martes, 16 de octubre de 2007

Lectura de cuentos e intercambio de opiniones entre lectores


Durante toda la escolaridad es importante ofrecer a los alumnos diversas
oportunidades para aproximarse a la lectura de obras literarias। No se lee de la misma forma un cuento de misterio que una copla de risa o una canción de cuna। Tampoco se lee de igual modo si las ilustraciones reproducen casi literalmente lo que el texto dice o si permiten otras interpretaciones que enriquecen el significado। Es decir, hay espacios, tiempos y maneras distintas de leer diferentes géneros o subgéneros, temáticas, autores y tipos de ediciones। Los niños pueden conocer diversas maneras de leer en la escuela।

Se pueden proponer diferentes situaciones que garanticen a los alumnos múltiples ocasiones de contacto con materiales y modalidades de lectura con el propósito de participar del mundo creado en los textos e intercambiar efectos y opiniones con los compañeros y el docente.
Semanal o quincenalmente el docente puede disponer una mesa de materiales para que los alumnos –solos o en parejas– seleccionen alguno que les llame la atención, para hojearlo o leerlo, en la escuela o en sus casas, por sí mismos o escuchando leer a un adulto (acerca de la selección de materiales, véase el Marco didáctico ). A continuación, se puede proponer una rueda de intercambio donde los niños se recomienden mutuamente los materiales a la manera de los lectores experimentados. En este espacio, el maestro puede intervenir de diferentes maneras: recomendar él mismo nuevos títulos de un autor conocido y preferido por sus alumnos, llamar la atención sobre materiales que los alumnos nunca eligen por tratarse de ediciones menos atractivas, recomendar obras y leer fragmentos de ellas para indicar algún pasaje o expresión de los personajes que le haya llamado la atención, poner de relieve el encanto especial que producen la sonoridad y el ritmo de determinadas palabras1.
Sin embargo, no siempre la elección queda a cargo de los niños. En muchas ocasiones, es el docente quien elige un título y lee a sus alumnos. En este caso, sería muy beneficioso que, antes y durante la tarea, el maestro genere un "clima" adecuado para leer un cuento en voz alta: según las posibilidades de cada salón, puede indicar con un cartel en la puerta que se está leyendo y por lo tanto solicita no ser interrumpido; puede permitir que los niños se sienten a su alrededor –alterando las filas si las hubiese–; elegir un tiempo adecuado y suficiente para poder leer y comentar, y –muy especialmente– cuando lee, "usar" su voz para generar suspenso, provocar intriga, comunicar la misma desesperanza que parece sentir un personaje, acelerar o lentificar un pasaje.
Las sesiones de lectura pueden ser libres o pueden ir profundizando sobre un determinado subgénero (cuentos maravillosos, fantásticos, realistas, leyendas), un autor de quien ya se ha leído alguna obra, un personaje que se presenta a través de diversos subgéneros y autores (hadas, duendes, ogros, brujas, piratas, lobos, leones…).
Al sostener este tipo de situaciones se enseña a leer: se hace participar a los alumnos de las acciones que un buen lector realiza cuando el propósito es leer a otros y de todas aquellas prácticas que se despliegan en los espacios de intercambio de opinión con otros lectores. A lo largo del ciclo (y más allá) el docente ayuda a sus alumnos a avanzar como lectores ofreciéndoles: al principio, historias de una sola línea argumental; cuando adquieren mayor experiencia lectora tienen la posibilidad de seguir relatos más complejos en los que, por ejemplo, se narran aventuras simultáneas de algunos personajes secundarios; los primeros cuentos presentan una estructura canónica. Es decir, un estado inicial de equilibrio, un conflicto que desencadena una serie de episodios, y la resolución del conflicto; con fórmulas de iniciación ("había una vez") y de cierre ("colorín colorado"), que ayudan a los más pequeños a delimitar mediante claras señales el "espacio de la ficción" y con reiteraciones –fórmulas mágicas, diálogos, expresiones que identifican a algún personaje–, que les ayudan a anticipar la frase que viene. Progresivamente, se pueden ir presentando relatos menos convencionales. A veces se elige una historia que comienza por el final o una donde el desenlace queda abierto, es decir, se altera la estructura de la narración con la que están familiarizados. En otros cuentos se transgreden algunas de las condiciones de los relatos tradicionales ("la brujita hermosa", "el príncipe malo", "el pirata honrado") o, también, se parodian o "actualizan" personajes o situaciones de cuentos que conocen muy bien ("Caperucita Roja lleva ¡una pizza! a su abuelita"). "Romper" con la expectativa del lector, con lo que está acostumbrado a encontrar, siempre supone comparar con lo conocido, tomar conciencia de que, por ejemplo, en todos los cuentos las brujas son malas, feas y poderosas a partir de que, por primera vez, aparece una hermosa y desamparada.
La frecuentación de los diversos textos literarios a lo largo de la vida escolar va ampliando la experiencia lectora de los niños y proporcionándoles elementos para poder enfrentar textos cada vez más complejos. La sencillez de las primeras lecturas, sin embargo, no debería ser el único criterio de selección; por eso, sugerimos al docente que elija obras que lo conmuevan, que le resulten bellas e interesantes además de considerarlas adecuadas para sus alumnos; si algún aspecto de estas obras resulta complejo para los niños durante la primera lectura, seguramente nuevas lecturas de ése o de otros textos le permitirán penetrar más adelante en el sentido de algún pasaje misterioso.Algunas condiciones que favorecen el desarrollo de las situacionesPuede iniciar la lectura informando a los niños dónde y cómo encontró el texto y cuáles fueron los motivos por los cuales lo seleccionó, por ejemplo, "… en la biblioteca encontré este cuento que también se trata de un pirata… ¿Será más valiente que el Capitán Tifón?". Además, es importante poner el libro a disposición de los niños, mostrar la tapa y leer sus datos (título, autor, editorial); si se trata de un diario o revista, hacer referencia a la sección en la que el texto aparece y buscarla frente a los alumnos. De este modo, se aportan datos contextuales y paratextuales que otorgan sentido a la lectura y favorecen la anticipación.Lectura de cuentos e intercambio de opiniones entre lectoresSe lee el cuento completo –una vez que se ha creado el clima propicio para la lectura y que los niños estén dispuestos a escucharlo–. Resulta conveniente seleccionar un cuento que pueda leerse en el tiempo de que se dispone. Si se opta por un cuento más extenso, se requiere elegir el momento en que será interrumpido y usar la interrupción como estrategia para generar en los alumnos el deseo de seguir leyendo.
Se procura transmitir con la lectura el efecto que el cuento le produce al lector: interés, sorpresa, emoción, entusiasmo, diversión, desconcierto, intriga, etc., es decir mostrar a los alumnos diversas formas de entrar y salir del mundo de la ficción. Al hacerlo, el docente los hace participar de una situación donde es posible suspender la incredulidad y entrar en el juego que la historia plantea.
Mientras se lee, no se saltean párrafos ni sustituyen palabras para "facilitar" la comprensión. Es importante poner a los chicos en contacto con los cuentos tal como están escritos. Si se trata de ediciones españolas o de países latinoamericanos, se puede aprovechar la ocasión para poner en evidencia diferencias léxicas y variedades lingüísticas. En este sentido, la lectura de Literatura –y en general, toda lectura– puede ser vista como una fuente privilegiada para ampliar el vocabulario y los medios de expresión de los niños.
Antes o después de la lectura, será conveniente que el docente promueva el intercambio de comentarios con sus alumnos del mismo modo como el lector adulto comenta sus lecturas: sobre la historia contada y la forma en que está escrita; sobre ciertas relaciones que pueden establecerse con otros cuentos conocidos, con películas o con hechos de la realidad; sobre cómo algunos pasajes donde pasan muchos años parecen suceder en un tiempo muy breve mientras otros que transcurren en minutos parecen eternos, sobre cómo un personaje que al iniciar el relato parecía ser el malvado se va transformado hasta llegar a ser el héroe, entre otros casos.
En ocasiones, se relee algún párrafo del texto con diversos propósitos: hacer notar la belleza de una expresión, imaginar un lugar a partir de cómo lo describe el autor, detenerse en la parte más atrapante de la historia, advertir la intervención de algún personaje aparentemente intrascendente que finalmente resulta crucial para la historia.
También se puede volver al texto cuando surgen entre los niños interpretaciones diferentes de alguna parte del cuento. En esos casos, se trata de ubicar el o los fragmentos que generaron la discrepancia y releerlos para confirmar o rectificar las interpretaciones. El maestro interviene para ayudar a confrontar las opiniones de los distintos niños con el texto, para poner en evidencia que existen diferencias de interpretación, para contraargumentar algo si no hay nadie que lo haga, para mostrarse como modelo de lector, aportando los propios criterios y gustos una vez que los alumnos se hayan expresado.
¿Por qué es importante mantener una situación permanente de lectura del docente y de los niños, en la escuela y en el hogar, con intercambio entre los lectores?
Es frecuente que en un principio los alumnos sólo expresen sus opiniones en términos de "me gustó porque es lindo" o "lo recomendaría porque me gustó". Al sostener la situación de lectura durante todo el ciclo, variando las modalidades de intercambio y ampliando cada vez más los materiales de trabajo, se brindan oportunidades para que los alumnos progresen ampliando sus gustos como lectores y, complementariamente, sus posibilidades de interpretación. De este modo, se avanza como lector cuando, por ejemplo: se comienza a atender no sólo a la historia contada sino también a cómo está contada (pasar de preferir, por ejemplo, los cuentos de hadas a los de hadas de determinado autor); se eligen los libros que se quieren leer o escuchar leer no sólo por las tapas o ilustraciones atractivas, sino que se comienzan a leer o a pedir al docente que lea las reseñas de las contratapas o los comentarios de catálogos para elegir entre unos u otros; se establecen cada vez más relaciones entre textos conocidos; se piden los libros para releer por sí mismos; se reclama al docente que relea pasajes específicos; se empiezan a comprender historias con más de un eje argumental, etc.
Algunas intervenciones posiblesPara que todo esto suceda a lo largo del Primer Ciclo y se continúe durante toda la escolaridad, la intervención del docente es una tarea imprescindible que requiere, incluso, desafiar la capacidad de interpretación de sus alumnos. Pues ya no se trata de contar lo que se entendió de la historia, de reconstruir la sucesión de hechos narrada, sino que se trata de ir más allá.
Por ejemplo, si los alumnos se divierten con las intervenciones de un personaje, el docente puede introducir alguna reflexión acerca de la forma graciosa en que el mismo habla: "¿por qué da risa lo que dice si no es gracioso lo que le está pasando?", de este modo, los niños pueden reparar en las expresiones rimadas o en las muletillas y, al hacerlo, empezar a establecer relaciones que no están explícitas en el texto.
También se puede intentar que los niños "vuelvan al texto" para descubrir en él nuevos sentidos o nuevas formas de decir: "¿qué otras voces se escuchan en esta historia?", "¿qué parte del cuento les hace pensar que este personaje va a ayudar a la princesa?", "¡cuántas maneras encontró el autor para nombrar a la princesita!: la bella niña, la joven, ¿se acuerdan de otras?".
Si se plantean diferencias de opinión acerca de las intencionalidades atribuidas a los personajes de una historia, por ejemplo, si unos niños opinan: "A mí me parece que la niña se hace la inocente porque después ella termina atrapando al vampiro", mientras otros sostienen: "Yo creo que ella lo ataca en defensa propia...", el docente puede intervenir destacando las diferencias de opinión e intentando que las mismas se fundamenten: "¿Qué partes del cuento les darían pistas para saber cuál de los dos se acerca más a lo que el autor está contando?". De este modo, se ayuda a los alumnos a reflexionar acerca de la estructura interna de un relato y a descubrir las pistas que siembra un autor en algunos rincones del escrito para que los lectores orienten sus interpretaciones en determinada dirección, a veces con la intención de sorprenderlos con un final supuestamente imprevisible que es parte del plan de una obra.

1 comentario:

tathi dijo...

ayyyyyyyyyyy no hay cuentos buenos

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Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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