!?
-Ahí­ está la gracia, escuchá, entonces el humilde cazador le dijo a la mamá…
-¿Por qué era “humilde cazador”?
-Porque si hubiera sido rico tendrí­a empresas pero no serí­a cazador. Ahora calláte y dejáme contarte el cuento.
-… ¿no tenés otro? No entiendo nada.
-Porque no prestás atención. Entonces el humilde cazador le dijo, “Mire, señora, su hija se fue a un baile a que le probaran un zapatito”.
-¿Ese no es el de Cenicienta?
-No, en el que hay un baile es el de Pinocho.
-En el de Pinocho nunca hubo un baile, porque él no era como los demás niños.
-El que no era como los demás niños era Frankestein.
-¡Pero si él era un monstruo!
-Por eso no era como los demás niños, ¿querés que siga o cambio?
-… y no, seguí­…
-Entonces la abuelita le dijo…
-¿Qué abuelita? ¿No estaba hablando con la mamá?
-¿Ves? No atendés. ¿No te dije que la mamá era sorda?
-¿Sorda?
-Y claro, le habí­an hecho una operación, pero no quedó bien.
-¿En el cuento dice eso?
-Por supuesto, yo nunca te mentirí­a. Sigo. Entonces le dijo, “No importa yo igual la llamo después, no se olvide de darle mi mensaje”. Pero ni bien colgó el cazador ya se habí­a olvidado y ese mismo dí­a la abuelita hubiera muerto de hambre… si no fuera porque pasó un lobo y se la comió. Y colorí­n colorado, este cuento se ha acabado. ¿Te gustó?
-… al medio no lo entendí­, pero estuvo bueno.
-¿Qué parte?
-La de los ladrones que entran a la pizzerí­a.
-Porque no prestás atención. Mañana te cuento otro.
(•“El Narrador” Luis MariaPescetti, Editorial Alfaguara Infantil, colección Serie Morada: El pulpo está crudo, Buenos Aires 1999)

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

http://www.imaginaria.com.ar/01/3/pescetti.htm

martes, 15 de julio de 2014

ALBERTO PEZ... PASIÓN POR DIBUJAR (Flor Rivas comisión B del ISPEI SARA ECCLESTON)

Los dibujantes somos como chicos de 5 años que no crecemos, el juego lo hacemos carne y profesión entonces se puede decir que dibujé toda mi vida”, dice. Casi pisando los 50 años de edad, Luis Alberto “Pez” Quiroga se sumerge todavía imaginariamente en Tecitos de Lágrimas de Dragón y estudia La Vida Secreta de las Pulgas de vez en cuando, creando mundos fantásticos con palabras y con trazos de acuarela. Con nostalgia, eligió vivir en Victoria, cerca de Tigre, para no extrañar tanto la tranquilidad de su San Juan natal. Así se presenta este dibujante...



Hoy vamos a leer un cuento de Alberto Pez. Bueno, él desde chiquito como ustedes, quiso ser dibujante, y dibujó mucho mucho.    En la literatura infantil, dibujó historias de casi todos los escritores de acá de Argentina. También, dibujó muchas historietas e ilustraciones.     Como todos ustedes, tiene un montonazo de perros y le gustan mucho los gatos. Además, como le gustaba adora  enseñar decidió ser maestro. Y escribió libros como "Mimosaurio" y "Tecitos de lágrimas de dragón". Claro que una de las cosas más lindas de esta historia son justamente los dibujos... pero bueno vamos a tratar de imaginarnos...¿se animan?

Tecitos de lágrimas de dragón
AAATCHÍS!! AAATCHÍS!! El abuelo de Manu tenía un resfrío incurable… a menos que tomara un tecito de lágrimas de dragón.
 —Conseguirlas es cosa difícil pero no imposible -le había dicho a Manu la bruja Maizena.
 —Levántese el viernes por la mañana y practique cara de enojado frente al espejo del baño.
 —Báñese, vístase, péinese, tome la leche, salga al patio y señale al cielo con una espada de madera (de cajón de manzana) untada en manteca… recite la fórmula mágica:
SINSALAMINPICADOFINOHABRACABRAS” y espere a que baje el dragón.
—Entonces le apunta a la nariz y lo mira con la cara de enojado que practicó en el baño.
—Después, lo obliga a escuchar una historia muy triste para que llore, y ya está…
—Junta las lágrimas en un balde… y le da tecitos a su abuelo. Eso es todo, deme dos pesos por la consulta.
Maizena era la bruja más respetada del lugar, por lo que Manu pagó gustoso los dos pesitos.
Manu hizo tal como le había dicho Maizena. Hacía un poquito de frío. Nubes gordas como almohadas flotaban en el aire. En las horas siguientes, pasaron volando: un tucán antipático de la India, tres aviones, un golfista pelirrojo de Escocia… y un cartel de propaganda con la modelo más linda del universo. Pero nada de dragones.
Manu ya estaba pensando en buscar a la bruja Maizena para darle otro uso a la espada, cuando de repente apareció.
— ¡Me encanta que me amenacen con esas tonterías! -le dijo a Manu el dragón más feo que jamás haya visto. A ver niñito (rugió con aliento de chimenea), cuénteme esas historias tan tristes que seguramente tiene preparadas, pero le adviento que si empiezan a aburrirme, le voy a tirar una bocanada de fuego tan grande que va a quedar como un pollo a la parilla.

Sin perder tiempo, Manu siguió los consejos de la bruja y empezó a contar las trágicas historias de la familia del gordo Benito, que habían conmocionado a todo el vecindario.
De cuando el gordo Benito le partió la patineta a Tomy.
De cuando el hermano del gordo Benito le aplastó la bicicleta a Nati.
De cuando el padre del gordo Benito le pasó por encima a Gatti.
Y de cuando el abuelo del gordo Benito, vestido de Papá Noel, le rompió las chimeneas a todo el barrio.
El dragón se agarraba la panza y rebotaba de aquí para allá como una pelota de risa.
— ¡Qué historias tan tontas! ¡UHO JUO JOH JOH JOH!
— ¡Qué bruja tan inútil! ¡JAH JUA JARAJAJA!
— ¡Qué niño tan ingenuo! ¡JEH JEH JEREJEJE! -decía y se retorcía de las carcajadas.
El pobre Manu se sintió avergonzado. Nunca antes se habían reído en su cara de esa manera y menos un dragón. Pensaba que todo había salido mal y ya estaba por irse…
Cuando se dio cuenta de que el bicho lloraba por el ataque de risa…
— ¡Lágrimas! Maravilloso. ¿Serán iguales a las lágrimas de pena?
— ¿Y si en lugar de curarse del resfrío el abuelo se convierte en hombre lobo? ¿Y encima de los estornudos hay que aguantarlo aullando los viernes de luna llena?
Sin embargo, no había tiempo para dudas. Manu tomó una decisión.
Rápidamente llenó el balde y corrió de vuelta a su casa, donde lo esperaba el abuelo entre ATCHIS Y ATCHUS.
El resultado fue excelente. Veinte tecitos de lágrimas de dragón y la alegría de saber que Manu había hecho todo lo posible por sanarlo sirvieron para curarse del resfrío.
Y volvió el abuelo por las noches a contar historias de piratas y aventuras de guerreros del espacio y cuentos de ogros come niños. Y a preparar el chocolate por la mañana. Y por la tarde a jugar ajedrez en la plaza.
Ahora está muy bien, pero con un solo problemita; cuando bosteza tira fuego por la boca. Y llena todo con olor a bigote quemado.

Con ustedes: Javier Villafañe, titiritero de alma por Camila y Yanina Sánchez (Comisión B del ISPEI SARA ECCLESTON)

Javier Villafañe nació en Buenos Aires,  fue un titiritero argentino, su primera obra la dio en su carreta, tirada por caballos. Escribió  libros y más libros..pero . como quería mucho a sus muñecos escribió muchas historias para darles vida... Inventó personajes  y era muy amigo de un famoso maestro argentino llamado Luis Iglesias, a quien visitaba seguido con su  carromato "La andariega" y llevaba los títeres porque sabía que los chicos la pasaban muy bien...
Por problemas que había en el país tuvo que irse un tiempo, pero regresó unos años mas tarde. Villafañe también era poeta y narrador, recibió infinidad de premios por esto.
Falleció cuando tenía 86 años en Buenos Aires.


¿Compartimos un cuento?

 La vuelta al mundo

Una vez un chico que se llamaba Santiago salió de su casa en un triciclo para dar la vuelta alrededor del mundo.
Iba pedaleando por la vereda y en el camino se encontró con un perro y un gato y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Voy a dar la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los dos?
–Sí, vengan.
Y el perro y el gato se pusieron detrás del triciclo.

Santiago siguió pedaleando y se encontró con un gallo, un conejo y un caracol y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los tres?
–Sí, vengan.
Y el gallo, el conejo y el caracol se pusieron detrás del perro y el gato que iban detrás del triciclo.

Santiago pedaleaba y el triciclo iba a toda velocidad. En el camino se encontró con una hormiga, una vaca, un grillo y una paloma y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los cuatro?
–Sí, vengan.
Y la hormiga, la vaca, el grillo y la paloma se pusieron detrás del gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del perro y el gato.

Santiago pedaleaba y el triciclo iba a toda velocidad. En una curva se encontró con un camello, una tortuga, un caballo, un elefante y un pingüino y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los cinco?
–Sí, vengan.
Y el camello, la tortuga, el caballo, el elefante y el pingüino se pusieron detrás de la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del perro y el gato.

Santiago siguió pedaleando y de pronto frenó el triciclo. Se detuvo para ver un charco que había hecho la lluvia y dijo:
–Es un río que está buscando barcos.
Y el perro, el gato, el gallo, el conejo, el caracol, la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el camello, la tortuga, el caballo, el elefante y el pingüino se detuvieron y miraron el río que había hecho la lluvia.

Santiago puso el triciclo en marcha y se encontró con una jirafa, un loro, un cordero, un león, un mono y una cigüeña y le preguntaron:
–¿A dónde vas, Santiago?
Y Santiago respondió:
–Estoy dando la vuelta alrededor del mundo.
–¿Podemos ir los seis?
–Sí, vengan.
Y la jirafa, el loro, el cordero, el león, el mono y la cigüeña se pusieron detrás del camello, la tortuga, el caballo, el elefante, el pingüino, la hormiga, la vaca, el grillo, la paloma, el gallo, el conejo y el caracol que iban detrás del perro y el gato.

Santiago siguió pedaleando y frenó el triciclo para ver un molino. Todos miraron el molino.
–Está quieto –dijo el caballo–. No mueve las aspas.
–No mueve las aspas porque no hay viento –dijo el gallo.
–Es inútil –se lamentó la hormiga–. Por más que me ponga en puntas de pie jamás podré ver un molino. Está muy alto.
Y la jirafa le dijo a la hormiga:
–Lo verás subiéndote sobre mi cabeza.

La jirafa inclinó el cuello y apoyó la cabeza a un lado del triciclo: la hormiga avanzó unos pasos y subió por la frente de la jirafa. Entonces la jirafa levantó el cuello y desde lo alto exclamó la hormiga:
–¡Qué hermoso es un molino! Nunca había visto un molino.
La jirafa encogió el cuello, bajó la cabeza a ras del suelo y la hormiga volvió a pisar la tierra. Y cuando la hormiga se puso en fila, detrás de la vaca, Santiago siguió pedaleando y al llegar a la puerta de su casa frenó el triciclo y dijo:
–Hemos dado la vuelta alrededor del mundo.
Y allí se despidieron. Unos se fueron caminando; otros, volando.
Santiago entró en su casa. Había dado la vuelta alrededor de la manzana.


FIN



Silvia Schujer por Grecia y Verónica (Comisión B del ISPEI SARA ECCLESTON )

Ella es una escritora Argentina  especialista en Literatura Infantil.
Nació en la Provincia de Buenos Aires, en Olivos  el 28 de diciembre de 1956  vivió toda su infancia ahí. Desde los 16 años, cuando se mudó a Capital, no se fue más. Paso por todos los barrios porteños porque se mudó muchas pero muchas veces.... 
La decisión de que escribiera no estaba en precisamente en sus planes, sino que empezó a escribir porque quería conquistar a su hermano, que era el "verdadero"  escritor de la familia. Pero se fue dando cuenta de que era la manera en que mejor podía expresar lo que le pasaba, lo que tenía que decir.
Y siguió por ese lado... escribe que te escribe...
 Tuvo un hijo muy joven, y como no sabía hacer ni un huevo frito y quería calmar su apetito, solía cantarle canciones que ella le inventaba. Le Salía mucho mejor que la comida. Se puso a estudiar Letras, también; un taller literario durante dos años, que fue muy importante para ella porque aprendió mucho.
Empezó a trabajar en un diario llamado La Voz, a partir de ahí encontró en la literatura infantil, un lugar, un espacio, una abanico gigantesco. Se dio cuenta de que si escribía  podía salir de la realidad e ir hacia un  mundo fantástico y luego volver al mundo real. Y allí terminó encontrando su lugar. Y desde entonces escribe, escribe, escribe…
Con más de sesenta  libros, entre los más importantes nombramos las siguientes:
Cuentos:
·         Cuentos y chinventos: Un abrigo para el sol; Anacleta mofleta (chisvento); países, ciudades, pueblitos y habitantes; El malvado emperador; Palabruja (chisvento); la lana y la luna (chisvento)
·         Márilin nunca aprendió a nadar
·         Brujas mellizas
·         La abuela electrónica
·         El monumento encantado
·         El tren más largo del mundo
·         Preciosaurio
·         Las visitas
·         Mucho perro
·         El astronauta del barrio
·         La mesa, el burro y el bastón
Poesías:
·         Abracadabra
·         Palabras para regalar
·         Contame un cuento
·         Pájaros en la cabeza

¿Qué les parece si compartimos dos de sus historias?


Mi abuela funciona a pilas. O con electricidad, depende. Depende de la energía que necesite para lo que haya que hacer.

Si la tarea es cuidarme cuando mis padres salen de noche, la dejan enchufada. La sientan sobre la mecedora que está al lado de mi cama y le empalman un cable que llega hasta el teléfono por cualquier emergencia.

Si en cambio va a prepararme una torta o hacerme la leche cuando vuelvo del colegio, le colocamos las pilas para que se mueva
con toda libertad.

Mi abuela es igual a las otras. En serio. Sólo que está hecha con alta tecnología. Sin ir más lejos, tiene doble casetera y eso es bárbaro porque se le pueden pedir dos cosas al mismo tiempo. Y ella responde.

Mi abuela es mía.

Me la trajeron a casa apenas salió a la venta. Mis padres la pagaron con tarjeta de crédito a la mañana, y a la tarde ya estaba con nosotros.

Es que mi familia es muy moderna. Modernísima. A tal punto mi mamá y mi papá están preocupados por andar a la moda que no guardan ni el más mínimo recuerdo. De un día para otro tiran lo que pasó a la basura.

A lo mejor es por eso, ahora que lo pienso, que tengo tan mala memoria y no puedo acordarme entera ni siquiera la tabla del dos.

Desde que la abuela está en casa, sin embargo, las cosas en la escuela no me van tan mal.

Para empezar, ella tiene un dispositivo automático que todas las tardes se pone en marcha a la hora de hacer los deberes. Es así: se le prende una luz y se acciona una palanca. Abandona automáticamente lo que está haciendo y sus radares apuntan hacia donde estoy. Entonces me levanta por la cintura y me sienta junto a ella frente al escritorio. Ahí empezamos a resolver las cuentas y los problemas de regla de tres. O a calcar un mapa con tinta china negra.

Aunque nadie se lo pida, mi abuela lleva un registro exacto de mis útiles escolares. Por otro lado, le aprieto un botón de la espalda y el agujero de su nariz se convierte en sacapuntas. Le muevo un poco la oreja y las yemas de los dedos se vuelven gomas de tinta y lápiz.

Tener una abuela como la mía me encanta. Sobre todo cuando está enchufada, porque así puede gastar toda la energía que se le dé la gana y no cuesta demasiado mantenerla, como dice mi papá, que además de moderno es un tacaño y sufre como un perro cada vez que a mi abuela hay que cambiarle las pilas.

Casi todas las noches yo la enchufo un rato antes de irme a dormir. Así me cuenta un cuento. O lo hace aparecer en su pantalla para que yo lea mientras ella me acaricia la cabeza.

Sabe millones. Basta colocarle el disquete correspondiente (porque también viene con disquetera) y en cuestión de segundos empieza con alguna historia. Como es completamente automática, se apaga sola cuando me duermo.

Cuando mi abuela me cuenta un cuento o me canta algunas canciones, yo me olvido de que es electrónica.

Más que nunca parece una persona común y silvestre. Y es que además tiene una tecla de memoria que le permite escucharme. Yo puedo contarle cosas y, oprimiendo esa tecla, ella archiva toda la información: al final sabe de mí más que ninguno.

Me gusta tener a mi abuela. Aunque salir a pasear con ella me traiga algunos inconvenientes: los que no son tan modernos como mi familia nos miran mucho en la calle. Y se ríen.

O quieren tocarla para ver de qué material es.

Ven algo raro en sus movimientos... o en su cara, no sé.

Creo que las luces que tiene en los ojos no son cosa fácil de disimular.

A mí me encanta tener esta abuela.

Hace unos días, sin embargo, mi mamá dijo que quería cambiarla por un modelo más nuevo. Dice que salieron unas más chicas, menos aparatosas, con más funciones y a control remoto.

La idea no me gusta para nada. Porque, aunque es cierto que estoy bastante acostumbrado a los cambios, con esta abuela me siento muy bien.

Las habrá mejor equipadas, ya sé. Pero yo quiero a la abuela que tengo. Y es que, aparte, cada vez me convenzo más de que ella también está acostumbrada a mí.

A decir verdad, desde que en casa están pensando en cambiar a la abuela, yo estoy tramando un plan para retenerla.

Sí.

De a poquito la estoy entrenando para que pueda vivir por sus propios medios. Para que no deje que la compren y la vendan como si fuera una cosa, un mueble usado.

Los otros días le desconecté la luz de los ojos y ahora le estoy enseñando a ver. Vamos bien.

También le estoy enseñando a ser cariñosa sin el disquete.

Ésa es la parte que me resulta más fácil; a lo mejor porque me quiere, aunque ella todavía no lo sepa.

Pienso seguir trabajando.

Mi objetivo es que aprenda a llorar. A llorar como loca. Y lo más pronto posible, así el día que se la quieran llevar como parte de pago para traer una nueva, el escándalo lo armamos
juntos...



DOS AMIGAS FAMOSAS
¿Que si habían sido amigas antes? Para nada! No se podían ni ver. Se la pasaban peleando de un cuento a otro como perro y gato1. Desde que las habían puesto en el mismo libro, Caperucita y Cenicienta no hacían más que insultarse, sacarse la lengua espiarse con maldad2.
-Sos una tonta! Solía decirle la Cenicienta y repetía que solo a una tonta se la comen los lobos.3
-Y vos una fregona! Le contestaba Caperucita enojadísima.4
Y como en estos casos, en los demás tampoco perdían oportunidad de hacerse rabiar hasta las lágrimas. Cada vez que Caperucita Roja llegaba a la parte del cuento en que debía juntar flores del bosque para su abuelita, Cenicienta le pateaba la canasta y salía corriendo. Y cada vez que podía Caperucita ensuciaba las páginas del cuento de Cenicienta para que su horrible madrastra la hiciera limpiar más y más.5
¿Todo por qué? Quién sabe, nadie en aquel libro lo entendía.
Una vez tirándose de los pelos rodaron hasta el prólogo y de la fuerza con que cayeron arrancaron las tres primeras páginas. Tal fue el bochinche, que entre dimes y diretes, flautas y pitos, por fin se decidió echarlas.
-Fueraaa! Fueraa! Fueraa! Fueraa! Gritaron a coro los siete enanos de Blanca Nieves.6
Y como Cenicienta y Caperucita, no se movieron fue el propio Gato con Botas7 quien las puso de patitas en la calle, de patitas en los estantes para ser más exactos. Porque el libro del que las habían echado estaba en un estante de una librería.
Cada una por su lado se aferraron a un tablón como pudieron y empezaron a bajar con rumbo al piso.
-Mamita querida! Susurro una de ellas.
No conocían la vida fuera del libro así que en realidad estaban mas asustadas que cocodrilo en el dentista8. Por otra parte recién cuando tocaron el suelo se dieron cuenta de los chiquititas que eran en relación a la personas, apenas si llegaban al tobillo de los chicos. Y esto que al principio pareció maravilloso para que no las descubrieran, no tardó en convertirse en flor de problema. Eran tan pero tan chiquitas que la gente al caminar estaba siempre a punto de pisarlas sin querer.
Habrá sido del susto, que sin darse cuenta, se fueron acercando una a la otra hasta darse la mano. Un poco más seguras entonces frente al peligro, salieron a la calle y lograron por fin dar un paseo. Entre zapato y zapatilla disfrutaron de la tarde como nunca, como amigas mejor dicho. Hasta que una hormiga distraída que pasaba las confundió con otras hormigas y se acercó para hablarles. Al ver a ese enorme bicho negro, fue tal el horror de Caperucita y Cenicienta que huyeron despavoridas. Corrieron y corrieron desesperadas y entre saltos y caídas, piernas y zapatos, llegaron a la librería, y sin saber en cual, se metieron en el primer libro que encontraron. Era uno para grandes, de esos que están llenos de letras y no tienen un dibujo ni por casualidad. Se escondieron detrás de una palabra, y allí se quedaron arrinconadas, quién sabe cuánto tiempo. Es ahí donde yo las descubrí una tarde mientras leía un libro recién comprado. Estaban juntas, apretaditas, entre dos palabras dificilísimas.
  - Qué hacen en esta novela? - les pregunté. Y entonces ellas me lo contaron todo, con lujo de detalles. Y que se habían hecho tan amigas en esos días, que no querían volver más hasta sus cuentos.
   -“Ahá” - Pensé, Y ahí nomás decidí escribir esta historia. Papel y lapicera en mano, un cuento nuevo donde Caperucita y Cenicienta no se tendrán ya que separar.





lunes, 14 de julio de 2014

GUSTAVO ROLDÁN: Presente!!!!! por Carolina y Lucía de la comisión B del ISPEI SARA ECCLESTON

Gustavo Roldán: Biografía
Gustavo Roldán fue un hombre grande que una vez fue chico, y como todo chico, se la pasaba jugando. Vivía en el monte de Chaco y le encantaba escuchar historias. Cuando creció un poco, se mudó al pueblo para poder ir a la escuela. Ahí conoció la librería de Molina y descubrió los libros. Su papá, que lo quería mucho, le regaló una biblioteca para que guardara todos los que más le gustarán. Y así lo hizo. Cuando creció un poco más todavía, se mudó a Córdoba porque, como se dio cuenta de que los libros eran lo que más le gustaba, decidió estudiar literatura en la Universidad. Y leyó un montón y escribió otro montón más de historias, muchas sobre los animales que había conocido de chico en el monte. Ahora que el viento ya "sopló y sopló y se comenzó a llevarse las penas de su perdida", todavía tenemos muchas historias hermosas de él para leer y compartir.

El vuelo del Sapo.

–Lo que más me gusta es volar –dijo el sapo.

Los pájaros dejaron de cantar.

Las mariposas plegaron las alas y se quedaron pegadas a las flores.

El yacaré abrió la boca como para tragar toda el agua del río.

El coatí se quedó con una pata en el aire, a medio dar un paso. El piojo, la pulga y el bicho colorado, arriba de la cabeza del ñandú, se miraron sin decir nada. Pero abriendo muy grandes los ojos.

El yaguareté, que estaba a punto de rugir con el rugido negro, ese que hace que deje de llover, se lo tragó y apenas fue un suspiro.

El sapo dio dos saltos para el lado del río, mirando hacia donde iba bajando el sol, y dijo:
–Y ahora mismo me voy a dar el gusto.

–¿Está por volar? –preguntó el piojo.

–Los gustos hay que dárselos en vida, amigo piojo. Y hacía mucho que no tenía tantas ganas de volar.

Un pichón de pájaro carpintero se asomó desde un hueco del jacarandá:
–Don sapo, ¿es lindo volar? Yo estoy esperando que me crezcan las plumas y tengo unas ganas que no doy más. ¿Usted me podría enseñar?

–Va a ser un gusto para mí. Y mejor si lo hacemos juntos con tu papá, que es el mejor volador.

–Sí, mi papá vuela muy lindo. Me gusta verlo volar. Y picotear los troncos. Cuando sea grande quiero volar como él, y como usted, don sapo.

El piojo miraba y comenzaba a entender.
El yacaré seguía con la boca abierta.
El tordo y la calandria se miraron y decidieron que era hora de intervenir.

–Don sapo –dijo el tordo–, ¿se acuerda de cuando jugamos a quién vuela más alto?

–Ustedes me ganaron –dijo la calandria– porque me distraje cantando una hermosa canción, pero otro día podemos jugar de nuevo.

–Cuando quiera –dijo el sapo–, jugando todos estamos contentos, y no importa quién gane. Lo importante es volar.

–Yo también –se oyó una voz que venía llegando–, yo también quiero volar con ustedes.

–Amigo tatú –saludó el sapo–, qué buena idea.

–Pero no se olvide de que no me gusta volar de noche. Usted sabe que no veo bien en la oscuridad.

–Le prometo que jamás volaremos de noche –dijo el sapo.

La pata del coatí ya parecía tocar un tambor del ruido que hacía subiendo y bajando.

El yacaré cerró los ojos pero siguió con la boca abierta.

Los ojos de la pulga y el bicho colorado eran como una cueva de soledad. Cada vez entendían menos.

El sapo sonrió aliviado.

El tordo y la calandria le habían dado los mejores argumentos de la historia, y ahora el tatú le traía la solución final, ya que el sol se acercaba a la punta del río.

–¿Se acuerda, amigo sapo –siguió el tatú–, cuando volábamos para provocarlo al puma y después escapar?

–¿Así fue? Yo había pensado que el puma era el que escapaba.

–No exageremos, van a pensar que somos unos mentirosos.

–¡Y qué otra cosa se puede pensar! –dijo la lechuza, que había estado escuchando todo.

–Gracias –dijo el sapo en voz baja, como para que lo escucharan solamente sus patas.
Eso era lo que estaba esperando. Alguien con quien discutir y hacer pasar el tiempo.

–En todo el monte chaqueño no hay mentirosos más grandes –siguió la lechuza–. Y ustedes, bichos ignorantes, no les sigan el juego a estos dos.

–¿Cuándo dije una mentira? –preguntó el sapo.

–¿Quiere que hable? ¿Quiere que le diga?

–Hable nomás –dijo el sapo, contento porque la lechuza lo estaba ayudando a salir del aprieto.

–Mintió cuando dijo que los sapos hicieron el arco iris. Mintió cuando dijo que hicieron los mares y las montañas. Cuando dijo que la tierra era plana. Cuando dijo que los puntos cardinales eran siete. Cuando dijo que era domador de tigres. ¿Quiere más? ¿No le alcanza con esto?

El sapo escuchaba atentamente y pensaba para qué lado convendría llevar la discusión.

–Me sorprende su buena memoria, doña lechuza. Ni yo me acordaba de esas historias.

–Y yo me acuerdo de otra historia, don sapo, esa de cuando usted inventó el lazo atando un montón de víboras –dijo el piojo.

–Otra mentira más grande todavía –rezongó la lechuza–, miren si un sapo va a vencer a un montón de víboras.

Los ojitos del piojo brillaron de picardía.

–Pero yo lo vi. Era una tarde en que el sol quemaba la tierra y las lagartijas caminaban en puntas de pie. Yo vi todo desde la cabeza del ñandú, ahí arriba, de donde se ve más lejos.

–Piojito, sos tan mentiroso como el sapo y nadie te va a creer. Es mejor que se vayan de este monte ya mismo. Y que no vuelvan nunca más.

–Ahora que me acuerdo, yo sé un poema que aprendí dando la vuelta al mundo –dijo el bicho colorado–. Dice así:

De los bichos que vuelan
Me gusta el sapo
porque es alto y bajito
gordito y flaco

–¡Qué hermoso poema! –dijo el pichón de pájaro carpintero–.
Cuando sea grande yo quiero hacer poemas tan hermoso como ése.

–Doña Lechuza –dijo la pulga–, estas acusaciones son muy graves y tenemos que darles una solución.

–Hay que decidir si el sapo es un mentiroso o un buen contador de cuentos –propuso el yacaré.

–Eso es muy fácil –opinó el coatí–, los que crean que el sapo es mentiroso digan sí. Los que crean que no es mentiroso digan
no. Y listo.

–Y si se decide que es un mentiroso se tiene que ir de este monte –dijo la lechuza.

–Claro –opinó la pulga–. Si es un mentiroso se tiene que ir.

–Aquí no queremos mentirosos –dijo el yacaré.

–Yo mismo me encargaré de echar al que diga mentiras. O lo trago de un solo bocado –dijo el yaguareté.

–Eso sí que no –protestó el yacaré–. Tragarlo de un solo bocado es trabajo mío.

–Dejen que le clave los colmillos –dijo el puma, que recién llegaba–.
Odio a los mentirosos.

–Bueno –dijo la lechuza–, los que opinen que el sapo es un mentiroso, ya mismo digan "sí".

En el monte se hizo un silencio como para oír el suspiro de una mariposa.

Después se oyó un SÍ, fuerte, claro, terminante y arrasador. Un SÍ como para hacer temblar a todos los árboles del monte.

Pero uno solo.

La lechuza giro la cabeza para aquí y para allá. Pero el SÍ terminante y arrasador seguía siendo uno solo. El de ella.

Y entonces oyó un NO del yacaré, del piojo, de la pulga, del puma, de todos los pájaros, del yaguareté y de mil animales más.

El NO se oyó como un rugido, como una música, como un viento, como el perfume de las flores y el temblor de las alas de las mariposas.

Era un NO salvaje que hacía mover las hojas de los árboles y formaba olas enloquecidas en el río.

La cabeza de la lechuza seguía girando para un lado y para el otro. Había creído que esta vez iba a ganarle al sapo, y de golpe todos sus planes se escapaban como un palito por el río. Pero rápidamente se dio cuenta de que todavía tenía una oportunidad. Y no había que desperdiciarla. Ahora sí que lo tenía agarrado: el sapo había dicho que iba a volar.

Mientras tanto, todos los animales festejaban el triunfo del sapo a los gritos. Tanto gritaron que apenas se oyó el chasquido que hizo el sol cuando se zambulló en la punta del río. Pero el tatú, que estaba atento, dijo:

–¡Qué mala suerte! ¡Qué mala suerte! Se nos hizo de noche y ahora no podremos volar.

–Yo tampoco quiero volar de noche –dijo el tordo–. A los tordos no nos gusta volar en la oscuridad.

–Los cardenales tampoco volamos de noche –dijo el cardenal.

–De noche solamente vuelan las lechuzas y los murciélagos –dijeron los pájaros.

–Será otro día, don sapo –cantó la calandria–. Lo siento mucho, pero no fue culpa nuestra. Esa lechuza nos hizo perder tiempo con sus tonteras. ¿Usted no se ofende?

El sapo miró a la lechuza, que seguía girando la cabeza para un lado y para el otro, sin saber qué decir. Después miró a la calandria, y dijo:

–Siempre hay bichos que atraen la mala suerte. Pero no importa, ya que no podemos volar, ¿qué les parece si les cuento la historia de cuando viajé hasta donde cae el sol y se apaga en el río?

El vuelo del sapo” de Gustavo Roldán. En El vuelo del sapo. Alfaguara juvenil. 2005. ©Gustavo Roldán

Ilustraciones: ©Mónica Pironio

Colección: “Las Abuelas nos cuentan”. Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Unidad de Programas Especiales. Campaña Nacional de Lectura. República Argentina 2007



Triste historia de amor con final feliz.

Las aguas del Bermejo corrían alborotadas después de la lluvia, de las hojas colgaban infinitos espejos de luz brillando bajo el sol y el monte florecía de colores y bailaba con el canto de los pájaros.

¡Qué lo tiró! -dijo el piojo-. ¡Esto es tan lindo que me da un no sé qué!, -y depuro nervioso lo picó tres veces al ñandú.

-¡Eh, don piojo, no se entusiasme tanto! -gritó el ñandú sacudiendo la cabeza.

-¡No se achique compañero! -dijo el piojo saltando de contento. Éste es un día para no desperdiciar. ¿No ve que anda contenta hasta doña vizcacha?

-¿Doña vizcacha contenta? ¡No lo puedo creer!

No hay más que mirarle la cara.

-¿No estará enferma? -dijo preocupado el quirquincho-. A ver si tiene algo grave.

-¿Grave? -dijo el sapo-. Grave fue lo que le pasó al abuelo del oso hormiguero cuando eramozo. Y me acuerdo porque estos días tan lindos a veces son peligrosos.

-¿Qué le pasó, don sapo?

-La culpa fue de un día como éste. Todos contentos, y al oso hormiguero se le dio por enamorarse. Ahí andaba la parejita jurándose amor eterno y todas esas cosas que se dicen en esos momentos.

-Bueno, -dijo la paloma-, andar enamorado no es nada malo…

-Hasta ahí estamos de acuerdo, y no va a ser este sapo el que hable mal del amor, pero aquí la historia es diferente. Resulta que se enamoró de la hormiga, y ustedes saben que el oso hormiguero no tiene ese nombre porque sí nomás. Y desde ese día no pudo comer hormigas, que es lo que come un buen oso hormiguero.

-¿Y qué hizo?, porque eso es bastante grave.

Probó vainas de algarrobo, frutitas de tala y mistol, un poco de puiquillín y chañar. Pero nada. Iba enflaqueciendo que era una tristeza. Al final estaba puro cuero y huesos. Con decirle que lo quisieron contratar de la universidad para estudiar el esqueleto. Le ofrecían un buen sueldo y todo.

-¿Y no aceptó?

-¡Qué iba a aceptar! ¡Si lo único que quería era estar con su hormiguita! ¡Mire que yo conozco historias de amores grandes, pero como éste, ninguna!

-Me tiene sobre ascuas, don sapo -dijo la pulga emocionada-. ¡Me enloquecen las historias de amor!

-¡A mí también -dijo la paloma-, siga, siga, don sapo, que estoy muerta de curiosidad! ¿Las cosas andaban bien entre ellos?

-Y bueno, bien o mal, según como se mire. Porque al final el oso hormiguero ya no tenía fuerzas ni para decirle un “te quiero” a la hormiguita.

-¡Ay! ¡Ya me imagino! -dijo la paloma-, ¡seguro que se cruzó una desgracia!

-Y… sí, o no… Según como se mire…

-Don sapo, usted no está hablando muy claro -dijo el piojo-. ¿Se cruzó o no se cruzó una desgracia?

-Y, sí o no… Según como se mire.

En realidad, lo que se cruzó fue un hormigo. Un hormigo simpático, buen mozo, que tambiénse enamoró de la hormiguita.

-¡No me diga que la hormiguita se fue con el hormigo! -dijo la paloma.

-Si no quiere no se lo digo. Pero eso fue lo que le pasó. Ni más ni menos.

-¡Ay, qué triste historia! -dijo la pulga.

-Y, sí o no -dijo el sapo-, según como se mire. El oso hormiguero primero se puso muy triste, después más triste todavía, pero al final justo apareció por ahí una osa hormiguera que lo cuidó, se preocupó por hacerlo sentir bien…y ya se imaginarán cómo terminó el cuento.

-¡Ay, qué suerte! -dijo la pulga-. ¡Me vuelve el alma al cuerpo! ¡Este final sí que me pone contenta!

-A mí también -dijo el piojo- y saltando de alegría lo picó tres veces al ñandú.

Mientras los bichos volvían a corretear de un lado para el otro, aprovechando el día tan especial, el sapo se zambulló en el río. Algunos juran que lo oyeron decir: “Já, si sabrá este sapo de historias de amor”. Eso dicen algunos, pero otros aseguran que dijo “Me parece que yo también voy aprovechar este día tan especial”, mientras nadaba hacia una sapita que estaba arriba de un tronco.

En: “Cada cual se divierte como puede”, de Gustavo Roldan, ilust. por Claudia Degliuomini. Edit. Alfaguara Infantil. Colección: Serie Morada.
Bibliografía:


domingo, 13 de julio de 2014

QUÉ COSAS DEBO TENER EN CUENTA PARA SER UNA BUENA DOCENTE DE NIVEL MATERNAL por Estela Quiroga


“NUNCA ES DEMASIADO TEMPRANO PARA COMPARTIR UN LIBRO CON LOS NIÑOS. SI ESPERAMOS A QUE SEPAN LEER PARA LEERLES, ES LO MISMO QUE SI ESPERAMOS A QUE SEPAN HABLAR PARA HABLARLES”
                                   Penélope Leach
                                                                                                  
En el jardín maternal, el niño está necesitando de los cuidados envolventes. Por eso debe estar envuelto con la voz y con el cuerpo del adulto referente, con la mirada, la escucha y el respeto. Estar comprometido con ese niño permitirá acompañar adecuadamente la construcción de su subjetividad.
                                                                                             María Emilia López

Los niños pequeños aprenden el mundo a través de la imágenes, ya que, como plantea Marion Durand (en T. Durán. Leer antes de leer España: Anaya, 2002), hay tres funciones importantísimas que los niños pueden desarrollar a través de la "lectura de imágenes" que los libros les entregan:
  • Reconocer: Cuando el niño se encuentra ante una imagen (ya sea una foto o una ilustración de un libro), los padres pueden observar cuando el niño establece una relación de significado con esa imagen, cuando reconoce o se siente cómodo con la imagen. Es en este momento en que el niño ha relacionado el nombre con una imagen en particular; y este es un primer gran paso.
  • Identificarse: Durante la lectura, los niños se ven reflejados en una imagen. Por ejemplo, cuando al final del libro Besos de animales, de Barney Saltzberg, los animales abrazan y besan al niño del cuento, los pequeños que escuchan esta historia podrán sonreír ante un final lleno de ternura o, incluso, imitarán a los animales y abrazarán a quien le lee el cuento. Es en este acto que los niños se reconocen en la imagen porque ven que pueden hacer lo mismo.
  • Imaginar: Es este quizás el momento más significativo para el niño y sus padres, pues se ha dado un paso más allá. Es aquí cuando el niño se relaciona con la imagen y se apropia del conocimiento adquirido. Podrá suceder, por ejemplo, en la lectura de El Viaje en tren, de June Crebbin, que el niño comience a decir chu-chu, cada vez que aparece la imagen del tren e imagine la acción que este hace: un viaje por los rieles arrojando humo por la chimenea… ¡El bebé ha aprendido todo un mundo!
¿Qué libros son más adecuados para los niños pequeños?
Los libros más apropiados para los bebés son aquellos que contienen ilustraciones y fotografías de elementos simples (animales, juguetes, niños, etc.) para que los bebés puedan identificar, reconocerse en ellas e imaginar más allá. En otros palabras, imágenes que entreguen un contenido y significado para que los niños amplíen su conocimiento del mundo que los rodea.

Los libros sin palabras
Existen libros que no tienen texto y que funcionan muy bien con los niños pequeños, ya que la lectura será a través de las imágenes y las historias que un padre amoroso pueda crear e inventar a partir de ellas. Un libro sin palabras es una invitación a compartir e imaginar nuevos mundos. El libro Buenas nochesde Jan Ormerod, es un buen ejemplo de lo anterior: las ilustraciones recrean, con ausencia total de texto, la rutina que una niña y su familia tienen al momento de irse a la cama… más alguna sorpresa que llevará a los niños a identificar momentos claves de su propia vida, reconocer la rutina de la noche, e imaginar, junto a sus padres, la historia que sucede en ese libro.


RECORDEMOS
En el JARDÍN MATERNAL  lo más importante es SOSTENER desde el afecto, la palabra, la mirada…los bebés necesitan del APEGO si tienen esto lograrán todo lo demás…
Debemos saber diseñar y planificar de manera adecuada, (léase: FLEXIBLE) ya que en el Jardín Maternal se enseña desde el sostén y la estimulación. NO SE TRATA DE UNA GUARDERÍA.
 Resulta fundamental la continuidad y permanencia de los docentes porque a los más pequeños les cuesta mucho adaptarse a los cambios.
El entorno físico debe ser seguro, es nuestro deber vigilar que así sea.
Toda experiencia es enriquecedora, pero cuidado, no debemos sobre estimular a los niños.
La rutina otorga seguridad a los niños.
El docente debe disfrutar de lo que hace, esto le permitirá trasmitir que enseñar y aprender son actividades placenteras.
Recordemos que los niños captan (desde muy pequeños) los tonos y los gestos, NUNCA  olvidemos el afecto y la calidez, se enseña en todo momento…
Cada niño tiene su ritmo, el cuidado debe ser absolutamente individualizado.





PARA RENDIR EL FINAL DE PRÁCTICAS DEL LENGUAJE 1


TEMAS FUNDAMENTALES


Unidad I. LENGUAJE E INTERACCIÓN

Reflexión sobre el lenguaje y la comunicación. Sensibilización a partir de la propia adquisición del lenguaje.
Estudios sobre el lenguaje. .El desarrollo de la Lingüística. Saussure y el concepto de sistema. El funcionalismo.. Los aportes de Chomsky. Lenguaje y sociedad. La teoría de la enunciación .La pragmática. El análisis del discurso.
El paradigma del interaccionismo. Comunicación. Lenguaje e interacción.
BIBLIOGRAFIA
 Apuntes de Cátedra: Lenguaje y pensamiento  (www.estelajquiroga.blogspot.com)
Diseño Curricular para la Educación Inicial. Marco General. Niños de 45 días a 2 años. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
Picard, D y Marc,E. La interacción social Paidós, Buenos Aires, 1992
Pulcinelli Orlando, Eni: ¿Qué es la lingüística? Sao Paulo 1986.

Unidad II ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE
Emisiones prelinguisticas. El balbuceo. Las palabras frases y las frases. . Gramáticas infantiles : palabra pivote y palabras abiertas.. Factores personales y grupales. El rol de los otros en la adquisición del lenguaje
La intervención docente. El maestro como modelo de hablante,
Las situaciones didácticas de oralidad en el nivel inicial
BIBLIOGRAFIA
Pelizzari, Graciela: Etapas del proceso de la adquisición de la lengua materna. Tipificadas didácticamente.
Palabras desde la cuna: La lengua materna y la literatura infantil . Editorial Nazhira (Se puede consultar en la biblioteca del ISPEI )
Vila Ignasi: Adquisición del lenguaje. En Desarrollo psicológico y Educación. Alianza. Madrid 1994.

Unidad III. LA LITERATURA EN EL JARDÍN MATERNAL

La literatura infantil. Las nanas: la literatura desde la cuna.
Lectura de la conferencia de Federico García Lorca. Sobre la importancia de las Nanas.
La poesía. Los primeros libros. Bibliotecas para bebés Características formales. Dinámicas de interacción. Los primeros relatos y cuentos.. Criterios de selección.
Títeres en el Jardín Maternal
BIBLIOGRAFÍA
Apuntes de cátedra
Palabras desde la cuna: La lengua materna y la literatura infantil . Editorial Nazhira (Se puede consultar en la biblioteca del ISPEI )

SE RECOMIENDA MUY ESPECIALMENTE TENER EN CUENTA EL MATERIAL DEL BLOG www.estelajquiroga.blogspot.com  que pueda hallar bajo las siguientes etiquetas: PRÁCTICAS DEL LENGUAJE 1  y pr{acticas del lenguaje1  con fecha de marzo a julio de 2014. En general están ilustradas con fotos de niños de 45 a 2 años de edad.
Es fundamental que LEAN LOS RELATOS Y CUENTOS como así también las obras de títeres.
MATERIALES DIDÁCTICOS
Deben presentar un libro para bebés y un soporte para tarjetones (poesía destinada al JARDÍN MATERNAL
Asimismo deberán traer una Secuencia didáctica para iniciar la exposición.


Datos personales

Mi foto
Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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