viernes, 21 de septiembre de 2007

Una novela juvenil para tener en cuenta: LOS DÍAS DEL VENADO de L. Bodoc


“Lo que voy a relatar sucedió en un tiempo lejanísimo; cuando los continentes tenían otra forma y los ríos tenían otro curso. Entonces, las horas de las Criaturas pasaban lentas, los Brujos de la Tierra recorrían las montañas Maduinas buscando hierbas salutíferas, y todavía resultaba sencillo ver a los lulus, en las largas noches de las islas del sur, bailando alrededor de sus colas. He venido a dejar memoria de una grande y terrible batalla. "
Bodoc, Liliana: “Los días del venado”

. Cuando pensamos en literatura juvenil, lamentablemente no podemos dejar de pensar en una suerte de producto de mercado, a ese tipo de literatura juvenil se refirió el Dr. Gustavo Bombini[1] en la conferencia que tuvo lugar el 18 de noviembre del 2006 en el marco del Postítulo de Literatura Infantil y Juvenil
En efecto, Bombini habló de “proyectos de escritura basados en un realismo simplificador”. He aquí el primer problema con el que tropezaremos ¿Existe una auténtica literatura juvenil? ¿Una literatura con rasgos propios, con su propia especificidad, o se trata solo de “una concepción de la producción literaria basada en determinados centros de interés típicos del adolescente”? ¿Acaso la llamada literatura juvenil debe implicar necesariamente ciertos rasgos de ingenuidad, un lenguaje que a fuerza de mimetizarse con el cronolecto adolescente se aleja de la literariedad y se aproxima de un modo peligroso al mal gusto?
Siempre hubo libros que le interesaron a los jóvenes pero, ¿acaso fueron pensados de ese modo?, en otras palabras, sus autores, ¿deliberadamente construyeron a ese tipo de lector?
Sin duda, la Literatura Juvenil remite a la experiencia de lectura de un grupo etario y no nos podemos olvidar que ese grupo se inserta en un contexto particular, así los jóvenes de los 70[2] leían con deleite a Cortázar y a otros escritores del Boom y los de los 80[3], aceptaban la literatura de Alma Maritano[4] porque era la que sus docentes le ofrecían y la aceptaban con la misma pasividad que miraban “Montaña rusa” por la televisión de aire, pero claro que no todos los jóvenes, otros se interesaban por otro tipo de literatura, más alejada de la escuela, paradójicamente más cercana a la auténtica literatura.
Ahora bien, ¿qué pasa con los chicos del Nuevo Milenio? Esos jóvenes atrapados por las delicias de las Nuevas Tecnologías, sumergidos en el “Imperio de lo efímero”, esos jóvenes solos pero comunicados?
Nos parece pertinente esta pregunta porque la novela que ocupará nuestra atención en el presente trabajo vio la luz justo hacia el año 2000, de hecho nos referimos a “Los días del venado” de Liliana Bodoc[5]
Según Marc Soriano: “En los últimos años se ha desarrollado con fuerza la llamada Literatura Juvenil de características bien definidas: Predominio de lo autobiográfico, temática contemporánea, en ocasiones con cierto dejo de ejemplariedad”. Por otra parte en su artículo “El malentendido adolescente” Claudia López y Gustavo Bombini sostienen que “han aparecido en el mercado editorial escolar textos fácilmente reconocibles (…) que imponen la construcción de un estereotipo de lector.”[6]
La pregunta que será eje vertebral del trabajo es ¿Liliana Bodoc construyó un lector estereotipado en la novela que nos ocupa?
Para responder intentaremos aproximarnos de algún modo a cierta génesis de la escritura de la autora, al menos a través de sus propias declaraciones :[7] (el subrayado es nuestro)
¿Cómo nace la idea de armar una trilogía?
—Lamentablemente, no tengo ninguna anécdota sorprendente que contar al respecto; tendría que ficcionalizarla. Pero la verdad es que la saga nació como una decisión casi arrebatada que pasó primero por lo ideológico. De más está decir que uso el término "ideológico" en su acepción más amplia. Ahora, yo creo que las ideologías están muy entremezcladas con lo afectivo. Yo procuré unir en mi saga convicciones y amores: quise escribir una saga que enalteciera la lucha del hombre por la libertad, la relación de amor con la naturaleza. Y, por supuesto, lo mágico como modo intuitivo de conocimiento.
—¿Sabías para qué tipo de receptor podía ser la novela?
—La verdad es que no me senté a escribir una novela juvenil , sino una saga épica. Descubrí después que los jóvenes podían ser receptores entusiastas de mi trabajo. Tanto es así que finalmente fue Antonio Santa Ana, editor de Literatura infantil y juvenil del Grupo Editorial Norma, quien decidió publicarla.
Por otra parte también nos parecen muy significativas las palabras de la autora en otro reportaje, veamos.[8]

Por Verónica Castro
—Hace ocho años que empezó a escribir Saga de Los Confines, y sabemos que pasó mucho tiempo leyendo textos específicos, los diarios de Colón, cartas de Hernán Cortés, libros de historia, antropología, literaturas americanas y mitos, para luego inventar su propia leyenda de un mundo imaginario. Vladimir Nabokov, por ejemplo, una vez contó que escribía de forma desordenada en fichas y que no escribía el cuarto capítulo después del tercero y tampoco empezaba por lo que finalmente sería el principio de la novela, y que un promedio de tres fichas resultaba ser quizás luego una página del libro. ¿Usted cómo vive el proceso creativo? —Mi trabajo de creación literaria comienza con un orden bastante riguroso; sobre todo en la construcción lógica del relato. De no hacerlo, temería perderme y errar en la extensión del tiempo y el espacio narrativos, en la diversidad de personajes y en la simultaneidad de las acciones. Sin embargo, ese orden se va “ablandando” a medida que avanza el relato y voy apropiándome de mi territorio de ficción. Al principio tengo muy a mano mi cuaderno de notas, mapas y esquemas. Un buen día, cuando me sitúo en ese relato como en mi propia casa, el cuaderno queda casi olvidado.
—Su trilogía épico-mágica, inspirada en las leyendas aborígenes de Latinoamérica –bien o mal calificada como literatura juvenil– refleja una hondura filosófica digna de conocida por los jóvenes. ¿La ficción puede transmitir la realidad de una situación mucho mejor que cualquier otro tipo de discurso? —La ficción es un lenguaje poderosísimo para despertar o ahondar la comprensión de la realidad. Porque emociona, estremece, arrasa defensas y prejuicios. Porque redime. El contenido de un mensaje es esencial, sin duda alguna, ¡pero la forma también! El arte “repone” la realidad desde lo estético y, en ese movimiento, la potencia y la hace trascendente. ¿O es lo mismo la foto familiar de un campo de girasoles que los girasoles, genialmente distorsionados, de Van Gogh? En función literaria, en grado estético, el lenguaje encuentra su máxima potencia de connotación y expresividad. Creo que cuando la verdad y la gracia se reúnen en un texto, su eficiencia se multiplica.
—En los tiempos que corren parecería que leer por placer es un hábito que languidece. ¿Cuál es el desafío, hoy, de la literatura? —Coincido plenamente en que, en los tiempos que corren, leer por placer es un hábito que languidece. Yo agregaría, para argumentar mi respuesta, que conversar, caminar, observar por placer también son hábitos que languidecen. El concepto de placer ha languidecido o bien se ha mercantilizado. Por eso mismo creo que el gran desafío de la literatura es lograr que quien se sentó a leer un libro por obligación acabe leyéndolo por placer. La diversión, en su sentido de alejamiento de lo cotidiano, es un objetivo esencial para el arte.
—¿Cuáles son sus referentes literarios? —En cuanto a mis referentes, y hablando específicamente de Saga de Los Confines, tengo que hacer una diferenciación. En lo genérico (fantasía heroica), la deuda principal es con J.R.R. Tolkien y con Ursula K. Le Guin. Sin embargo, si hablamos del lenguaje y de concepción cultural tengo como referente la literatura latinoamericana. Muy especialmente aquella ligada a lo mágico americano: García Márquez, Álvaro Mutis, Jorge Amado, Juan Rulfo, etcétera. Añado que mucho le debo también a mis lecturas de textos antropológicos.
—Apelando a su riqueza narrativa y a los recuerdos de su paso por la enseñanza, ¿cómo expresaría lo que implica ser docente? —Trabajar sobre el crecimiento, sobre el hombre en crecimiento, es una tarea de la más alta responsabilidad. Inmersos en las grandes dificultades sociales, tratando con el niño y su hambre, con el joven y su desaliento; enfrentados a la tarea de defender el conocimiento frente a un modelo mundial imperante que, en la práctica, lo desautoriza y lo menoscaba, los maestros debemos (voy a permitirme esta inclusión hecha desde el amor), debemos traer de regreso la honra de “ser” contra la soberbia de “poseer”. Debemos traer de regreso la reflexión y la duda contra la abulia y la irreflexión. Los sueños apasionados contra quimeras hollywoodenses, la luz de la diversidad contra los reflectores de las pasarelas. Debemos preparar a nuestros niños para la pelea del pensamiento, porque la opción es la pelea o la esclavitud.
Realmente nos parecieron tan reveladores estos reportajes que no creímos prudente soslayarlos y desde luego no tenía sentido reformularlos sino acceder a ellos directamente y esa fue la razón por la cual decidimos transcribir los fragmentos más significativos

Sin duda Liliana Bodoc no “prefabricó” a su lector. Pero los invitamos a dar un paso más allá, les proponemos ingresar al texto para probar a partir del mismo cuál es la distancia que existe entre “Los días del venado” y la llamada Literatura Juvenil. Elegimos como epígrafe de este trabajo un fragmento de la novela que pone de manifiesto una atmósfera épica, de hecho en las primeras líneas se empiezan a palpar todos los tópicos que constituyen el género: Guerra, viaje, enfrentamientos entre el Bien y el Mal, la Magia
Frente a esta propuesta resulta imposible no pensar en Tolkiem, e incluso es difícil evitar preguntarse ¿Acaso esta no es una literatura juvenil que está probando con otra fórmula que dio buenos resultados? Tal vez no sea autobiográfica, ni sus personajes tengan la edad de los lectores pero cómo estar seguros que no imita otro tipo de estereotipos. Claro que a medida que uno va adentrándose en sus páginas y a pesar de no simpatizar demasiado con el género, hay algo envolvente que nos obliga a participar de ese mundo nuevo, en donde todo implica un esfuerzo porque se trata de un espacio diferente, así uno poco a poco se va familiarizando con los lugares: las tierras de los hisihuilkes, ubicada en Los Confines y el Desierto implacable en el que habitaban los Pastores, aprende a mirar con simpatía a los lulus y a escandalizarse frente a su muerte y empieza a descubrir que, en efecto, no se trata de una burda imitación de “El señor de los anillos” sino que hay otra voz que tiene que ver con lo latinoamericano y no se puede dejar de asociar esas naves que tanto se mencionan con la Conquista, es imposible separar la figura de Molitzmós (uno de los convocados al Concilio) de la idea de un poderoso monarca Maya. Lo que se advierte a lo largo de todo el libro es el alto grado de literariedad que hace que uno termine viajando sin remedio hacia Beleram gracias al ingenio poético de la autora que la hace decir cosas como:
“El guerrero esperó que la sangre le desocupara la garganta. Sabía que sus palabras tenían un difícil regreso” (Bodoc,L: Los días del venado 2000/ p p 83)
“Entonces la Muerte desobedeció. Y moldeó un huevo de su propia saliva..” (op cit.p 99)
“El centinela dejó ir su mirada y bostezó contra la noche” (op. cit p 133)
La lista seria interminable pero no se trata solamente de un trabajo estético sobre el lenguaje sino de un fuerte compromiso que le otorga solidez al texto. Los personajes no son héroes intachables, tienen fisuras que los humanizan. El tema de la libertad, la dignidad, tanto individual como comunitaria, el respeto por la naturaleza, el arraigo a la tierra, no aparecen como “valores a imitar” sino que están ahí y el lector no puede ignorarlos, pero no hay nada “servido”, “masticado” el lector debe hacer un esfuerzo para construir, asociar, reponer, elaborar a partir de todo ese universo de símbolos. De este modo Liliana Bodoc está poniendo en juego una serie de competencias en sus lectores, a quienes desde luego no subestima, por el contrario hay un enorme respeto por el lector. “Los días del venado” no es en absoluto un pretexto con fines netamente comerciales, Bodoc se mantiene fiel a su ideología, dice lo que necesita decir y eso hace que su novela valga la pena. El texto ubica al lector en la ficcionalidad propia de un mundo épico mágico y como ya dijimos, desde el primer momento quedan establecidas las reglas narrativas. La trama se desarrolla sin altibajos, al contrario a medida que avanzamos en su lectura se va tensando y el lector se va dejando ganar por ese mundo mítico prolijamente construído, explorado, investigado. Pareciera que nada estuviese librado demasiado al azar, los nombres, los lugares, los personajes cada detalle tiene una explicación. El lector de Bodoc debería manejar una fuerte competencia cultural para que la lectura sea plena. Al menos tener claro ciertas costumbres, mitos y leyendas de los mapuches para descifrar la simbología indígena. El título de la novela hace referencia a la alianza militar y de resistencia que pone en marcha el pueblo de las Tierras Fértiles para defenderse. La autora explica: “Elegí el venado por dos razones: en primer lugar porque se trata de un animal que tiene un alto grado de presencia en la simbología indígena. En realidad era considerado un animal sagrado y relacionado básicamente con la vitalidad. En segundo lugar, hace referencia a la estrategia que el concilio de Beleram decide implementar ante las dudas sobre la identidad de los que llegan”[9]
En la novela dice:: “Nuestra decisión debe tener patas de venado, para saltar de un lado a otro ocasionando el menor daño posible (….) No le quitemos al venado la posibilidad de saltar (…) un venado con las patas lastimadas es un venado muerto (op.cit. p 191) y más adelante agrega: “No es tarde para el Venado, el Venado defenderá su sangre y su territorio” (Op. Cit. p.p. 227 -228). Desde luego este título poco tiene que ver con “títulos temáticos que hacen referencia directa al argumento de la narración” (Lluch Crepo, G. 1996). Tampoco la estructura de la novela que nos ocupa es convencional. Se trata más bien de una obra relativamente extensa, dividida en tres partes : La primera integrada por once capítulos, la segunda por doce y la última por siete. Los capítulos están titulados.
Es interesante, si de paratexto se trata, atender el mapa que nos presenta el primer volumen de la saga. Resulta difícil mirar dicho mapa sin evocar a partir de sus contornos a nuestra América Latina, ¿o tal vez sería mejor hablar de la América Precolombina? Las Tierras Fértiles. Nos preguntamos (no podemos dejar de preguntarnos) acaso Los Confines están ubicados en nuestra patagonia? Y Beleram, entonces, resulta cercana a la Civilización Azteca.
Con respecto a los personajes no se trata de “Protagonistas individualistas de la misma edad del lector” (Lluch 1996) por el contrario, son personajes que actúan en forma colectiva, las decisiones se toman en un Concilio con un representante de cada lugar: “¿No los convocamos a ustedes con el fin de que tomemos entre todos esta enorme decisión?”(p. 182). La batalla es de todos, ni siquiera el mago Kupuka es omnipotente, de hecho resulta más próximo al brujo de una tribu que a un ser con superpoderes, se vuelve profundamente humano: “El Brujo de la Tierra comprendió que otro mal momento se avecinaba y mientras duró sostuvo a Piukemán entre sus brazos (…) –No puedo hacer nada, nadie puede…” (p. 198)
En cuanto al modo y a la voz narrativa, podemos decir que hay abundante estilo directo que sin duda agiliza la lectura. No obstante la voz del narrador es tan poética y descriptiva que es imposible resistirse: “Seguía lloviendo en la Comarca Aislada. El día en el que los extranjeros desembarcaron caían sobre Beleram aguas delgadas y puntiagudas. Como espinas de cardo.” (p. 202)
“Los días del Venado” no le hace guiños al lector adolescente, en todo caso le exige. Es una lectura de tono mítico, ese tono que todos anhelamos, el de las antiguas historias ancestrales. Una historia que rescata la organización tribal, el respeto por la naturaleza, lo devastador de la guerra, la libertad, el honor: “Tienes la palabra de Cucub. Muerto tendré que estar y muerto dos veces para faltarte” (p.246)
Se trata, como ya dijimos, de una obra que obliga a reponer, un texto polisémico y polémico, porque de algún modo es una fuerte alegoría de la Conquista, tal vez de la otra cara de la Conquista, tema espinoso y que nos duele sin duda.
A esta altura de la exposición solo resta añadir que Bodoc no construye un lector estereotipado, porque como ella misma dice: “—La ficción es un lenguaje poderosísimo para despertar o ahondar la comprensión de la realidad. Porque emociona, estremece, arrasa defensas y prejuicios. Porque redime. El contenido de un mensaje es esencial, sin duda alguna, ¡pero la forma también! El arte “repone” la realidad desde lo estético y, en ese movimiento, la potencia En función literaria, en grado estético, el lenguaje encuentra su máxima potencia de connotación y expresividad. Creo que cuando la verdad y la gracia se reúnen en un texto, su eficiencia se multiplica.
Queda pendiente la pregunta con respecto a la literatura juvenil y su existencia o no, este problema excede nuestro trabajo simplemente queremos recordar que Shakespeare no escribió para adolescentes y sin embago qué joven no disfruta de su tragedia “Romeo y Julieta, acaso Dickens pensó en un público lector de trece años, cuando escribió su “David Cooperfield”, M. Twain, Kafka, Italo Calvino, Cortázar, sin embargo quién no adora sus libros…
Estela J. Quiroga
Marzo 2007









BIBLIOGRAFÍA

Ø Bombini, Gustavo: Conferencia pronunciada en el marco del Postítulo de Literatura Infantil y Juvenil – Noviembre 2006
Ø Bombin, Gustavo y López Claudia: “El malentendido adolescente” Versiones Buenos Aires 1992
Ø Bombin, Gustavo: “El último manotazo” Revista La Mancha Nro 7 Buenos Aires, Agosto 1998
Ø Castro, Verónica: “Educación y Tics” Mayo, 2005 “El reportaje del mes”. http//weblog.edu.ar/ educación y Tics.
Ø Comino, Sandra: Entrevista con Liliana Bodoc , Imaginaria Nro. 132, Buenos Aires, 7 de julio de 2004 (Revista Virtual)

Ø Etchemaite, F. y Sappia, O: “Literatura Juvenil: entre la seducción y la condescendencia” Ponencia presentada en el Primer Congreso Internacional de Liteatura Infantil y Juvenil . Cipoletti 2001
Ø Luch Crespo, G. “La literatura de adolescentes: La psicoliteratura” Grao, Barcelona 1996
Ø Piacenza ; Paola: “Lectura, adolescencia y cannon escolar en la Argentina entre 1966 y 1976” Revista de Letras Nro 8 Universidad Nacional de Rosario 2002
Ø Sormani, Nora Lía: ¿Existe una literatura juvenil? Revista La Mancha Nro 7. Buenos Aires Agosto 1998
Ø Raymondo Difabio, Elbia: Lectura intercultural de Los días del Venado. Revista La Mancha Nro 18. Buenos Aires Julio 2005
[1]Doctor en Letras, titular de la cátedra de Didáctica en Letras de la Universidad Nacional de La Plata; docente investigador de la misma cátedra en la Universidad Nacional de Buenos Aires y autor de numerosos libros.
[2] Según Gagliano se trataba de jóvenes dispuestos a instalarse críticamente en la sociedad, quienes vivían nuevas experiencias sin el permiso adulto
[3] En esta década aparecen los primeros textos dedicados al público adolescente, aunque en los 90 se afianza su difusión (Etchemaite/Seppia 2001)
[4] Publica en 1984 “El visitante”, en 1986 “Vaqueros y trenzas” y en 1989 “En el sur”
[5] Liliana Bodoc nació en Santa Fe en 1958 y vive desde los cinco años en Mendoza. Estudió Letras en la Universidad de Cuyo y ejerce actualmente la docencia. Poeta y narradora inédita, llegó a Buenos Aires con su primera novela, Los días del Venado, buscando una editorial que se atreviera a jugarse por su propuesta. Editorial Norma la publicó justamente en el 2000
[6] Publicado en Revista Versiones, mayo de 1992
[7] Entrevista con Liliana Bodoc por Sanda Comino, Imaginaria Nro. 132, Buenos Aires, 7 de julio de 2004
[8] Véase “Educación y Tics” Mayo, 2005 “El reportaje del mes”. http//weblog.edu.ar/ educación y Tics.
[9] en “Tras los pasos de Harry Potter. Los días del venado una novela que puede ser fenómeno” Revista Nueva N 488, 19 de noviembre 2000, p 65

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Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana.

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