miércoles, 5 de diciembre de 2007

UN ARTÍCULO INTERESANTE


Bibliotecas escolares: otro mundo posible
José Antonio Camacho Espinosa
La historia de las bibliotecas escolares corre paralela a la historia de la educación. Los grandes pedagogos de finales del siglo XIX y principios del XX como Kilpatric, Decroly, Dewey o Freinet son los creadores de la escuela moderna, germen de las bibliotecas escolares como centros de recursos bibliográficos y de todo tipo, donde el alumno tiene que nutrirse en su proceso de aprendizaje. En 1835 ya se había promulgado en EE.UU. una ley que permitía que los distritos escolares destinasen parte de su presupuesto a la creación y mantenimiento de estas bibliotecas y en 1892 el estado de Nueva York creó su primera División de Bibliotecas Escolares.

En España, fue la II República la que dio un impulso como no se había conocido hasta entonces en el campo de la educación y la cultura, con iniciativas como las Misiones Pedagógicas, llevadas de la mano de grandes personajes como M. Bartolomé Cossío y María Moliner, con las que se crearon de más de 5.000 Bibliotecas Populares entre 1931 y 1935 en las zonas más desfavorecidas social y económicamente. Desde entonces sólo se han acometido actuaciones que no han llegado a generalizarse a todo el sistema educativo español y que, en el mejor de los casos, han sido de carácter temporal y cuya incidencia se ha perdido con el paso de los años. Entre ellas, las Campañas de Fomento de la Lectura que tuvieron lugar de 1980 a 1986, tras un acuerdo de colaboración entre el Ministerio de Cultura y el de Educación; el Programa Piloto para la experimentación de una red de apoyo a las Bibliotecas Escolares, llevado a cabo durante el curso 1995-96 en algunos centros de cinco provincias españolas; o el “gran” Plan de Fomento de la Lectura 2001-2004 que sólo ha reportado a las b.e. un álbum de cromos o un pasaporte de la lectura para los alumnos de E. Primaria y un gran concurso que va a repartir 960.000 ? (¡160 millones de pesetas!) entre seis centros educativos de toda España.

Pero cabría preguntarse qué son las bibliotecas escolares y para qué sirven. No vamos a reiterarnos en tópicos como que vivimos en la sociedad de la información y el conocimiento o que otros países de nuestro entorno nos aventajan decenas de años en infraestructuras y servicios de carácter educativo y cultural. Todas las sociedades y culturas han tratado de transmitir a sus sucesores aquello que aprendieron de sus antepasados y de su propia experiencia, incluso aquellas que no disponían de escritura. Pero no es menos cierto que la historia de la humanidad en su conjunto, y la de determinados pueblos y culturas en particular, nos ha llevado a donde estamos hoy: una sociedad dominada por las comunicaciones y la información gracias, sobre todo, a una red que cubre todo nuestro planeta y que llamamos Internet.

En este contexto se hace más necesaria que nunca una biblioteca escolar dotada de todos los recursos educativos e informativos, de documentos en cualquier soporte, de mobiliario adaptado a los mismos y de unas infraestructuras con amplios y luminosos espacios, con decoraciones atractivas, con buenas colecciones bibliográficas y, desde luego, con equipos que permitan acceder a la información en cualquier lugar del mundo de forma instantánea.

Pero, ¿qué será de todo eso si se carece del personal correspondiente? Si la biblioteca es más necesaria que nunca, el bibliotecario es imprescindible. Todo ese “mar”, al que se asoman cientos, miles, millones de puertos cargados de información y documentación, necesita buenos “capitanes” que sepan llevar nuestra embarcación al destino deseado, al lugar preciso. Un profesional debidamente formado en biblioteconomía y en pedagogía, que organice la información y los documentos que la contienen, que sepa ponerlos al servicio de los usuarios, capaz de ofrecer la adecuada formación documental y con suficientes recursos como para atraer a los niños y jóvenes hacia el mundo de la lectura y el conocimiento.

La escuela que, según los grandes teóricos de la pedagogía y la sociología, debe cumplir la doble función: transmitir los valores y conocimientos de la sociedad en la que está ubicada y abrir puertas a los educandos para descubrir nuevos horizontes, se está convirtiendo esencialmente en la transmisora del orden mundial establecido. La biblioteca escolar, con profesionales debidamente cualificados y equipos de profesores que saquen todo el provecho de esos recursos, puede –y debe- abrir las mentes de nuestros muchachos y poner en sus manos libros, revistas, videos, CD-ROM,... que les permitan conocer el mundo que les rodea y descubrir que, gracias a la palabra, al libro, a la cultura, al conocimiento... otro mundo es posible.

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Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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