lunes, 25 de noviembre de 2013

¿DEBEMOS HABLAR CON LOS NIÑOS DE LA MUERTE?

Si un niño vive con la verdad, por dolorosa que esta sea aprende a enfrentar la vida. Muchas veces mis estudiantes, futuros y futuras docentes me preguntan si se debe o no hablarles a los niños de la muerte. Enseguida les respondo con otra pregunta:”¿Creen que debemos hablarles a los niños de la vida?” Pues bien, si hablamos de la vida no podemos no hablar de la muerte, son como dos caras de una misma moneda, la muerte forma parte de la vida.
Recuerdo cuando falleció mi abuelo materno, con las mejores intenciones decidieron ocultarme la noticia pero poco tiempo después, un familiar que ignoraba el hecho me lo comentó y yo sentí como si una espada me atravesara y la ira se apoderó de mí. Hubiese deseado participar de los ritos que implica la despedida y que conducen al duelo.
Cuando falleció el abuelo paterno de mis, entonces muy pequeñas hijas, pensé que lo mejor era posibilitarles su participación para que no viviesen la partida de su abuelo de modo tan desgarrador como yo misma lo había experimentado. Les dije la verdad sin eufemismos. En esa época acababa de divorciarme y temía que fuese una situación incómoda pero nada era más importante que el equilibrio emocional de mis hijas; de modo que les puse sus mejores vestidos y tomamos un Taxi.
        Una de ellas quiso entrar al lugar en donde estaba el féretro, la otra no. Una arrojó flores sobre la tumba, la otra hizo un gesto de adiós con su manito.
Ana y Yael tenían entre siete y ocho años y pudimos hablar de la muerte como de un acontecimiento definitivo. Recuerdo que la de ocho me preguntó si eso podía pasarle a ella e inmediatamente la más chiquita le respondió que esas cosas no le sucedían a los niños: no intervine. Años más tarde, leyendo un artículo de M. Nagy “The clid’s teories concerning  death” pude comprobar una hipótesis que se me había ocurrido aquella tarde, e informarme de algunas investigaciones que, como formadora de futuros docentes me parecieron muy interesantes: Antes de los tres años desde el punto de vista cognoscitivo y afectivo el niño no se ha desarrollado lo suficiente para comprender el significado de la muerte. Entre los tres y los cuatro años pueden considerar la muerte como un efecto temporal reversible. Entre los cinco y los nueve años la percibe como un acontecimiento definitivo que sucede a los demás. De los diez años en adelante se ve la muerte como un acontecimiento inevitable para todos y está asociada al cese de las actividades físicas.
Por todo lo expuesto estoy convencida que éste es un tema a trabajar si se da la coyuntura.
Creo que es importante como docentes que ayudemos a los niños a entender este acontecimiento. Todos sabemos que compartida la tristeza es más tolerable.
Debemos adecuarnos al lenguaje de los más pequeños, tal vez trabajar a partir de fenómenos naturales como el proceso que sufre una flor, que se va marchitando y finalmente sucumbe o trabajarlo desde un cuento para generar un clima de intimidad y reflexión. Muchos son los autores que se han ocupado de este tema: Gustavo Roldán en “Como si el ruido pudiera molestar”  o Tomie de Paola, La abuelita de arriba y la abuelita de abajo, Norma, 2003. También es recomendable el cuento de Laura devetach “Monigote en la arena” y para los más grandecitos tenemos “Pablo” un conmovedor cuento de  Elsa Bornemann…por nombrarles solo algunos.
Desde luego es fundamental la actitud que muestre el adulto frente a la muerte, la idea es que seamos modelos positivos de los más jóvenes. Ser  un modelo positivo no significa mantenerse distante o no conmoverse, significa ser capaces de sostener al otro: un abrazo, una palabra, un gesto resultan fundamentales. Tenemos que ser capaces de ponernos en el lugar del otro.
Todos somos conscientes de lo que nos cuesta sobreponernos de una pérdida. Tenemos que ser respetuosos porque para un pequeño la muerte de un hámster puede ser durísima y nosotros no tenemos derecho a minimizarla. Por eso es imprescindible dar lugar al diálogo.
El duelo es un proceso lento con idas y vueltas tanto en los adultos como en los niños. Tenemos que acompañar a elaborar este duro momento desde una perspectiva positiva



3 comentarios:

Lihuen Pavisich dijo...

¡Me encanto esta entrada! Nunca había leído a nadie escribir sobre este tema.

Estela Quiroga dijo...

Mi muy querida Lihuen!!! Te cuento que lamentablemente estoy atravesando una situación de duelo, hace poco más de un mes falleció mi hermano de 61 años.. escribir sobre estos temas tal vez me permita aceptar esta situación, un abrazo y lo mejor para vos!!!

Lorena Alfonso dijo...

Hola Noniz recién le lei a Vicu tu artículo y el cuento de Roldan. Ella dice que le gusto y que Gracias!
Coincido en tu concepto de la muerte y de como hablar con los niños. Son días difíciles, de mucha reflexión y diálogo y al mismo tiempo de conexión y crecimiento personal.
Gracias por compartir tus sabias palabras. Gracias por acompañarme.
Muchos besos

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Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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