lunes, 10 de junio de 2013

TODO LO QUE DEBEMOS SABER SOBRE LOS CUENTOS TRADICIONALES INFANTILES






Los cuentos tradicionales infantiles derivan de relatos populares, anónimos y orales -cuyo origen es muy difícil precisar- que circulaban entre el campesinado desde tiempos inmemoriales. No eran considerados entonces relatos exclusivamente infantiles, pues sus destinatarios eran tanto los niños como los adultos.
Para la cultura occidental, la literatura infantil nace cuando los relatos orales del folklore medieval europeo son fijados por la escritura, a partir del siglo XVI, en recopilaciones tales como las de Basile y Straparola. A fines del XVII Charles Perrault publica Los Cuentos de Mamá Oca, que incluyen varios de los clásicos más conocidos, tales como “La bella durmiente del bosque”, “Cenicienta” y “Caperucita Roja”.Igualmente importantes fueron los Cuentos de niños y del hogar de los hermanos Grimm, las recopilaciones
de cuentos rusos de Afanasiev.
Si examinamos la trama de la mayoría de estos relatos, es difícil determinar cuánto ha sido aportado por el material folklórico originario y cuánto por la inventiva de sus autores. Algunos de ellos, como Afanasiev muestran un apego más filológico a los originales, otros como Perrault y los hermanos Grimm recrean más o menos libremente los relatos de tradición oral y, por último, autores como Andersen tienden a tomar el folklore como fuente de ideas y temas para crear nuevos cuentos.
En este devenir, el género sufrió algunas transformaciones. Las primeras versiones –inclusive las de Perrault-conservan la crudeza que era propia de los textos folklóricos orales. En ellas abundan los abandonos y
maltratos de niños, los asesinatos, inclusive las violaciones y el canibalismo.
En la versión original de “La Bella durmiente”, por ejemplo,
 la princesa es violada , abandonada y da a luz a dos hijos ilegítimos que están en peligro de ser devorados por una
 ogresa. Que los niños escucharan estas historias no
constituía problema alguno en una época en que eran
vistos como adultos pequeños y por tanto, hacían cosas tales como trabajar duramente y concurrir a las ejecuciones públicas en las plazas.
Este apego a la morbosidad que tanto nos puede  impactar hoy, por aquel entonces era moneda corriente, claro que deberíamos pensar u poco en aquellos tiempos en los cuales  la situación del campesinado medieval era paupérrima. La gente vivía hacinada, cundían las guerras y las epidemias, la población en general moría muy joven,
de modo tal que proliferaban las madrastras y los huérfanos. Los niños –que eran testigos y víctimas de esta situación- no recibían tratamiento privilegiado alguno. Tal como lo explicamos en nuestras prieras clases eran verdaderos adultos en miniatura, tampoco existía un concepto de familia. Ustedes recordarán que recién a fines del siglo XVIII y principios del XIX se genera otra idea de niño y de familia. etapa diferente y específica de la vida, c En este contexto, los cuentos tradicionales infantiles pasan a ser considerados como literatura dirigida especialmente
a los niños. Claro que para ello sufren una serie de adaptaciones: los contenidos violentos y las referencias sexuales que arrastraban de su pasado medieval, rural y adulto son cercenados o morigerados. De esta manera, las historias quedaron aptas para educar a los niños en los valores de esta nueva sociedad. Se introdujeron entonces por doquier cazadores bondadosos, princesas muy buenas y bellas y hadas encantadoras, dando lugar a un mundo más seguro y predecible. También se instaura el final feliz como regla de oro en los cuentos infantiles tradicionales. En líneas generales, las versiones que conocemos proceden de este último período.
En las últimas décadas, los cuentos tradicionales han sido objeto de estudio de la psicología, sociología, pedagogía y antropología, y han suscitado numerosas polémicas en torno, por ejemplo, a la visión de la sociedad que reflejan, al rol asignado a las mujeres, a su impacto sobre la
psiquis de los niños, entre otras. La lectura de estos relatos por parte de los niños fue enfáticamente desaconsejada por algunos estudiosos que sostenían que, particularmente en sus primeras versiones, podían causarles traumas y frustraciones, al originarles temores y sufrimientos innecesarios. Sin embargo otros autores piensan todo lo contrario. Bettelheim sostiene que, en virtud de su universalidad en el tratamiento de cuestiones
esenciales de la condición humana, los cuentos infantiles tradicionales ayudan a los niños a construir su personalidad y a alcanzar la madurez vital porque les permite visualizar que la lucha contra las dificultades de la vida es una parte intrínseca de la existencia. (Les recomendamos muy especialmente que lean el material bibliográfico del módulo correspondiente)

Los cuentos tradicionales llegan hasta nosotros en
reelaboraciones cinematográficas, literarias, y de la cultura de masas, encubiertos a veces en otras tramas. En ellas aparece un sentido didáctico nuevo en torno a cuestiones tales como la conservación de la naturaleza y el respeto a las diferencias físicas y culturales.
Los cuentos infantiles han evolucionado porque nuestra cultura ha cambiado y el propio concepto de infancia ha ido variando en función del contexto histórico. De este modo, a lo largo de una continuidad histórica que se inicia en la tradición oral, pasa por la difusión literaria y se recicla en la cultura audiovisual, este material narrativo renace y se resignifica una y otra vez...

Formarse como lector implica, entre otras cosas, inscribirse en una tradición cultural. Saber algo sobre el origen de estos cuentos permite considerarlos como objetos culturales atravesados por la historia, impregnados de una vasta complejidad propia del espíritu humano, estos cuentos son el acervo cultural de la humanidad, se nutrieron de los mitos y las leyendas y conservan el germen de toda la raza de hombres y mujeres, sus miedos, sus pasiones, sus bajezas y sus logros. Es por ello fundamental procurar que esta profundidad entre al aula, que no se banalice su sentido moralizante, que no se caricaturicen en versiones que, en nombre de la simplificación, han perdido toda su carga cultural y literaria. Estos cuentos merecen recibir un tratamiento de textos literarios de pleno derecho. Los chicos deben ser tratados como lectores plenos.

Ahora bien, cuando hablamos de CUENTOS DE HADAS estamos hablando de  la presencia de lo maravilloso,
entendido como la naturalización de lo sobrenatural, es una característica del universo ficcional que estos relatos crean. Esto quiere decir que en el mundo representado por estos cuentos los sucesos extraordinarios no necesitan ser explicados, ya que en ese mundo “las cosas son así”. Lo mágico es verosímil, es decir, es creíble desde el mundo de la ficción aunque no sea verdadero desde la realidad. El lector no se desconcierta cuando el beso del príncipe revive a Blancanieves en su ataúd de cristal, cuando las lágrimas
de Rapunzel sanan la ceguera del príncipe causada por el hechizo de una bruja o cuando los niños encuentran una casita hecha de dulce…
A esto es a lo que se refiere Tzvetan Todorov, un estudioso de las estructuras de los relatos, cuando habla de la verosimilitud: un suceso dado “suena” verosímil cuando está admitido dentro de las convenciones del género. Otro investigador que es necesario que conozcan para abordar este género es Vladimir Propp.
 Propp considera que todos los cuentos tradicionales responden a una estructura básica y que esa estructura  básica está dada principalmente por situaciones que los personajes atraviesan, a las cuales llama funciones. Algunas de las funciones más importantes son: el héroe abandona su casa, es puesto a prueba mediante la asignación de una tarea difícil, entra en posesión de un medio mágico, se traba en lucha con el
antagonista y lo vence, el antagonista es castigado, el héroe se casa y termina ascendiendo al trono, cambiando de estatus. Esto es muy parecido si lo pensamos con la estructura de los mitos, cuando hablábamos del CAMINO DEL HÉROE.

Esta organización estructural está en directa correlación con la caracterización de los personajes. En los cuentos tradicionales, los personajes son la función que les toca cumplir, es decir, se constituyen en virtud del papel que les es asignado en la historia: el protagonista (el príncipe, la princesa, el niño desvalido), el antagonista (bruja, madrastra, ogro, dragón), el ayudante (hada, duende, animal humanizado). Dado que actúan y se agotan en función de la trama, reciben una caracterización
mínima, exenta de los matices propios de la psiquis humana. Es muy difícil, por ejemplo, diferenciar al príncipe de Rapunzel del de Basilisa la Hermosa.
Esta tipificación se ve enfatizada por dos fuertes tendencias de los cuentos tradicionales en cuanto al tratamiento de los personajes: el contraste (se dividen en buenos-malos, lindos-feos, ricos-pobres,etc.) y la limitación a
dos del número máximo de personajes que aparecen en
escena al mismo tiempo.
Aprender sobre un género es, en alguna medida, ir tras los pasos de Propp y no hay otro modo de hacerlo más que leyendonumeroso textos y delimitando lo que ellos tienen en común. Para ello es preciso establecer comparaciones entre personajes, advertir que ciertas situaciones se
parecen, paladear algunos modos del decir que le son propios.

Fuentes bibliográficas:

Proyecto seguir un personaje: brujas. Dirección gral de Cultura y Educación. http: //abc.gov.ar/lainstitucion sistema educativo/Prácticas del lenguaje/documentos

Diseño Curricular para la Educación Primaria. Primer Ciclo. Prácticas del Lenguaje. DGC y E, Buenos Aires, año 2007, p.105.

Los conceptos de Robert Darnton acerca del contexto histórico en que circulaban los relatos orales fueron extraídos de su trabajo La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa. México, Fondo de Cultura Económico, 1987.

Bettelheim, Bruno, Psicoanálisis de los cuentos de hadas. Editorial Crítica, Barcelona, 1999.












MÁS SOBRE ESTE TEMA...

Todos somos palabra, todos nos construimos desde nuestras propias historias, siempre fue si y siempre seguirá siendo así.
 Las culturas de todos los tiempos  tuvieron esa imperiosa necesidad de contar sus vidas, sus experiencias, sus fantasías y no estaban destinados a los niños porque la idea de niño como tenemos hoy no nace sino hasta el siglo XVIII El origen del cuento se remonta a tiempos tan lejanos que resulta difícil indicar con precisión una fecha aproximada de cuándo alguien creó el primer cuento. Se sabe, sin embargo, que los más antiguos e importantes creadores de cuentos que hoy se conocen han sido los pueblos orientales. Desde allí se extendieron a todo el mundo, narrados de país en país y de boca en boca. Este origen oriental se puede aún hoy reconocer sin dificultad en muchos de los cuentos que nos han maravillado desde niños, y que todavía los leemos o narramos. Pensemos, por ejemplo en LAS MIL Y UNA NOCHE, muchas de sus historias están lejos del público infantil.. Digamos que en   el siglo X, los primeros cuentos de origen árabe y persa llegaron a Europa en boca de mercaderes, piratas y esclavos. Más tarde, éstos mismos, diseminados en distintas  versiones,  La prueba está en que un mismo cuento puede encontrarse en distintos países; por ejemplo, "La Cenicienta", que probablemente tenga sus raíces en los albores de la lucha de clases, conoce más de trescientas variantes, y deducir su verdadero origen, como el de muchos otros cuentos -entre ellos del germano "Rosa Silvestre" y el francés "La bella durmiente del bosque, que son variantes de un mismo tema-, sería  casi imposible. Asimismo, muchos de los cuentos folklóricos, como los compilados por los hermanos Grimm y Charles Perrault, no tienen autores ni fechas.
Los cuentos de procedencia oriental, como los cuentos de hadas que tienen su origen en las leyendas y el folklore de los primeros tiempos, tienen el soporte de la fantasía y comienzan de una forma tradicional: "Érase una vez, un rey en Egipto que no tenía ningún hijo... Hace mucho, muchísimos años, en un lejano país del Oriente, allá donde el sol asoma cada mañana con su cara de oro y fuego, hubo un rey muy poderoso y cruel..." Lo que sigue a continuación no es más que la fusión de la realidad y la fantasía, del mito y la leyenda; fuentes de las cuales bebieron poetas y cuentistas, como si hubiesen mamado de una misma madre, quizá por eso existe tanto parecido entre los libros de unos y de otros.

Las mil y una noches
El lejano Oriente fue también la cuna de Las mil y una noches, célebre colección de cuentos que nos abre las puertas de un mundo lleno de encantos y alucinaciones, narraciones de aventuras fascinantes que proceden de siglos diferentes y cuya redacción definitiva es posterior al siglo XVI. Las mil y una noches es, pues, una creación colectiva de árabes, persas, judíos y egipcios, que escribieron en un estilo popular, lleno de expresiones que no pertenecen al árabe clásico, y aún a veces haciendo uso de dialectos, como en el cuento de "Aladino y la lámpara maravillosa", que fue escrito en dialecto siríaco.
Esta colección de cuentos que pinta poéticamente la vida de los hombres del Oriente, y, particularmente, la astucia de las mujeres del harén, es una joya literaria y una "caja de Pandora", que encierra las figuras más inverosímiles de la imaginación y la fantasía. De principio a fin, los cuentos están cargados de un enorme poder sugestivo, a pesar de que la historia se inicia con un rey, quien en venganza del daño que le causó su primera esposa, da muerte a las demás una vez celebrada la noche de bodas, hasta el día en que contrae matrimonio con la hija del visir de su reino, con la joven y hermosa Schahrazada, quien, para evitar su muerte, relata a su hermana Doniazada y a su esposo, el rey, los episodios de una historia que se prolonga durante mil y una noches -y no mil-, seguramente debido a las supersticiones que los árabes tienen con relación a los números.

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Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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