miércoles, 20 de abril de 2016

PARA COMERTE MEJOR....



  Para desarrollar al máximo sus cualidades de alivio, sus significados simbólicos y, por encima de todo, sus significados interpersonales, es preferible contar un cuento antes que leerlo. Sí así se hace, el lector debe vincularse emocionalmente, tanto con la historia como con el niño, sintonizando empáticamente con lo que la historia puede significar para el pequeño. Narrar cuentos es mejor que leerlos porque permite una mayor flexibilidad.”
                           Bethelheim; Bruno, Psicoanálisis de los cuentos de Hadas




 Como muchas veces les he dicho en clase, los cuentos de hadas suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema existencial. Esto permite al niño atacar los problemas en su forma esencial, cuando una trama compleja le haga confundir las cosas, el cuento de hadas es capaz de  simplificar cualquier situación.
   En efecto, pensemos que  los personajes están muy bien definidos. Todas las figuras son típicas en vez de ser únicas.
   Contrariamente a lo que sucede en las modernas historias infantiles, en los cuentos de hadas el mal está omnipresente, al igual que el bien.
    Prácticamente en todos estos cuentos, tanto el bien como el mal toman cuerpo y vida en determinados personajes y en sus acciones, del mismo modo que están omnipresentes en la vida real.
 En la mayoría de los cuentos, el usurpador consigue, durante algún tiempo, arrebatar el puesto que, legítimamente, corresponde al héroe, como hacen las perversas hermanas de «Cenicienta». Sin embargo, el hecho de que el malvado sea castigado al terminar la historia proporciona un enorme alivio, claro que en los cuentos de hadas como en la vida real, el castigo, o el temor al castigo, sólo
evita el crimen de modo relativo. Lo más fuerte es que los pequeños lectores se sienten muy identificados con el héroe o la heroína de estos cuentos.  Un niño pequeño necesita este tipo de personajes,  vale decir, nada de ambivalencias.
Al presentar al niño caracteres totalmente opuestos, se le ayuda a comprender más fácilmente la diferencia entre ambos, cosa que no podría realizar si dichos personajes representaran fielmente la vida real, con todas las complejidades que caracterizan a los seres reales. Las ambigüedades no deben plantearse hasta que no se haya establecido una personalidad relativamente firme sobre la base de identificaciones positivas. En este momento el niño tiene ya una base que le permite comprender que existen grandes diferencias entre la gente, y que, por este mismo motivo, está obligado a elegir qué tipo de persona quiere ser. Además, las elecciones de un niño se basan más en quién provoca sus simpatías o su antipatía que en lo que está bien o está mal. Cuanto más simple y honrado es un personaje, más fácil le resulta al niño identificarse con él y rechazar al malo. El niño no se identifica con el héroe bueno por su bondad, sino porque la condición de héroe le atrae profunda y positivamente. Para el niño la pregunta no es «¿quiero ser bueno?», sino «¿a quién quiero parecerme?». Decide esto al proyectarse a sí mismo nada menos que en uno de los protagonistas.
CUANDO DE CAPERUCITA ROJA SE TRATA…
       Una niña pequeña, encantadora e «inocente», devorada por un lobo es una imagen que se graba en la mente de manera indeleble. En «Hansel y Gretel», la bruja planeaba comerse a los niños; pero en «Caperucita Roja», el lobo engulle realmente a la abuela y a la niña. Como ocurre con la mayoría de los cuentos de hadas, existen múltiples versiones de «Caperucita Roja». La más famosa es la de los Hermanos Grimm, en la que la abuela y Caperucita resucitan y el lobo recibe el castigo que se merece.
Pero ustedes también tuvieron la oportunidad de leer la versión de Charles  Perrault, que fue publicada un siglo antes que la de los Grimm,
El relato de Perrault comienza como todas las otras versiones, contando que la abuela había hecho una caperucita roja para su nieta y por eso se la conocía con ese nombre. Un día, su madre mandó a Caperucita a llevar comida para la abuela, que estaba enferma. La niña tenía que atravesar el bosque, donde se encontró con el lobo. Éste no se atrevió a comérsela entonces porque el bosque estaba lleno de leñadores, así que preguntó a Caperucita a dónde iba y ella se lo comenta con lujo de detalles. El lobo llegó a casa de la abuela fingiendo ser Caperucita y se comió a la anciana. En la historia de Perrault, el lobo no se disfraza de abuela, sino que simplemente se acuesta en su cama. Cuando llegó Caperucita, el lobo le pidió que se metiera en la cama con él. Ella se desnudó, se introdujo en el lecho y, entonces, sorprendida al ver a su abuela sin ropas, exclamó, «¡abuelita,qué brazos más grandes tienes!» a lo que el lobo respondió, «¡para abrazarte mejor!». A continuación dijo Caperucita, «¡abuelita, qué piernas más largas tienes!» y el lobo contestó, «¡para correr mejor!». Este breve diálogo, que no encontramos en la versión de los Hermanos Grimm, va seguido de la famosa serie de preguntas acerca de las orejas, los ojos y los dientes de la abuela, hasta llegar a la última respuesta del lobo, «¡para comerte mejor!», «y, al pronunciar estas palabras, el lobo malvado se arrojó sobre Caperucita Roja y se la comió». Muchas versiones terminan al llegar a este punto, pero la versión original de Perrault continúa con un breve poema en el que se plantea la moraleja que debe extraerse de la historia: que las muchachas no deben hacer caso del primero que se les acerque. Si lo hacen, no es de extrañar que el lobo las atrape y se las coma. En cuanto a los lobos, podemos encontrarlos de diversas especies: entre ellos, los más amables son los más peligrosos, especialmente los que siguen a las jovencitas por la calle, incluso hasta su casa. Perrault pretendía hacer algo más que entretener a los que leyeran sus relatos, quería enseñarles una lección moral muy concreta en cada uno de ellos. Por eso es comprensible que los modificara para conseguir su objetivo. Como ustedes seguramente estarán pensando esto es una LITERATURA DIDÁCTICA y por lo tanto los textos de este recopilador francés pierden atractivo. Está muy claro que el lobo no es un animal de presa sino una metáfora, y esto no deja apenas nada a la imaginación del oyente. Estas simplificaciones y una moraleja planteada directamente convierten a este posible cuento de hadas en un cuento con moraleja que revela hasta el más mínimo detalle. De esta manera, la imaginación del que escucha la historia no puede actuar atribuyéndole un significado personal. Aferrado a una interpretación racionalista del objetivo del cuento, Perrault  procura dejarlo todo bien claro. Por ejemplo, cuando la niña se desnuda y se mete en la cama con el lobo y éste le dice que sus grandes brazos son para abrazarla mejor, la imaginación no puede añadir nada más. Podemos pensar que Caperucita es tonta o bien que quiere que la seduzcan porque, en respuesta a esta seducción tan evidente y directa, no hace ningún movimiento para escapar ni para oponerse a ello.
. En cualquier caso, no es un personaje con el que uno quiera identificarse. Con todos estos detalles, Caperucita Roja pasa de ser una muchacha ingenua y atractiva, a la que se convence de que no haga caso de las advertencias de la madre y de que disfrute con lo que ella cree conscientemente que son juegos inocentes, a ser poco más que una mujer que ha perdido la honra. Si se detalla el significado que el cuento tiene para el niño, aquél pierde su valor; y Perrault va aún más lejos, elabora este significado. Los verdaderos cuentos de hadas tienen significado a distintos niveles; sólo el niño puede saber cuáles son importantes para él en un momento dado. Al ir madurando, el niño descubre nuevos aspectos de estos cuentos populares y esto le confirma la idea de que ha llegado a una comprensión más madura, puesto que la misma historia le revela ahora mucho más que antes. Esto sólo puede suceder si no se le dice al niño, de manera didáctica, lo que se supone que transmite la historia, es decir, sólo cuando el niño descubre espontánea e intuitivamente los significados de un cuento que hasta entonces habían permanecido ocultos.
Recordemos que los Grimm hacen dos versiones distintas de esta historia.  Sería bueno traer en este punto un cuento que ya analizamos Hansel y Gretel, ya que ambas historias tienen cosas en común, veamos.  En ambos cuentos, la casa del bosque y el hogar paterno son una misma cosa, pero experimentados de manera muy diferente debido a un cambio en la situación psicológica. En su propia casa, Caperucita, protegida por sus padres, es la muchacha sin problemas, que se encuentra en la pubertad y que puede salir fácilmente adelante. En casa de la abuela, que está enferma, la misma muchacha se ve indefensa e incapaz de evitar las consecuencias de su encuentro con el lobo.«Hansel y Gretel», aferrados a su fijación oral, no piensan más que en comerse la casa que representa simbólicamente a la madre malvada que los ha abandonado (les ha obligado a marcharse de casa), y no dudan en arrojar a la bruja a las llamas como si se tratara de comida. Caperucita, que ha superado ya su fijación oral, no tiene deseos orales destructivos.

 Psicológicamente, es enorme la distancia entre la fijación oral, transformada simbólicamente en canibalismo, que es el tema central de «Hansel y Gretel», y la manera en que Caperucita castiga al lobo. El lobo de «Caperucita» es el seductor; no obstante, en lo que se refiere al contenido manifiesto de la historia, el lobo no hace más que lo que parece natural, es decir, come para alimentarse. Y, por otra parte, también es normal que un hombre mate a un lobo, aunque el método usado en este cuento no es frecuente.
La casa de Caperucita no carece de nada, y ella, puesto que ha pasado ya por la ansiedad oral, lo comparte gustosamente con la abuela, llevándole comida. Para Caperucita, el mundo que está más allá del hogar paterno no resulta un peligro amenazante a través del cual un niño no pueda abrirse paso. Fuera de su casa hay un camino seguro, del que su madre le advierte que no debe apartarse.
Mientras que Hansel y Gretel han de ser impulsados a salir fuera de casa, Caperucita lo hace voluntariamente. No le asusta el mundo externo pero reconoce lo atractivo que puede ser para ella. Y en esto, precisamente, radica el peligro. Si el mundo externo, más allá del hogar y de las tareas cotidianas, resulta demasiado seductor, puede inducir a actuar de nuevo según el principio del placer —lo cual, suponemos, ha evitado Caperucita gracias a lo que sus padres le han enseñado en favor del principio de la realidad—, y así pueden presentarse encuentros que lleven incluso a la destrucción.
Esta incertidumbre entre principio de la realidad y principio del placer se afirma explícitamente cuando el lobo dice a Caperucita: «Mira qué flores más bonitas hay por aquí. ¿Por qué no te fijas en las cosas bellas que hay a tu alrededor? Me parece que ni siquiera oyes los pajaritos que cantan. Pareces absorta y preocupada, como si te dirigieras a la escuela; en cambio, todo lo que te rodea es hermoso y alegre». La madre de Caperucita ya había advertido a su hija de este conflicto entre hacer lo que a uno le gusta y lo que uno debe hacer, al decirle: «No te apartes del camino principal... Y cuando llegues a casa de la abuela no te olvides de darle los "buenos días" y no empieces a curiosear por todos los rincones».

Así pues, la madre es consciente de la tendencia de Caperucita a apartarse del camino señalado y a espiar en los rincones para descubrir los secretos de los adultos. Observamos la idea de que «Caperucita Roja» trata de la ambivalencia infantil acerca de si vivir de acuerdo con el principio de la realidad o con el principio del placer en el hecho de que Caperucita deja de coger flores sólo «cuando había reunido ya tantas que no podía llevarlas». En ese momento, Caperucita «se acordó una vez más de la abuela y se dirigió a su casa». Es decir, el ello sólo cede en su afán de buscar el placer cuando el recoger flores deja de ser atractivo, y entonces escuando Caperucita se da cuenta de sus obligaciones.
Caperucita es más madura que Hansel y Gretel por la actitud de duda ante las cosas que se encuentra por el mundo. Hansel y Gretel no se preguntan nada acerca de la casita de turrón ni investigan lo que hace la bruja. En cambio, Caperucita desea averiguarlo todo, cosa que vemos en la advertencia de su madre respecto a sus ganas de curiosear. Se da cuenta de que algo anda mal cuando ve que la abuela «tiene un aspecto extraño», pero el lobo, disfrazado, consigue engañarla. Caperucita Roja intenta comprender qué sucede cuando le pregunta a la abuela acerca de sus grandes orejas, cuando se fija en los grandes ojos y se sorprende ante las manos y la horrible boca. En este punto aparece una enumeración de los cuatro sentidos: oído, vista, tacto y gusto; el niño que ha llegado a la pubertad se sirve de ellos para entender el mundo que le rodea. «Caperucita Roja», de forma simbólica, proyecta a la niña hacia los peligros de sus conflictos edípicos durante la pubertad y, luego, la libera de ellos, de manera que puede madurar libre de problemas. Los personajes maternos de la madre y la bruja, que eran tan importantes en «Hansel y Gretel», son insignificantes  en «Caperucita», donde ni la madre ni la abuela pueden hacer nada: ni siquiera amenazar o proteger. En cambio, el personaje masculino es mucho más importante y está disociado en dos formas completamente opuestas: el seductor peligroso que, si se cede a sus deseos, se convierte en el destructor de la niña; y el personaje del padre, cazador, fuerte y responsable.
Es como si Caperucita intentara comprender la naturaleza contradictoria del personaje masculino al experimentar todos los aspectos de su personalidad: las tendencias egoístas, asociales, violentas y potencialmente destructivas del ello (el lobo) y los impulsos generosos, sociales, reflexivos y protectores del yo (el cazador).Caperucita Roja gusta en todo el mundo porque, a pesar de ser una persona virtuosa, cede también a las tentaciones; y porque su destino nos indica que el confiar en las buenas intenciones de las personas, que parece lo ideal, es arriesgarnos a un montón de trampas.
Tanto el título como el nombre de la niña, «Caperucita Roja», ponen énfasis en el color rojo que exhibe abiertamente. Rojo es el color que simboliza las emociones violentas, sobre todo las de tipo sexual. Las ropas rojas que la abuela regala a Caperucita se pueden considerar, entonces, como símbolo de una transferencia prematura de atractivo sexual, lo que se acentúa por el hecho de que la abuela está enferma y es una anciana, incluso demasiado débil para abrir la puerta. El nombre de «Caperucita Roja» da fe de la importancia clave de este rasgo de la heroína de la historia. Sugiere que no sólo la caperuza es pequeña sino también la muchacha. Es demasiado pequeña, no para llevar la caperucita,
sino para conseguir lo que estas ropas simbolizan y lo que el llevarlas significa. El peligro de Caperucita es su sexualidad incipiente, para la que no está todavía emocionalmente madura. La persona que, desde el punto de vista psicológico, está preparada para tener experiencias sexuales puede dominarlas y madurar gracias a ellas. Pero una sexualidad prematura es una experiencia
regresiva que estimula todos nuestros aspectos primitivos. La persona poco madura y no preparada todavía para el sexo y que sufre una experiencia que provoca intensos impulsos de tipo sexual, retrocede hasta llegar a un modo edípico de enfrentarse a ellos. La única manera de superar el sexo, según esta persona, es
el librarse de los rivales con más experiencia, cosa que vemos cuando Caperucita le da instrucciones concretas al lobo para llegar a casa de la abuela. Sin embargo, con ello, se ponen en evidencia asimismo sus sentimientos ambivalentes.
Cuando manda al lobo a casa de la abuela, actúa como si le dijera: «Déjame sola; ve con la abuela que es una mujer madura; ella podrá hacer frente a lo que tú representas. Yo no».
Esta lucha entre el deseo consciente de actuar correctamente y el anhelo inconsciente de vencer a su abuela (madre) es lo que nos provoca nuestra reacción de cariño frente a la muchacha y lo que la hace parecer un personaje tan extremadamente humano. De la misma manera que nosotros, cuando éramos niños, nos encontrábamos prisioneros de ambivalencias internas que no podíamos dominar, a pesar de nuestros esfuerzos, también Caperucita intenta traspasar el problema a otra persona: a alguien de más edad, a un progenitor o a un padre sustituto. No obstante, este intento de huir de una situación amenazante lleva casi hasta la propia destrucción.
Pero recordemos que  los Hermanos Grimm presentan una variación importante de «Caperucita Roja» que contiene, esencialmente, un elemento añadido a la historia original. En esta versión, cuando Caperucita lleva de nuevo unos pasteles a la abuela, otro lobo intenta apartarla del camino directo (de
la virtud). Esta vez, la niña corre hasta la abuela, se lo cuenta todo y ambas atrancan la puerta, con lo que el lobo no consigue entrar. Al final, éste resbala por el tejado y cae a una balsa llena de agua donde se ahoga de inmediato. La historia  termina así: «Finalmente, Caperucita Roja volvió feliz y contenta a su casa, y nadie le hizo daño alguno».
Esta versión elabora lo que siente el que escucha el relato, es decir, que, después de una mala experiencia, la muchacha se da cuenta de que no está madura en absoluto para enfrentarse al lobo (seductor), y que está preparada, en cambio, para establecer un efectivo vínculo de trabajo con su madre. Esto se expresa simbólicamente por el hecho de que corra a casa de la abuela tan pronto como el peligro la amenaza, en lugar de actuar  como la primera vez que se encontró con el lobo. Caperucita trabaja con su madre (abuela) y sigue su consejo —más tarde la abuela le dice que llene una balsa con agua en la que previamente habían hervido salchichas, y cuyo olor atrae al lobo que cae en ella—, con lo que ambas vencen fácilmente al lobo. Así pues, el niño necesita establecer un vínculo sólido de trabajo con el progenitor del mismo sexo, de manera que a través de la identificación con él, y del aprendizaje consciente que le proporciona, el niño llega con éxito a ser un adulto.
Los cuentos de hadas hablan a nuestro consciente y a nuestro
inconsciente; por lo que no necesitan evitar las contradicciones, ya que éstas coexisten fácilmente en el inconsciente. A un nivel de significado bastante diferente, la desgracia que sobreviene a la abuela puede verse bajo una perspectiva distinta.
El que escucha la historia se pregunta con razón por qué el lobo no se come a Caperucita en cuanto se encuentra con ella, es decir, a la primera oportunidad. Como es típico en Perrault, nos ofrece una explicación que parece bastante racional: el lobo lo hubiera hecho si no hubiese tenido miedo de algunos leñadores que merodeaban por los alrededores. Puesto que en la historia de Perrault el lobo es un seductor, es lógico que un hombre maduro tenga reparos en seducir a una muchacha ante los ojos de otros hombres.
Las cosas son muy distintas en el cuento de los Hermanos Grimm, en el que se nos da a entender que la voracidad excesiva del lobo explica el aplazamiento de su satisfacción oral. «El lobo se dijo, "qué gordita está esta niña, y qué tierna debe ser; estará mucho más rica que la anciana: tengo que actuar con tiento a ver
si me las como a las dos".» No obstante, esta explicación no es lógica, puesto que el lobo hubiese podido encargarse de Caperucita allí mismo y después engañar a la abuela, tal como sucedió efectivamente en la historia. La conducta del lobo empieza a tener sentido en la versión de los Hermanos Grimm si suponemos que, para conseguir a Caperucita, el lobo tenía que eliminar primero a la abuela. Mientras la madre (abuela) esté presente, Caperucita no será suya.

El cazador es un personaje muy atractivo, tanto para los niños como para las niñas, puesto que salva al bueno y castiga al malo. Todos los niños encuentran dificultades en seguir siempre el principio de la realidad, y reconocen fácilmente en las figuras opuestas, el lobo y el cazador, el conflicto entre los aspectos del ello y del yo/super-yo de su propia personalidad. En la acción del cazador, la violencia (abrir la barriga) se pone al servicio de un objetivo social valioso (salvar a las dos mujeres). El niño tiene la sensación de que nadie se da cuenta de que sus tendencias violentas pueden ser, al mismo tiempo, constructivas  pero la historia ledemuestra que pueden serlo. Caperucita Roja sale del estómago del lobo de manera semejante a una cesárea, con lo que se insinúa la idea del embarazo y del nacimiento. Con ello se evocan asociaciones de las relaciones sexuales en el inconsciente del niño. ¿Cómo entra el feto en el útero de la madre?, se pregunta el niño, y decide que algo así sólo es posible después de habérselo tragado, como pasa con el lobo.
Hay otra buena razón para que el lobo no muera al cortársele la barriga y liberar a las personas que había devorado. El cuento protege al niño de una ansiedad innecesaria. Si el lobo muriera al abrirle la barriga, como en una operación de cesárea, los que escuchan la historia temerían que un niño que sale del cuerpo de su madre va a causarle la muerte. Pero si el lobo sobrevive, y muere
porque se le llena de piedras, no hay razón alguna para temer el alumbramiento.
Caperucita y su abuela no mueren realmente sino que vuelven a nacer. Si se quisiera encontrar un tema central para la gran variedad de cuentos, sería probablemente el de renacer en un plano superior. Los niños (y también los adultos) deben ser capaces de creer que se puede llegar a una forma superior de existencia, superando los pasos que se requieren para este desarrollo. Los cuentos que afirman que esto no sólo es posible, sino además probable, atraen poderosamente la atención de los niños porque combaten el miedo de que perderán demasiadas cosas durante este proceso.  Caperucita Roja es más feliz después de su salvación y Hansel y Gretel son más ricos cuando vuelven a casa.
Actualmente, muchos adultos tienden a tomar al pie de la letra lo que se dice en los cuentos, mientras que debe considerarse como representaciones simbólicas de experiencias decisivas en la vida. El niño lo capta por intuición, aunque no lo «sabe» explícitamente. La confianza que un adulto le proporciona a un niño al contarle que Caperucita no muere realmente cuando el lobo la devora, es experimentada por el pequeño como una simple manera de decirlo.

No sólo en «Caperucita Roja», sino a lo largo de toda la literatura de los cuentos de hadas, la muerte del héroe —distinta de la muerte a una edad avanzada después de vivir satisfactoriamente— simboliza su fracaso. La muerte del que no ha conseguido algo —por ejemplo de los que intentaron llegar hasta la Bella Durmiente y perecieron en los espinos— es un símbolo de que esa persona no está maduratodavía para llevar a cabo la empresa exigida que sin pensarlo (prematuramente) intentó realizar. Dichas personas deben sufrir experiencias posteriores que les den los medios para poder triunfar. Los predecesores del héroe que mueren en los cuentos de hadas no son más que las encarnaciones anteriores e inmaduras del propio héroe. Tras sentirse protegida en la oscuridad interna (dentro del lobo),Caperucita está preparada para apreciar una  nueva luz, una mayor comprensión de las experiencias emocionales, que debe dominar y de las que tiene que evitar porque la perturban. A través de las historias del tipo de «Caperucita Roja», el niño empieza a entender —por lo menos a nivel preconsciente— que sólo las experiencias que nos perturban originan en nosotros sentimientos internos correspondientes, contra los que nada podemos hacer. Una vez que los hayamos dominado, no tendremos por qué temer el encuentro con el lobo.
Hasta aquí el análisis de este cuento según la lectura del texto “Psicoanálisis  de los cuentos de Hadas” de todos modos les recomiendo leer el texto original que tienen en la bibliografía



4 comentarios:

Barbara Centonze dijo...

Cuando comencé a leer el psicoanálisis de los cuentos de hadas, me fue primero sorprendiendo y segundo fascinando, todos los aspectos que hay detrás de un cuento de hadas. Todo lo que un cuento de hada puede generar en el niño, ya sea ayudándolo a superar etapas difíciles de su niñez y dándole fuerzas para su superación, es maravilloso.
Hasta el momento no había descubierto el valor que tienen los cuento de hadas, no me imaginaba que escondiera tantos aspectos juntos y que fuera tan significativo para el niño.
Hoy creo que es súper importante leer estos tipos de cuentos con los estudiantes.
Gracias Bruno Bethelheim y Estela Quiroga por mostrarme el valor de los cuentos de hadas, hoy entiendo que Caperucita, La Cenicienta, La bella durmiente, no son un cuento mas, son "los cuentos de hadas".
Barbara.

Unknown dijo...

hola profe! soy Cynthia Garrido del Eccleston Jueves TT
Muy lindo el articulo. Gracias por compartirlo con nosotras.
Besos

Estela Quiroga dijo...

Gracias Bárbara por participar siempre con tus comentarios!!!!!

Estela Quiroga dijo...

Cynthia es es la idea: compartir y crecer todos juntos... gracias por tu comentario

Datos personales

Mi foto
Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

Seguidores