
Fue en la biblioteca de la tía Eugenia y el tío Jaime donde encontré el primer libro para adultos del que realmente disfruté. Estaba encuadernado en rojo. Se llamaba Antología del cuento extraño y ahora sé que fue compilada por Rodolfo Walsh. Los cuentos me parecían terroríficos y hermosos. Tendría unos nueve o diez años cuando empecé a leerlos, muy lentamente, porque dependía de las visitas de mis padres a la casa de los tíos. Finalmente conseguí que me lo prestaran y durante muchas noches no dormí, en parte porque me mantenía despierta la pasión de la lectura y en parte por puro miedo.
Tengo conmigo la Antología del cuento extraño, pero ahora ya no es roja sino verde, ocupa cuatro tomos en la edición de Hachette y el nombre de los autores no me es indiferente. Sé que ignoré en su momento el orden dispuesto por el antólogo y que elegí leer primero los cuentos más breves. El primero o uno de los primeros se llamaba Laura, y disfruté una y otra vez de su ironía, su crueldad y el leve escalofrío que me producía el final. A los nueve o diez años me hubiera gustado leer mucho más rápido. Ahora me pregunto cómo recuperar la suave pendiente, la progresión prevista y no por eso menos terrible, de esa lectura tan gozosamente lenta.
Extraído de Libros prohibidos de Ana María Shúa
1 comentario:
Querida amiga! he empezado a recorrer tu blog y no pude menos de emocionarme, primero por Walsh, y segundo por esa antología que creia perdida de mi memoria( fuen uno de los tantos libros que fueron a parar.... allá.-
Era para ésto, nada más. Sigo leyendo las entradas.
Hasta la próxima
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