domingo, 31 de agosto de 2014

BIENVENIDA Y TRABAJO PRÁCTICO...por Estela Quiroga


Bienveni@s a este nuevo cuatrimestre…Me da una enorme alegría continuar formado a futuros docentes…Especialmente porque estoy convencida que,  ser docente implica un gran compromiso social y ético
Vamos a trabajar nada más ni nada menos que con niños y niñas. En este curso en particular con los más pequeñitos… Desde luego nadie recuerda su nacimiento ni sus primeros dos años. Lo que sabemos es gracias a las historias que otros nos contaron.
El desarrollo emocional del bebé es la base del futuro ser humano. Nos construimos en la otredad, de la calidad de los cuidados, del amor de los demás va a depender  la clase de persona que seremos en el futuro…
 La propuesta es REFLEXIONAR, SENSIBILIZARNOS para emprender el camino….
Si hay un tiempo en la vida de lo humano que se ES, es en la Infancia. Tiempo de las primeras veces, del probar sin temor, sin apuros, sin búsqueda de resultados, de saltar a  lo desconocido sin planes elaborados, entregado confiadamente a la tremenda sensación y emoción de saltar.
Para cuando nos encontremos necesito que cada uno haya podido mantener una charla café o mate de por medio con sus padres, abuelos o tíos, o tal vez con un hermano o hermana mayor para que indaguen acerca de su primera infancia. Por ejemplo cuál fue su primera palabra, en qué momento se largaron a caminar, qué palabras inventaban de pequeñitos, cu{ales cosas los hacían sentir plenos y dichosos y cuáles les daban temor..
Cuando un futuro docente se prepara para trabajar en una sala de maternal tiene que aprender a observar, a escuchar, a comprender y a derribar mitos. Debe nutrirse de un sólido marco teórico y preparar, sensibilizar su mirada pr sobre todas las cosas…
Los invitamos a leer los siguientes artículos:

EL LENGUAJE SECRETO DE LOS NIÑOS
 “Los bebés no dejan de comunicarse todo el tiempo, lo que pasa es que lo hacen en un lenguaje sin palabras, en el lenguaje del tacto, del llanto, de la expresión facial, de la postura, y de la tensión corporal. Ése es el lenguaje secreto de los bebés”, asegura este connotado psicólogo norteamericano.
Para Shapiro, el lenguaje secreto de los niños es el de las emociones. A través de él, los padres no sólo pueden comprender mejor a sus hijos desde bebés y hasta que son adolescentes, sino también ayudarlos en su desarrollo psicológico y social, además de fortalecer los vínculos familiares y la autoestima del niño, entre muchos otros beneficios. “Puede mostrarnos no sólo lo que el chico piensa, sino también revelar sus temores y conflictos más profundos, así como sus deseos y necesidades más recónditos”.
Y es que, según los estudios sobre el tema, sólo el 10% de la comunicación emocional se expresa mediante las palabras. El otro 90% proviene de los comportamientos que las acompañan, es decir, gestos, contacto visual, postura, tono e inflexión de la voz, entre otros. Esto es aún más cierto con los niños pequeños, que obviamente tienen habilidades lingüísticas más limitadas.
Además de los aspectos no verbales de la comunicación, este autor propone utilizar otras herramientas, como el juego, los cuentos, los sueños y el arte -a través de una serie de actividades prácticas que propone- para que los padres puedan develar lo que sus hijos sienten, piensan y desean. Con quince minutos diarios, dedicados exclusivamente al bebé, y siguiendo ciertas pautas, Shapiro asegura que sí es posible lograr una mayor conexión con los hijos.
Sintonizando con sus necesidades
Para comprender el lenguaje del bebé -que dependiendo del niño y sus padres puede resultar más o menos fácil de “leer” -este autor sostiene que, en primer lugar, es necesario aprender a observar atenta y objetivamente. Aunque esto parezca obvio, Shapiro asegura que no es tan fácil tratándose de los propios hijos, entre otras razones, porque a veces proyectamos sobre ellos nuestros propios sentimientos o ansiedades, buscando lo que no hay”. Y esto corre tanto para defectos como para cualidades extraordinarias.
La observación objetiva comprende las “macroseñales”, es decir, aquellos aspectos evidentes en el bebé, como su expresión facial, los gestos, las posturas y el movimiento; y las “microseñales”, como el color de la piel cuando llora, el modo en que cierra los puños cuando le duele algo o la forma en que abre los ojos al sentirse confundido, por ejemplo. “Es eso que solemos llamar intuición, esa sensación que las personas nos producen, pero que no podemos explicar. Son señales muy sutiles y requiere práctica percatarse de éstas”, precisa. Llevar un registro de ellas es un excelente método.
El lenguaje del llanto
Es la herramienta de comunicación por excelencia de los bebés. Cuando lloran expresan sus necesidades, con un llanto específico para cada una de ellas. Los científicos han identificado al menos 12 tipos. Entre ellos:
  1. Hambre. Es el más común. Comienza con un llanto o gemido rítmico. A los pocos minutos estalla un llanto fuerte y corto, seguido de una pausa en que el bebé toma aliento. Luego seguirán más llantos hasta que sea alimentado.
  2. Demasiada comida. Hasta los seis meses un bebé no es capaz de regular su ingesta de alimentos, por lo que seguirá succionando, incluso si no lo necesita. Si devuelve mucho y está inquieto después de alimentarse, está indicando que necesita menos tomas y más frecuentes.
  3. Cansancio. Lo más probable es que se muestre inquieto. Tal vez suelte unos lloros sin ritmo e irregulares en cuanto a tono y volumen. También puede golpearse las orejas, chuparse los dedos o frotarse los ojos. Se resistirá a cualquier esfuerzo por distraerle o jugar con él y volteará el rostro. Al tratar de apaciguarlo de cualquier otro modo, puede mostrarse cada vez más agitado, pues lo que realmente desea es descansar.
  4. Dolor. Lloran por igual si es interno o externo. Es un llanto que arranca sin preámbulos, alto, largo y estridente. Tras soltar un alarido de dolor, el bebé hace una pausa prolongada, como si estuviera aguantando la respiración. Cuando vuelve a llorar, su cuerpo ‘dice’ que hay algo que realmente está mal. Está tenso, con manos y pies levantados, la boca muy abierta y una expresión de profundo malestar.
  5. Enfermedad. Puede ser un llanto agudo y nasal, parecido al del dolor, pero más débil. El bebé estará enrojecido y tal vez caliente al tacto.
  6. Necesita una muda. Los bebés que se sienten molestos tras hacer sus necesidades, lloran muy fuerte, como si les doliese algo, lo que en ocasiones puede ser el caso, si la orina irrita algún rasguño.
  7. Temor. Suele ser repentino, agudo y penetrante, seguido de un bloqueo para tratar de respirar. Por lo general, termina tan abruptamente como comienza.
  8. Rabia y frustración. Algunos bebés se sienten así muy fácilmente. Este llanto queda claramente reflejado en su rostro y en sus movimientos. Probablemente su boca tenga una mueca de disgusto, arquee la espalda, y eche la cabeza hacia atrás o a un lado. Habitualmente es un llanto corto.
Lo ideal, según Shapiro, es responder a los llamados del niño en 1 minuto y medio y poder calmarlo en 10. De lo contrario, puede necesitar entre dos y cuatro veces más para tranquilizarse.
El lenguaje de las manos
Entre los nueve y catorce meses, el bebé emplea ya numerosos signos y señales para comunicarse. Algunos de ellos son “de cosecha propia”, mientras que otros son comunes a la mayoría de los pequeños y resultan fácilmente reconocibles.
Las investigaciones demuestran que cuando los padres se toman en serio la utilización de signos para dialogar con sus pequeños, éstos aprenden antes a comunicarse con palabras. Para potenciar esta interacción, el psicólogo recomienda a los padres aprender también a expresarse a través del lenguaje gestual, enseñándoles a sus hijos aquellos signos que consideren relevantes o significativos para relacionarse con ellos.
Tanto si son extraídos del lenguaje formal de señas, como si son de invención espontánea del bebé -en cuyo caso habrá que detectarlos y aprender a interpretarlos- la comunicación entre padres e hijos se hará más fluida, asegura este especialista.
‘Conectarse’ con ellos
No sólo basta con querer interpretar al bebé. Para que éste se exprese más abiertamente, incluso cuando ya pueda hacerlo mediante las palabras, es imprescindible mostrarle cuán abiertos se está a sus necesidades físicas y emocionales. En este sentido, Shapiro recomienda “simplemente poner más atención a la comunicación no verbal”.
Lo que hay que tener en cuenta:
  • La postura, los gestos corporales y la expresión facial son importantes para el desarrollo de las relaciones, pues incrementan la capacidad del niño para enviar y recibir información acerca de sus sentimientos. Hay que enfatizar y percatarse de su uso.
  • Al hablarle, hágalo en un tono tranquilo y cálido para transmitir interés, con voz relajada, pero animada.
  • Preste atención a lo que se dicen el uno al otro mediante el contacto visual.
  • Elimine barreras (ya sean físicas, como el diario, un libro o interrupciones como el teléfono o la TV), y cree un espacio íntimo que estimule el acercamiento. Encuentre una distancia que le resulte cómoda al niño (probando distintas).
  • Preste atención a su necesidad de contacto o apoyo físico. No todos necesitan el mismo grado ni la misma frecuencia. Pero incluso cuando son mayores, sigue siendo un modo importante de comunicar sus emociones.
  • Imite los movimientos de su hijo para establecer sintonía. Estudios demuestran que cuando imitamos el tono y el volumen de voz de otra persona, (posturas, gestos o su respiración), ésta se siente más a gusto con nosotros y se vuelve más accesible.
Patricio Andrade Gallardo
Psicólogo Corporal
Experto en Estimulación Temprana

Después de la lectura la idea es que puedan armar una síntesis, sacar conclusiones y hacer comentarios personales. En nuestro encuentro trabajaremos con esos insumos.
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Muchas veces en mis clases insisto en lo importante que es fomentar el acercamiento entre el niño y el adulto responsable que lo tiene a su cuidado. Ustedes van a colaborar a la formación de criaturas a partir de los cuarenta y cinco días y deben entregar todo el afecto y la contención que les sea posible (y más..) no  nos olvidemos que estamos formando seres humanos y que nada es más saludable que el amor. Por eso los invito a leerinteresante nota que fue publicada en PERFIL.COM Por Cecilia Farré | 15/09/2012 | 

CRIAR CON APEGO

Cada vez más familias eligen la "crianza con apego"

La nueva alternativa promueve el amamantamiento prolongado, dormir con el bebé y hasta llevarlo siempre a upa para tener chicos más seguros e independientes.


“No le hagas upa que lo vas a malcriar”, escucha la madre mientras devuelve una mirada de fastidio, en una escena que se repite de manera frecuente. Sin embargo, existe una nueva tendencia que cada vez gana más adeptos: la llamada “crianza con apego”, que plantea un mayor contacto entre padres e hijos, en especial en los primeros años de vida. “Es fundamental poder demostrar a los hijos que somos capaces de interpretar y decodificar sus necesidades, satisfacerlas y estar cuando nos necesitan. Esto les permitirá en el futuro transformarse en seres humanos más seguros e independientes”, afirmó la puericultora Laura Krochik, especialista en lactancia y crianza.
Así, luego de nueve meses de vida intrauterina en un espacio que resolvía todas las necesidades, según este tipo de crianza cuya filosofía desarrolló el pediatra Bill Sears, hay que darle al recién nacido lo más parecido a lo que estaba acostumbrado. Para Krochik esto es: “Contacto, upa, movimiento y alimentación permanentes. En esto consiste una crianza con apego. Cuando le damos a un bebé lo que necesita, lejos de malcriarlo, estamos ofreciéndole un sostén a partir del cual comenzará a construir su emocionalidad”.
Guillermina Wilson tiene dos hijas, Nina y Morena, de 7 y 2 años respectivamente, y cuando se le pregunta sobre la crianza con apego responde que es la única que conoce y a pesar de todos los libros que leyó sobre el tema, su principal guía es el instinto. “Las veía muy chiquititas y sentía que necesitaban mi calor”, recordó, y por eso recurrió mucho al fular –una tela que permite llevar al bebé cerca del cuerpo en distintas posiciones– hasta que su espalda pudo soportarlo. “También usé el cochecito, no hay que ser fundamentalista”, aclaró.
La lactancia, además de los beneficios para la salud, es otra manera de generar apego y debe ser “a demanda”, sin imposición de horarios ni de duración de las tomas. Como mínimo debe asegurarse durante los primeros seis meses, y si es posible hasta los dos años, aunque el español Carlos González, exponente de la crianza con apego, considera que puede extenderse hasta los seis años (ver recuadro).
De todos modos, el mercado laboral no parece comprender los beneficios de la lactancia. “Es difícil de mantener con 45 días de licencia. Hay madres que trabajan ocho e incluso más horas, se sacan la leche en un baño y lo intentan, aunque es bastante complicado”, señaló la psicóloga social Julieta Saulo, quien cría a su hija bajo la filosofía del apego y coordina la asociación de madres Las Casildas. “Hay mujeres que no quieren o no pueden elegir la lactancia. Hay otras formas de  generar apego. Es tener una mirada de empatía con los chicos”. Krochik considera que si bien hay cada vez más grupos en los que se fomenta la crianza con apego, en la sociedad “las madres aún son blanco de encendidas críticas si atienden con rapidez al llanto del niño, si practican el colecho o si amamantan prolongadamente a su hijo. Todo esto y más es considerado, sin dejar lugar a réplica”. Sin dudas, las decisiones sobre cuestiones que hacen a la crianza generan discusiones, incluso en una misma familia. “La crianza es una cuestión cultural y compleja porque intervienen muchos factores. La crianza con apego puede ser muy buena para los padres que creen que lo es”, concluyó Busaniche.

“Los padres comparten muy poco tiempo con sus hijos”
“Vivimos en una sociedad en la que los padres pasan muy poco tiempo con sus hijos”, dispara el pediatra español Carlos González,  uno de  los principales exponentes de habla hispana de la crianza con apego. “Los niños hoy están nueve horas al día en la escuela, separados de sus papás. Eso no había ocurrido antes y no es bueno para los chicos”, asegura el autor del best seller Bésame mucho durante su visita a la Argentina invitado por la Asociación Civil Develar. “Hoy una persona se convierte en padre porque elige tener un hijo, le hace ilusión. Ahora habría que preguntarse qué parte le hace ilusión. ¿Trabajar más para pagarle un buen colegio o compartir tiempo con él, criarlo?”
—¿La crianza con apego entonces es incompatible con el trabajo?
—No, pienso que deberían existir más facilidades para la mujer. Por ejemplo, que de ser posible pueda ir al  trabajo con sus hijos. Si una campesina de los Andes puede trabajar con su niño en la espalda, ¿por qué no una oficinista en Buenos Aires? Y, por otra parte, cuando eso no se puede hacer, tener más posibilidades: una licencia mayor para poder estar con el niño cuando es pequeño y luego un horario parcial. 
—¿Hasta cuándo se debe amamantar a un niño?
—La lactancia materna debe ser a demanda, no importa si el niño tiene seis años. Cuando una madre da el pecho, el médico la orienta, le dice tanta cantidad de leche cada tres horas. Pero si a la media hora el niño se pone a llorar porque tiene hambre hay que volver a darle el pecho. Lo que sucede es que se ha extendido esa creencia machista de que las madres son todas tontas. Y los médicos que escriben libros para explicar cómo ser madre.
—¿Y el colecho?
—Mi posición es que compartir la cama con el bebé es una decisión de los padres, ellos tienen el derecho a decidir lo que más le conviene y hasta la edad que les dé la gana.
—¿Cómo poner límites?
—Todos los padres saben cómo hacerlo. Si tu hijo quiere comer un chicle, le dices que no porque le hace mal a los dientes. Pero sabes que puedes ceder, negociar. En cambio, si tu hijo quiere beber vino, por más que llore no vas a ceder. Ahora, si un padre piensa que ceder en un chicle es como ceder en el vino, es un fanático.

Después de la lectura la idea es que puedan armar una síntesis, sacar conclusiones y hacer comentarios personales. En nuestro encuentro trabajaremos con esos insumos.
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Niños que muerden


Niños que muerden
En la primera infancia, el hecho de morder no es diferente de otras formas de agresión. Un mordisco ocasional puede ser algo pasajero y sin importancia. Es probable que algunos niños pequeños, que todavía no disponen de un lenguaje suficientemente rico, utilicen su cuerpo para expresarse. Si respondes rápidamente al primer intento, con claridad y con amabilidad, no habrá una segunda vez. Si un niño o niña  repite un mordisco, puede ser por dos cosas: que tus respuestas no han sido lo suficientemente claras, o que la razón por la que ha empezado a morder no se haya  resuelto.
Los niños muerden mucho más cuando están al cuidado de otra persona, en grupo o en jardines de infancia que cuando están siempre al cuidado de sus padres. No obstante, los niños atendidos en casa también pueden morder, aunque en un grado menor.
Un niño siempre persigue sus necesidades de forma inocente. Cualquier cosa que haga tiene una razón válida, un propósito específico. Puede ser que tenga hambre, que esté descubriendo los conceptos de causa y efecto, que le estén saliendo los dientes, que esté imitando a otro niño, o que se sienta frustrado..
Cuando un niño muerde de forma ocasional
Más que centrarte en el hecho de morder en sí, céntrate en las causas subyacentes por las que el niño o la niña ha necesitado morder. No me refiero a lo que quiere en ese momento (una golosina, un juguete), sino a la razón profunda que le lleva a expresarse mordiendo. Piensa si puede deberse a un sentimiento de frustración, soledad, celos, impotencia, o una necesidad de más afecto y autonomía. Atiende las causas subyacentes y el síntoma desaparecerá. Gritar, amenazar o castigar al niño no va a ayudar, ya que son respuestas que no se dirigen a la causa real, el niño se sentirá peor y morderá más.
A veces, un niño llega a morder después de ver que los adultos toleramos algunas agresiones al cuerpo o al entorno. Simplemente participa de lo que está observando..
La necesidad de morder, a menudo, es el resultado de sentirse demasiado limitado. Esperar que el niño se contenga a sí mismo (esté tranquilo, acate nuestras propias necesidades o sea educado) puede llevar a un sentimiento de rabia y de impotencia. Aunque tenga los padres más atentos y sensibles del mundo, cualquier niño tiene muchas oportunidades para sentirse impotente y frustrado. Un grito en respuesta a su mordisco puede satisfacer su necesidad de sentirse poderoso: “Ese grito lo he provocado yo”. En mi libro Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos puedes leer todo un capítulo sobre la necesidad de autonomía y poder de los niños, y cómo satisfacer esa necesidad a través del juego, de manera que el niño no necesite morder o pegar.
Prevenir los mordiscos
Es poco probable que un niño que se siente conectado, amado, autónomo y en paz llegue a morder. No necesita hacerlo. Por eso, el primer paso hacia la prevención es respetar la guía interior de  la criatura, evitar depositar sobre él o ella expectativas inadecuadas y restricciones excesivas, y permanecer unidos y conectados. Puede que tengáis que evitar exponerle al juego con otros niños de la misma edad, que a menudo es demasiado difícil para los niños pequeños. Observa si tu hijo o hija es mucho más feliz jugando con un niño mayor o contigo.Tómate las indicaciones de tu hija muy en serio. Ella depende de tus cuidados. Si muerde para llamar tu atención, es porque necesita más atención de la que está dando. Es una necesidad válida y real. Si está frustrada, piensa en la posibilidad de reducir la cantidad de estímulos que recibe y proporciónale juegos e interacciones adecuados para su capacidad.Otra forma de prevenir los mordiscos es reducir el estrés y llevar un estilo de vida más tranquilo. Quédate más en casa, y dedica tiempo a tu niño o niña.
Reaccionar al primer mordisco
Cuando un niño intenta morder por primera vez, una respuesta física rápida, clara y cariñosa puede prevenir que se produzca de nuevo. Muchos padres dudan y reaccionan demasiado despacio. Tratando de ser amables, se olvidan de actuar. Una madre me dijo: “Le digo amablemente que no debe morder y que eso duele, pero lo sigue haciendo”.
Los niños pequeños aprenden mejor con sus cuerpos. Sé respetuoso y amable, pero también actúa físicamente, con rapidez y claridad. Si tu hijo le muerde a otro niño, ve rápidamente y apártalo (igual que harías si lo vieras correr hacia la carretera) mientras dices algo así como: “¡Oh, no!”, en un tono claro pero amable. La primera vez puede ser la última si tu respuesta es clara. Si pruebas primero con las palabras y esperas a intervenir cuando el niño ya se ha lanzado a su acción, seguramente lo volverá a hacer. No se lo tomará muy en serio si tú no lo haces. Sé amable, amoroso y sensible cuando detengas al niño. No juzgues ni sermonees. En lugar de eso, mírale a los ojos, sonríe, abrázalo y valida sus emociones: “¿Ya has jugado bastante con Lili? ¿No quieres jugar más?” Puede que tenga hambre, que necesite llorar o simplemente estar cerca de ti. También puedes ofrecerle algo para morder, como un alimento o un objeto adecuado para ello.
Morderle al niño “para que aprenda lo que se siente” le creará confusión y le hará daño. Si actúas así, le estarás comunicando que eso es algo que se puede hacer, ya que tú lo estás haciendo. Su reacción será de dolor, consternación y miedo, ya que tú eres la persona en quien confía para recibir amor incondicional y sentirse seguro. Darle una miniconferencia a un niño pequeño tampoco es beneficioso. Todo lo que el niño podrá entender es: “Mi papá no está contento conmigo. Soy malo”. Como resultado, dudará de sí mismo e incluso morderá más.
Satisfacer las necesidades
Para prevenir las causas por las que el niño muerde, colma sus necesidades básicas de amor, atención, conexión y cuidados. Esto no significa que tengas que darle siempre todo lo que pide. Un niño emocionalmente contenido no pide tantas cosas. Pedir cosas es un sustituto de una necesidad primal. La cercanía física previene la mayor parte de las dificultades de los niños pequeños. No obstante, si tienes más de un hijo, no siempre es posible mantener esa cercanía. Haz todo lo que puedas para ofrecer espacio para que cada niño pueda estar cerca de ti. Siéntate a dar el pecho en un sofá grande, toma la mano del niño que no se puede sentar en tu regazo, y conecta con él a través del tacto y de las palabras: “Cuando se duerma el bebé, vamos a leer un cuento juntos. Tengo muchas ganas de estar contigo.”
Muchas veces, morder es solo un juego. Cualquier cosa que haga el niño nos dice cómo podemos ayudarle. Si muerde porque le gusta el efecto que eso produce, le podemos ofrecer otras actividades que satisfagan esa necesidad. Déjale encender y apagar la luz, o subir y bajar el volumen de la música; déjale empujar el carrito, regar el jardín con la manguera, o producir otros efectos dramáticos.
Nunca hay necesidad de regañar o enfadarse con el niño. No tiene mala intención. Está haciendo lo mejor que puede para cuidarse a sí mismo. Necesita una guía, satisfacer sus necesidades, un lugar seguro donde depositar su frustración, sus deseos de jugar, donde recibir amor y atención. Sé el aliado de tu hijo. Los niños pequeños no muerden, pegan o rompen cosas cuando gozan de contención, cuando respondemos a sus iniciativas con rápidez, de forma física, clara y tranquila. Si un niño rompe un libro, respóndele rápidamente y ofrécele en lugar del libro una pila de revistas viejas. Si se mancha el pelo con la comida, toma la cámara de fotos y disfruta de la diversión; tendrás todo el tiempo del mundo para limpiar, y muy poco tiempo para disfrutar de tu niño.
Detener al niño que ya muerde
Colmar las necesidades de cercanía, afecto y contacto humano son la clave para prevenir cualquier tipo de agresión y de dificultad emocional. Permanece cerca del niño, sé atento, disfrutalo, y su felicidad le hará estar en paz consigo mismo y con los demás.
Mis hijos han confiado en mi guía porque siempre he estado junto a ellos. Por ejemplo, en lugar de decir “no hagas eso”, me acercaría rápidamente, interrumpiría la acción y ofrecería una solución: “Ya veo que quieres golpear el suelo con la escoba; mira, aquí puedes golpear, en el porche”. Y si no puedo ofrecer una solución, estaré ahí para deterner la acción físicamente y validar los sentimientos del niño si es necesario. Por ejemplo, si mi hijo pequeño quiere tocar en la tienda un juguete que yo no tengo intención de comprar, le diré:”Ya veo que te gusta esta casita y que te gustaría llevártela a casa. ¿Te gustaría mirarla un rato más? Puedo esperar”.
Esta forma de afrontar las cosas le permite al niño ver a Mamá y Papá como sus aliados. “Se da cuenta de lo que necesito y me lo da”. O bien “Cuando saqué los libros de la estantería y los rompí, me dio una pila de libros más grandes (revistas) para que los pudiera romper. Mamá comprende lo que necesito”. Y si no hay solución, de todas formas puede sentir que “Mamá comprende mis sentimientos”. El niño no interpreta que lo que quiere es malo, solo que no se puede hacer.
Todas estas necesidades son variaciones sobre el sentimiento de impotencia. Para darle al niño un espacio donde pueda expresar su necesidad de poder, prueba a jugar a “juegos de poder”. (1) Los niños inician a menudo juegos de poder que suelen ser interrumpidos por los adultos. Si un niño se va corriendo porque no quiere ponerse el pañal o el pijama, en lugar de frenar su intento de escapada, juega con él o ella. Puedes decir: “¡Oh no! ¡Otra vez se ha escapado!”, corre detrás, haz como que lo atrapas, déjale escapar otra vez y repite el juego de nuevo. Los niños inician espontáneamente muchos juegos de este tipo. Permanece atento y sé flexible. O bien, podéis jugar a variaciones del juego “Simón dice”, y tú puedes repetir lo que indique tu hijo o hija. Si se siente satisfecho a través del juego, no necesitará morder o conseguir poder de otras formas.
Permite que tu hijo o hija se sienta satisfecho y decida terminar el juego cuando haya tenido suficiente. Si eres tú quien decide finalizar el juego, el niño va a percibir que tú tienes el poder, y toda la alegría y el bienestar que habíais ganado desaparecerán.
Morder a otros niños
Si tu hijo muerde en un grupo de juegos, es que se siente demasiado frustrado y estaría mejor sin el grupo. No hay prisa en exponer al niño al juego con otros niños de la misma edad, eso no es natural y crea dificultades sociales que no son naturales. Si le permites jugar con adultos o con niños mayores y cariñosos, probablemente dejará de morder.
Cuando un niño muerde a sus hermanos, la situación es similar al reto de jugar en grupo, solo que es una situación no se puede cambiar. Es evidente que el niño que le muerde a un hermano se siente frustrado y necesita más conexión con los adultos. Saber que esta es la causa puede ayudarte a ser empático, validar sus sentimientos y tal vez ser más creativo para encontrar formas de dedicar tiempo de atención exclusiva a cada niño. Haz todo lo que puedas para ofrecer espacio para que cada niño pueda estar cerca de ti. Siéntate a dar el pecho en un sofá grande, toma la mano del niño que no se puede sentar en tu regazo, y conecta con él a través del tacto y de las palabras: “Cuando se duerma el bebé, vamos a leer un cuento juntos. Tengo muchas ganas de estar contigo.”

Después de la lectura la idea es que puedan armar una síntesis, sacar conclusiones y hacer comentarios personales. En nuestro encuentro trabajaremos con esos insumos.
Sinceramente espero qque hayan disfrutado de la lectura y que tengamos muchas reflexiones para compartir…
                                                          Estela Quiroga









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Mi foto
Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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