En la esquina del espacio y el tiempo, en medio de la red, con ganas de compartir para que todos podamos aprender, enseñar, crecer porque tenemos una enorme fe en la posibilidad de transformar la realidad...¿Te sumás? Si hay algún tema, alguna pregunta, alguna protesta no tenés más que dejar tu comentario, gracias por visitar este espacio, sinceraamente Estela Quiroga
viernes, 22 de abril de 2016
miércoles, 20 de abril de 2016
PARA COMERTE MEJOR....
“ Para
desarrollar al máximo sus cualidades de alivio, sus significados simbólicos y,
por encima de todo, sus significados interpersonales, es preferible contar un
cuento antes que leerlo. Sí así se hace, el lector debe vincularse
emocionalmente, tanto con la historia como con el niño, sintonizando
empáticamente con lo que la historia puede significar para el pequeño. Narrar
cuentos es mejor que leerlos porque permite una mayor flexibilidad.”
Bethelheim; Bruno, Psicoanálisis de los
cuentos de Hadas
Como muchas veces les he dicho en clase, los
cuentos de hadas suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema
existencial. Esto permite al niño atacar los problemas en su forma esencial,
cuando una trama compleja le haga confundir las cosas, el cuento de hadas es
capaz de simplificar cualquier
situación.
En efecto, pensemos que los personajes están muy bien definidos.
Todas las figuras son típicas en vez de ser únicas.
Contrariamente
a lo que sucede en las modernas historias infantiles, en los cuentos de hadas
el mal está omnipresente, al igual que el bien.
Prácticamente en todos estos cuentos, tanto el
bien como el mal toman cuerpo y vida en determinados personajes y en sus acciones,
del mismo modo que están omnipresentes en la vida real.
En la mayoría de los cuentos, el usurpador
consigue, durante algún tiempo, arrebatar el puesto que, legítimamente,
corresponde al héroe, como hacen las perversas hermanas de «Cenicienta». Sin
embargo, el hecho de que el malvado sea castigado al terminar la historia
proporciona un enorme alivio, claro que en los cuentos de hadas como en la vida
real, el castigo, o el temor al castigo, sólo
evita
el crimen de modo relativo. Lo más fuerte es que los pequeños lectores se
sienten muy identificados con el héroe o la heroína de estos cuentos. Un niño pequeño necesita este tipo de
personajes, vale decir, nada de
ambivalencias.
Al
presentar al niño caracteres totalmente opuestos, se le ayuda a comprender más
fácilmente la diferencia entre ambos, cosa que no podría realizar si dichos
personajes representaran fielmente la vida real, con todas las complejidades
que caracterizan a los seres reales. Las ambigüedades no deben plantearse hasta
que no se haya establecido una personalidad relativamente firme sobre la base
de identificaciones positivas. En este momento el niño tiene ya una base que le
permite comprender que existen grandes diferencias entre la gente, y que, por
este mismo motivo, está obligado a elegir qué tipo de persona quiere ser. Además,
las elecciones de un niño se basan más en quién provoca sus simpatías o su
antipatía que en lo que está bien o está mal. Cuanto más simple y honrado es un
personaje, más fácil le resulta al niño identificarse con él y rechazar al
malo. El niño no se identifica con el héroe bueno por su bondad, sino porque la
condición de héroe le atrae profunda y positivamente. Para el niño la pregunta
no es «¿quiero ser bueno?», sino «¿a quién quiero parecerme?». Decide esto al proyectarse
a sí mismo nada menos que en uno de los protagonistas.
CUANDO DE CAPERUCITA ROJA SE TRATA…
Una niña pequeña, encantadora e
«inocente», devorada por un lobo es una imagen que se graba en la mente de
manera indeleble. En «Hansel y Gretel», la bruja planeaba comerse a los niños;
pero en «Caperucita Roja», el lobo engulle realmente a la abuela y a la niña.
Como ocurre con la mayoría de los cuentos de hadas, existen múltiples versiones
de «Caperucita Roja». La más famosa es la de los Hermanos Grimm, en la que la
abuela y Caperucita resucitan y el lobo recibe el castigo que se merece.
Pero
ustedes también tuvieron la oportunidad de leer la versión de Charles Perrault, que fue publicada un siglo antes
que la de los Grimm,
El
relato de Perrault comienza como todas las otras versiones, contando que la
abuela había hecho una caperucita roja para su nieta y por eso se la conocía con
ese nombre. Un día, su madre mandó a Caperucita a llevar comida para la abuela,
que estaba enferma. La niña tenía que atravesar el bosque, donde se encontró
con el lobo. Éste no se atrevió a comérsela entonces porque el bosque estaba
lleno de leñadores, así que preguntó a Caperucita a dónde iba y ella se lo
comenta con lujo de detalles. El lobo llegó a casa de la abuela fingiendo ser
Caperucita y se comió a la anciana. En la historia de Perrault, el lobo no se
disfraza de abuela, sino que simplemente se acuesta en su cama. Cuando llegó
Caperucita, el lobo le pidió que se metiera en la cama con él. Ella se desnudó,
se introdujo en el lecho y, entonces, sorprendida al ver a su abuela sin ropas,
exclamó, «¡abuelita,qué brazos más grandes tienes!» a lo que el lobo respondió,
«¡para abrazarte mejor!». A continuación dijo Caperucita, «¡abuelita, qué
piernas más largas tienes!» y el lobo contestó, «¡para correr mejor!». Este
breve diálogo, que no encontramos en la versión de los Hermanos Grimm, va
seguido de la famosa serie de preguntas acerca de las orejas, los ojos y los
dientes de la abuela, hasta llegar a la última respuesta del lobo, «¡para
comerte mejor!», «y, al pronunciar estas palabras, el lobo malvado se arrojó
sobre Caperucita Roja y se la comió». Muchas versiones terminan al llegar a este
punto, pero la versión original de Perrault continúa con un breve poema en el
que se plantea la moraleja que debe extraerse de la historia: que las muchachas
no deben hacer caso del primero que se les acerque. Si lo hacen, no es de
extrañar que el lobo las atrape y se las coma. En cuanto a los lobos, podemos
encontrarlos de diversas especies: entre ellos, los más amables son los más
peligrosos, especialmente los que siguen a las jovencitas por la calle, incluso
hasta su casa. Perrault pretendía hacer algo más que entretener a los que
leyeran sus relatos, quería enseñarles
una lección moral muy concreta en cada uno de ellos. Por eso es comprensible
que los modificara para conseguir su objetivo. Como ustedes seguramente estarán
pensando esto es una LITERATURA
DIDÁCTICA y por lo tanto los textos de este recopilador francés pierden
atractivo. Está muy claro que el lobo no es un animal de presa sino una
metáfora, y esto no deja apenas nada a la imaginación del oyente. Estas
simplificaciones y una moraleja planteada directamente convierten a este
posible cuento de hadas en un cuento con moraleja que revela hasta el más
mínimo detalle. De esta manera, la imaginación del que escucha la historia no
puede actuar atribuyéndole un significado personal. Aferrado a una
interpretación racionalista del objetivo del cuento, Perrault procura dejarlo todo bien claro. Por ejemplo,
cuando la niña se desnuda y se mete en la cama con el lobo y éste le dice que
sus grandes brazos son para abrazarla mejor, la imaginación no puede añadir
nada más. Podemos pensar que
Caperucita es tonta o bien que quiere que la seduzcan porque, en respuesta a
esta seducción tan evidente y directa, no hace ningún movimiento para escapar
ni para oponerse a ello.
. En
cualquier caso, no es un personaje con el que uno quiera identificarse. Con todos
estos detalles, Caperucita Roja pasa de ser una muchacha ingenua y atractiva, a
la que se convence de que no haga caso de las advertencias de la madre y de que
disfrute con lo que ella cree conscientemente que son juegos inocentes, a ser
poco más que una mujer que ha perdido la honra. Si se detalla el significado
que el cuento tiene para el niño, aquél pierde su valor; y Perrault va aún más
lejos, elabora este significado. Los verdaderos cuentos de hadas tienen
significado a distintos niveles; sólo el niño puede saber cuáles son importantes
para él en un momento dado. Al ir madurando, el niño descubre nuevos aspectos
de estos cuentos populares y esto le confirma la idea de que ha llegado a una
comprensión más madura, puesto que la misma historia le revela ahora mucho más
que antes. Esto sólo puede suceder si no se le dice al niño, de manera
didáctica, lo que se supone que transmite la historia, es decir, sólo cuando el
niño descubre espontánea e intuitivamente los significados de un cuento que hasta
entonces habían permanecido ocultos.
Recordemos
que los Grimm hacen dos versiones distintas de esta historia. Sería bueno traer en este punto un cuento que
ya analizamos Hansel y Gretel, ya que ambas historias tienen cosas en común,
veamos. En
ambos cuentos, la casa del bosque y el hogar paterno son una misma cosa, pero
experimentados de manera muy diferente debido a un cambio en la situación
psicológica. En su propia casa, Caperucita, protegida por sus padres, es la muchacha
sin problemas, que se encuentra en la pubertad y que puede salir fácilmente
adelante. En casa de la abuela, que está enferma, la misma muchacha se ve
indefensa e incapaz de evitar las consecuencias de su encuentro con el
lobo.«Hansel y Gretel», aferrados a su fijación oral, no piensan más que en comerse
la casa que representa simbólicamente a la madre malvada que los ha abandonado
(les ha obligado a marcharse de casa), y no dudan en arrojar a la bruja a las
llamas como si se tratara de comida. Caperucita, que ha superado ya su fijación
oral, no tiene deseos orales destructivos.
Psicológicamente, es enorme la distancia entre
la fijación oral, transformada simbólicamente en canibalismo, que es el tema
central de «Hansel y Gretel», y la manera en que Caperucita castiga al lobo. El
lobo de «Caperucita» es el seductor; no obstante, en lo que se refiere al contenido
manifiesto de la historia, el lobo no hace más que lo que parece natural, es
decir, come para alimentarse. Y, por otra parte, también es normal que un hombre
mate a un lobo, aunque el método usado en este cuento no es frecuente.
La
casa de Caperucita no carece de nada, y ella, puesto que ha pasado ya por la
ansiedad oral, lo comparte gustosamente con la abuela, llevándole comida. Para
Caperucita, el mundo que está más allá del hogar paterno no resulta un peligro
amenazante a través del cual un niño no pueda abrirse paso. Fuera de su casa
hay un camino seguro, del que su madre le advierte que no debe apartarse.
Mientras
que Hansel y Gretel han de ser impulsados a salir fuera de casa, Caperucita lo
hace voluntariamente. No le asusta el mundo externo pero reconoce lo atractivo
que puede ser para ella. Y en esto, precisamente, radica el peligro. Si el mundo
externo, más allá del hogar y de las tareas cotidianas, resulta demasiado seductor,
puede inducir a actuar de nuevo según el principio del placer —lo cual, suponemos,
ha evitado Caperucita gracias a lo que sus padres le han enseñado en favor del
principio de la realidad—, y así pueden presentarse encuentros que lleven incluso
a la destrucción.
Esta
incertidumbre entre principio de la realidad y principio del placer se afirma
explícitamente cuando el lobo dice a Caperucita: «Mira qué flores más bonitas
hay por aquí. ¿Por qué no te fijas en las cosas bellas que hay a tu alrededor?
Me parece que ni siquiera oyes los pajaritos que cantan. Pareces absorta y
preocupada, como si te dirigieras a la escuela; en cambio, todo lo que te rodea
es hermoso y alegre». La madre de Caperucita ya había advertido a su hija de
este conflicto entre hacer lo que a uno le gusta y lo que uno debe hacer, al
decirle: «No te apartes del camino principal... Y cuando llegues a casa de la
abuela no te olvides de darle los "buenos días" y no empieces a
curiosear por todos los rincones».
Así pues,
la madre es consciente de la tendencia de Caperucita a apartarse del camino señalado
y a espiar en los rincones para descubrir los secretos de los adultos. Observamos
la idea de que «Caperucita Roja» trata de la ambivalencia infantil acerca de si
vivir de acuerdo con el principio de la realidad o con el principio del placer
en el hecho de que Caperucita deja de coger flores sólo «cuando había reunido
ya tantas que no podía llevarlas». En ese momento, Caperucita «se acordó una
vez más de la abuela y se dirigió a su casa». Es decir, el ello sólo cede en su
afán de buscar el placer cuando el recoger flores deja de ser atractivo, y
entonces escuando Caperucita se da cuenta de sus obligaciones.
Caperucita
es más madura que Hansel y Gretel por la actitud de duda ante las cosas que se encuentra
por el mundo. Hansel y Gretel no se preguntan nada acerca de la casita de
turrón ni investigan lo que hace la bruja. En cambio, Caperucita desea averiguarlo
todo, cosa que vemos en la advertencia de su madre respecto a sus ganas de
curiosear. Se da cuenta de que algo anda mal cuando ve que la abuela «tiene un
aspecto extraño», pero el lobo, disfrazado, consigue engañarla. Caperucita Roja
intenta comprender qué sucede cuando le pregunta a la abuela acerca de sus
grandes orejas, cuando se fija en los grandes ojos y se sorprende ante las
manos y la horrible boca. En este punto aparece una enumeración de los cuatro
sentidos: oído, vista, tacto y gusto; el niño que ha llegado a la pubertad se sirve
de ellos para entender el mundo que le rodea. «Caperucita Roja», de forma
simbólica, proyecta a la niña hacia los peligros de sus conflictos edípicos
durante la pubertad y, luego, la libera de ellos, de manera que puede madurar
libre de problemas. Los personajes maternos de la madre y la bruja, que eran
tan importantes en «Hansel y Gretel», son insignificantes en «Caperucita», donde ni la madre ni la
abuela pueden hacer nada: ni siquiera amenazar o proteger. En cambio, el
personaje masculino es mucho más importante y está disociado en dos formas
completamente opuestas: el seductor peligroso que, si se cede a sus deseos, se
convierte en el destructor de la niña; y el personaje del padre, cazador,
fuerte y responsable.
Es
como si Caperucita intentara comprender la naturaleza contradictoria del
personaje masculino al experimentar todos los aspectos de su personalidad: las tendencias
egoístas, asociales, violentas y potencialmente destructivas del ello (el lobo)
y los impulsos generosos, sociales, reflexivos y protectores del yo (el cazador).Caperucita
Roja gusta en todo el mundo porque, a pesar de ser una persona virtuosa, cede
también a las tentaciones; y porque su destino nos indica que el confiar en las
buenas intenciones de las personas, que parece lo ideal, es arriesgarnos a un
montón de trampas.
Tanto
el título como el nombre de la niña, «Caperucita Roja», ponen énfasis en el
color rojo que exhibe abiertamente. Rojo es el color que simboliza las emociones
violentas, sobre todo las de tipo sexual. Las ropas rojas que la abuela regala
a Caperucita se pueden considerar, entonces, como símbolo de una transferencia
prematura de atractivo sexual, lo que se acentúa por el hecho de que la abuela
está enferma y es una anciana, incluso demasiado débil para abrir la puerta. El
nombre de «Caperucita Roja» da fe de la importancia clave de este rasgo de la
heroína de la historia. Sugiere que no sólo la caperuza es pequeña sino también
la muchacha. Es
demasiado pequeña, no para llevar la caperucita,
sino
para conseguir lo que estas ropas simbolizan y lo que el llevarlas significa. El
peligro de Caperucita es su sexualidad incipiente, para la que no está todavía
emocionalmente madura. La persona que, desde el punto de vista psicológico,
está preparada para tener experiencias sexuales puede dominarlas y madurar
gracias a ellas. Pero una sexualidad prematura es una experiencia
regresiva
que estimula todos nuestros aspectos primitivos. La persona poco madura y no
preparada todavía para el sexo y que sufre una experiencia que provoca intensos
impulsos de tipo sexual, retrocede hasta llegar a un modo edípico de enfrentarse
a ellos. La única manera de superar el sexo, según esta persona, es
el
librarse de los rivales con más experiencia, cosa que vemos cuando Caperucita
le da instrucciones concretas al lobo para llegar a casa de la abuela. Sin embargo,
con ello, se ponen en evidencia asimismo sus sentimientos ambivalentes.
Cuando
manda al lobo a casa de la abuela, actúa como si le dijera: «Déjame sola; ve
con la abuela que es una mujer madura; ella podrá hacer frente a lo que tú representas.
Yo no».
Esta
lucha entre el deseo consciente de actuar correctamente y el anhelo inconsciente
de vencer a su abuela (madre) es lo que nos provoca nuestra reacción de cariño
frente a la muchacha y lo que la hace parecer un personaje tan extremadamente
humano. De la misma manera que nosotros, cuando éramos niños, nos encontrábamos
prisioneros de ambivalencias internas que no podíamos dominar, a pesar de
nuestros esfuerzos, también Caperucita intenta traspasar el problema a otra
persona: a alguien de más edad, a un progenitor o a un padre sustituto. No
obstante, este intento de huir de una situación amenazante lleva casi hasta la
propia destrucción.
Pero
recordemos que los Hermanos Grimm
presentan una variación importante de «Caperucita Roja» que contiene,
esencialmente, un elemento añadido a la historia original. En esta versión,
cuando Caperucita lleva de nuevo unos pasteles a la abuela, otro lobo intenta
apartarla del camino directo (de
la
virtud). Esta vez, la niña corre hasta la abuela, se lo cuenta todo y ambas atrancan
la puerta, con lo que el lobo no consigue entrar. Al final, éste resbala por el
tejado y cae a una balsa llena de agua donde se ahoga de inmediato. La historia termina así: «Finalmente, Caperucita Roja
volvió feliz y contenta a su casa, y nadie le hizo daño alguno».
Esta
versión elabora lo que siente el que escucha el relato, es decir, que, después
de una mala experiencia, la muchacha se da cuenta de que no está madura en
absoluto para enfrentarse al lobo (seductor), y que está preparada, en cambio,
para establecer un efectivo vínculo de trabajo con su madre. Esto se expresa
simbólicamente por el hecho de que corra a casa de la abuela tan pronto como el
peligro la amenaza, en lugar de actuar como la primera vez que se encontró con el
lobo. Caperucita trabaja con su madre (abuela) y sigue su consejo —más tarde la
abuela le dice que llene una balsa con agua en la que previamente habían
hervido salchichas, y cuyo olor atrae al lobo que cae en ella—, con lo que
ambas vencen fácilmente al lobo. Así pues, el niño necesita establecer un
vínculo sólido de trabajo con el progenitor del mismo sexo, de manera que a través
de la identificación con él, y del aprendizaje consciente que le proporciona,
el niño llega con éxito a ser un adulto.
Los
cuentos de hadas hablan a nuestro consciente y a nuestro
inconsciente;
por lo que no necesitan evitar las contradicciones, ya que éstas coexisten
fácilmente en el inconsciente. A un nivel de significado bastante diferente, la
desgracia que sobreviene a la abuela puede verse bajo una perspectiva distinta.
El
que escucha la historia se pregunta con razón por qué el lobo no se come a Caperucita
en cuanto se encuentra con ella, es decir, a la primera oportunidad. Como es
típico en Perrault, nos ofrece una explicación que parece bastante racional: el
lobo lo hubiera hecho si no hubiese tenido miedo de algunos leñadores que
merodeaban por los alrededores. Puesto que en la historia de Perrault el lobo es
un seductor, es lógico que un hombre maduro tenga reparos en seducir a una muchacha
ante los ojos de otros hombres.
Las
cosas son muy distintas en el cuento de los Hermanos Grimm, en el que se nos da
a entender que la voracidad excesiva del lobo explica el aplazamiento de su
satisfacción oral. «El lobo se dijo, "qué gordita está esta niña, y qué
tierna debe ser; estará mucho más rica que la anciana: tengo que actuar con
tiento a ver
si
me las como a las dos".» No obstante, esta explicación no es lógica,
puesto que el lobo hubiese podido encargarse de Caperucita allí mismo y después
engañar a la abuela, tal como sucedió efectivamente en la historia. La conducta
del lobo empieza a tener sentido en la versión de los Hermanos Grimm si
suponemos que, para conseguir a Caperucita, el lobo tenía que eliminar primero
a la abuela. Mientras la madre (abuela) esté presente, Caperucita no será suya.
El
cazador es un personaje muy atractivo, tanto para los niños como para las
niñas, puesto que salva al bueno y castiga al malo. Todos los niños encuentran dificultades
en seguir siempre el principio de la realidad, y reconocen fácilmente en las
figuras opuestas, el lobo y el cazador, el conflicto entre los aspectos del
ello y del yo/super-yo de su propia personalidad. En la acción del cazador, la
violencia (abrir la barriga) se pone al servicio de un objetivo social valioso
(salvar a las dos mujeres). El niño tiene la sensación de que nadie se da
cuenta de que sus tendencias violentas pueden ser, al mismo tiempo,
constructivas pero la historia ledemuestra
que pueden serlo. Caperucita Roja sale del estómago del lobo de manera
semejante a una cesárea, con lo que se insinúa la idea del embarazo y del
nacimiento. Con ello se evocan asociaciones de las relaciones sexuales en el
inconsciente del niño. ¿Cómo entra el feto en el útero de la madre?, se
pregunta el niño, y decide que algo así sólo es posible después de habérselo
tragado, como pasa con el lobo.
Hay
otra buena razón para que el lobo no muera al cortársele la barriga y liberar a
las personas que había devorado. El cuento protege al niño de una ansiedad
innecesaria. Si el lobo muriera al abrirle la barriga, como en una operación de
cesárea, los que escuchan la historia temerían que un niño que sale del cuerpo
de su madre va a causarle la muerte. Pero si el lobo sobrevive, y muere
porque se le llena de
piedras, no hay razón alguna para temer el alumbramiento.
Caperucita
y su abuela no mueren realmente sino que vuelven a nacer. Si se quisiera
encontrar un tema central para la gran variedad de cuentos, sería probablemente
el de renacer en un plano superior. Los niños (y también los adultos) deben ser
capaces de creer que se puede llegar a una forma superior de existencia,
superando los pasos que se requieren para este desarrollo. Los cuentos que
afirman que esto no sólo es posible, sino además probable, atraen poderosamente
la atención de los niños porque combaten el miedo de que perderán demasiadas
cosas durante este proceso. Caperucita
Roja es más feliz después de su salvación y Hansel y Gretel son más ricos
cuando vuelven a casa.
Actualmente,
muchos adultos tienden a tomar al pie de la letra lo que se dice en los cuentos,
mientras que debe considerarse como representaciones simbólicas de experiencias
decisivas en la vida. El niño lo capta por intuición, aunque no lo «sabe»
explícitamente. La confianza que un adulto le proporciona a un niño al contarle
que Caperucita no muere realmente cuando el lobo la devora, es experimentada
por el pequeño como una simple manera de decirlo.
No
sólo en «Caperucita Roja», sino a lo largo de toda la literatura de los cuentos
de hadas, la muerte del héroe —distinta de la muerte a una edad avanzada después
de vivir satisfactoriamente— simboliza su fracaso. La muerte del que no ha conseguido
algo —por ejemplo de los que intentaron llegar hasta la Bella Durmiente y
perecieron en los espinos— es un símbolo de que esa persona no está maduratodavía
para llevar a cabo la empresa exigida que sin pensarlo (prematuramente) intentó
realizar. Dichas personas deben sufrir experiencias posteriores que les den los
medios para poder triunfar. Los predecesores del héroe que mueren en los cuentos
de hadas no son más que las encarnaciones anteriores e inmaduras del propio
héroe. Tras sentirse protegida en la oscuridad interna (dentro del
lobo),Caperucita está preparada para apreciar una nueva luz, una mayor comprensión de las
experiencias emocionales, que debe dominar y de las que tiene que evitar porque
la perturban. A través de las historias del tipo de «Caperucita Roja», el niño empieza
a entender —por lo menos a nivel preconsciente— que sólo las experiencias que
nos perturban originan en nosotros sentimientos internos correspondientes,
contra los que nada podemos hacer. Una vez que los hayamos dominado, no
tendremos por qué temer el encuentro con el lobo.
Hasta
aquí el análisis de este cuento según la lectura del texto “Psicoanálisis de los cuentos de Hadas” de todos modos les
recomiendo leer el texto original que tienen en la bibliografía
NORMAL 10 LITERATURA EN LA EDUCACIÓN PRIMARIA PARA LEER Y REFLEXIONAR
EL HUMOR EN LA LITERATURA INFANTIL por Estela Quiroga
“La risa y la cosmovisión carnavalesca,
que están en la base del grotesco, destruyen la seriedad unilateral y las
pretensiones de significación incondicional e intemporal y liberan a la vez la
conciencia, el pensamiento y la imaginación humanas, que quedan así disponibles
para el desarrollo de nuevas posibilidades. De allí que un cierto estado
carnavalesco de la conciencia precede y prepara los grandes cambios, incluso en
el campo de la ciencia.” Bajtín.
Queremos
iniciar esta clase a partir de un registro de los propios niños, luego de haber
escuchado el cuento de E. Wolf “¡Silencio niños!!”
E: Ahora me interesaría escuchar qué piensan
de este cuento
Emilia: Es muy gracioso. Que era todo al
revés, en vez de no hacer lío, hacer lío.
Andrés: Para la maestra lo mejor era hacer
lío y portarse mal.
Paloma: Y asustar a la gente.
Celeste: Y causar el mal para la humanidad.
Paloma: Y a mí me encantó cuando dice “Te
felicito porque te portás mal, te califico Sigue adelante” era más como...todo
al revés, en lugar de ser buenos eran malos.
Fernanda: Tenían que aprender a ser malos.
Andrés: No aprendían ni cuentas ni nada.
Tenían que aprender a asustar a la humanidad.
E: Esto es lo que dicen que es todo al
revés... aprender a ser malos en la escuela, hacer daño a la humanidad. ¿Hacían
lío en la escuela?
Paloma: ¡Sí!
E: Y la maestra los felicita...
Andrés: Para la maestra no estaban haciendo
lío.
E: A ver, explicá un poco eso, Andrés. Tirar
paredes y derrumbar la escuela ¿no es hacer lío?
Andrés: En la escuela nuestra sí. Pero en
esta no, porque es una escuela de monstruos.
(…)
Paloma: Lo raro es también que los monstruos
vayan a la escuela. En otros cuentos los monstruos son grandes y dan miedo.
Natalia: Yo a veces sueño con las historias
de monstruos porque me dan miedo, pero esta me da risa.
Andrés: Es como otras historias de monstruos
porque aparecen Drácula, Frankestein, se derrumba la escuela, pero da risa.
(…)
Pancho: ¡Claro! ¡Ya me doy cuenta! Ellos ven
bien lo que está mal. Parece que el cuento lo escribió un monstruo.
(…)
Natalia: Cuando se portan mal, para nosotros,
en realidad se están portando bien. Si se portaran bien en esa escuela y no
hicieran todo ese lío..., ahí se portarían mal.
E: ¿Y ahí está lo gracioso?
(…)
Andrés: Porque nos hace pensar que es todo en
el mundo de los monstruos y en el mundo
de los monstruos esas cosas están bien.
E: Muy interesante, esto. Hablamos por un
lado del mundo de los monstruos, pero estos monstruos, ¿cómo son, también,
dónde los ubica?
Paloma: Son chicos
Natalia: Pero son personajes que en realidad
son grandes y conocidos: Drácula, Frankestein
Celeste: En realidad, no. No existen
Pancho: En la imaginación sí
Paloma: Existen cuando leemos el cuento
Natalia: Y cuando a la noche nos acordamos y
nuestra imaginación no nos deja dormir.
E: Entonces, veamos cómo hizo para que nos de
gracia
Andrés: Usó personajes famosos, los hizo
chicos y los puso en la escuela
Pancho: Y la maestra es un monstruo y ve bien
lo que nuestra maestra ve mal
Paloma: Y pueden hacer lío sin que los reten
E:¿Qué pasaría en la escuela de ustedes si
hacen estas cosas?
Pancho: Nos expulsan
Paloma: Nos mandan al reformatorio
Celeste: Nos mandan a la cárcel de menores
Natalia: Hay algunas escuelas que tienen
salas de castigos.
E:¿Y en esta escuela de monstruos, qué pasa
con estas cosas?
Paloma: Es lo contrario
E: ¿Es un mundo real?
Andrés: Es el mundo de los monstruos
E: Y no se parece al mundo real...
Varios: No
Natalia: Sí, porque hay escuela, como en el
mundo real
Paloma: Y boletín, y borrador
(…)
Andrés: Es en el mundo de imaginación de los
monstruos, pero también en el mundo real como nuestra escuela
(…)
Andrés: Sí, mezcla los monstruos, que son de
la imaginación con la escuela, que es de la realidad.
E: Entonces, ¿qué pasa en este cuento con el
lugar y los personajes, con la imaginación y la realidad?
Pancho: Los personajes son de la imaginación
y la escuela es de la realidad.
Pancho: Acá se portan como monstruos, pero
son alumnos
Andrés: Y la maestra se porta como una maestra,
pero rara.
E: Veamos ahora qué hizo la escritora. Tomó
personajes que dan miedo y los transformó
Varios: En personajes graciosos
E: La escuela, donde siempre hay que portarse
bien...
Celeste: Es un quilombo (…)
Estas
lecturas de los chicos del cuento de Ema Wolf nos permiten hablar de uno de los
procedimientos más habituales en la literatura infantil contemporánea: la
parodia. En seguida los chicos descubren una relación intertextual,
(imprescindible para la parodia), con la ficción del terror, en particular con
algunos de los personajes más “famosos” del género: la momia, Drácula,
Frankenstein… El mundo de los monstruos tiene sus reglas y los chicos las
conocen. Para los monstruos lo que está mal está bien y viceversa, en otros
términos, se trata de un mundo donde prevalece el crimen, la trasgresión de la
norma. Pero a su vez y superpuesto al anterior en este cuento aparece la
escuela. Un mundo muy conocido por los chicos, un mundo donde lo que está bien,
está bien y lo que está mal, está mal. La maestra es la autoridad de ese mundo,
y su voz es la depositaria y transmisora de las reglas socialmente instituidas,
de allí que esta maestra/momia llame tanto la atención de los lectores, se
trata de una maestra/momia/adulta que premia el “mal”, que premia la trasgresión
de la ley. La escuela es la institución en la cual la sociedad ha depositado
(junto con la familia) el deber de transmitir a sus nuevos miembros las normas,
valores y conocimientos que se consideran indispensables para su inserción
social. Mundo de la ley y su transmisión si lo hay.
Pero…
¿qué sucede cuando ambos mundos: el de un género literario, “de la imaginación”
dicen los chicos y el terror, donde el mal está permitido, y el mundo “real” de
la escuela se cruzan? Los chicos lo dicen claramente: es el mundo al revés. El
lugar de transmisión y aplicación de la norma por excelencia, la escuela, con
su autoridad (la maestra/adulta) sufre la inversión de la parodia, y entonces
monstruos convertidos en aplicados escolares, y una escuela destinada a premiar
a los más malos, producen risa. La risa liberadora que pone en evidencia y
desacraliza el discurso adulto del deber ser y la norma dirigido a los niños: “¡Te portas cada día peor! ¡Adelante, sigue
así!”
Sin
embargo no sólo me interesa hablar de la parodia como procedimiento humorístico
clave en la literatura para chicos actual (al punto de llegar muy
frecuentemente al estereotipo); mi intención es reflexionar sobre sus
implicancias (tanto ideológicas como estéticas) dentro del funcionamiento del
sistema literario infantil. Para ello resulta indispensable remitirnos a los
estudios de Bajtín de la cultura popular de la
Edad Media y el Renacimiento, a la
cosmovisión del Carnaval.
Debemos dejar algo claro, según señala este
autor el carnaval, el de la plaza pública tuvo su auge en la
Edad Media y ocupó un lugar destacado en la
literatura renacentista, especialmente en un autor que será el objeto de su
estudio: Rabelais. No podemos transferir de manera mecánica los conceptos
vertidos por Bajtín en torno al carnaval a la literatura para niños actual, sin
embargo como él mismo señala en su introducción en “La cultura popular en la
edad Media y en el Renacimiento”… perviven elementos de la cultura cómica
popular en la literatura y la cultura actuales, aún cuando mucho de su
horizonte ideológico se haya modificado a través de los siglos. Existen textos
de la literatura infantil que provienen o poseen resabios de la cultura
popular, como también autores contemporáneos, que como veremos, utilizan
recursos que podemos asociar al humor del carnaval en sus textos.
Recordemos
que buena parte del acerbo de la literatura infantil se constituyó a partir de
textos que sin estar dirigidos explícitamente a los niños, eran leídos por
ellos: la literatura de cordel o de buhoneros que a partir de la creación de la
imprenta comenzó a circular especialmente entre las clases populares, y que
constituía un material sumamente heterogéneo de lecturas: cuentos de hadas,
adaptación de novelas medievales, historias de santos y de criminales, calendarios, libros de astrología, de
profecías, de brujería, tratados amorosos, obras burlescas, parodias de
sermones, adaptaciones populares de
obras de la literatura “culta” como Los
viajes de Gulliver, Robinson Crusoe
y Gargantúa y Pantagruel.
Para
adentrarnos en estos textos de la cultura cómica popular voy a contarles algo
abreviado un cuento de hadas francés del siglo XVIII: “Los tres dones”
Un
joven pastor es maltratado por su madrastra que entre otras cosas lo mata de
hambre. Mientras cuidaba su rebaño una viejecita le pide que comparta con ella
su magra merienda durante tres días. Al tercer día la viejecita mendiga se
revela como lo que es: un hada y le da a escoger tres deseos: “las tres cosas
que más te agraden”, le dice.
“El
pastorcito formuló el deseo de que todas sus flechas mataran pajaritos sin
fallar y que la melodía que tocara con su flauta tuviera el poder de hacer que
todos bailaran, aunque no lo desearan. Le costó trabajo escoger el tercer
deseo, pero al recordar el cruel trato que había recibido de su madrastra,
sintió ganas de vengarse y pidió que cada vez que él estornudara ella no
pudiera dejar de echarse un pedo sonoro.”
Tus
deseos serán satisfechos, dijo el hada.
Efectivamente
a partir de allí cada vez que su hijastro estornuda ”la vieja le contesta con un sonido explosivo
que la hacía sentirse muy avergonzada”. Pero el problema llega al día
siguiente, que es domingo, cuando la madrastra lleva al pastor a misa y se
sientan junto al púlpito.
“Nada
fuera de lo común ocurrió al principio de la misa; pero cuando el sacerdote
comenzó el sermón el niño empezó a estornudar, y su madrastra, a pesar de todos
los esfuerzos por contenerse, inmediatamente dejó escapar una descarga de pedos
y se puso tan roja de vergüenza que todos la miraron”… como los ruidos
impropios continuaron sin cesar, la mujer fue sacada del sitio sagrado. Al otro
día el sacerdote habló con ella y ésta denunció al muchacho. El sacerdote
deseoso de saber el secreto acompañó al pastor con su rebaño. En el camino éste
pidió al sacerdote que recogiera un pajarito que acababa de matar con su arco.
“El
sacerdote aceptó, pero cuando llegó a donde estaba el pájaro caído, una zona
espinosa llena de zarzas, el pequeño tocó su flauta y el sacerdote empezó a
girar y bailar tan rápidamente, a pesar de no desearlo, que su sotana quedó
atrapada en las espinas; y al poco tiempo estaba rota en jirones.”
En
cuanto la música terminó el sacerdote condujo al muchacho ante el juez de paz y
lo acusó de destruir su sotana. Entonces el pequeño muchacho otra vez hizo
sonar su flauta y “en cuanto tocó la
primera nota, el sacerdote, que estaba de pie, empezó a bailar; el secretario
del juzgado empezó a girar en su silla; el juez de paz rebotaba sobre su
asiento; y todos los presentes movían sus piernas tan rápidamente que el
juzgado parecía un salón de baile. Pronto se sintieron cansados de este
ejercicio forzoso, y le prometieron al muchacho que lo dejarían en paz si
dejaba de tocar.”
Un
juzgado convertido en un salón de baile, madrastra, cura, secretario y juez de
paz a merced de la voluntad de un pequeño pastorcillo. Una madrastra que se
tira pedos, un cura bailarín con la sotana hecha jirones, un juez que rebota en
su silla al son de una flauta. Otra vez estamos frente al mundo al revés, un
mundo en el que las jerarquías se invierten, y quienes detentan el poder (en
este caso tenemos a las instituciones: la Iglesia, el poder judicial, además de la flia. en
la figura de la madrastra) sufren de la fuerza desacralizadora del humor. Y por
supuesto el elemento escatológico: el pedo, central en este relato, más aún si
imaginamos esta narración (como dice Robert Darnton) con los efectos especiales
y onomatopeyas sonoras que los narradores seguramente utilizaban para graficar
mejor las escenas.
Pero
para entender mejor de qué hablamos cuando nos referimos a la cultura cómica
popular, voy a Bajtín:
¿Qué
es lo que los ritos, espectáculos, parodias y el lenguaje familiar y grosero de
la plaza pública ofrecían a los hombres de la
Edad Media? Para Bajtín la cultura cómica
popular ofrecía una visión del mundo, del hombre y de las relaciones humanas
diferentes a la oficial. O mejor dicho, contraria a la oficial. Durante los
meses del carnaval la ley, el orden instituido era derrocado, invertido, y reinaba
un orden distinto, opuesto al anterior. Se producía la inversión de las
jerarquías, lo alto y elevado era destronado y se entronizaba lo bajo e inferior. Pensemos sino en este pequeño
pícaro que maneja los hilos de la situación, y tiene a su merced a su
madrastra, al cura y al juez.
Se
trata de un mundo al revés, utópico de la libertad, la igualdad y la
abundancia. Existe una leyenda medieval y carnavalesca que grafica muy bien
esta utopía: el “País de Jauja o Cucaña ”: un lugar utópico del ocio y abundancia. Aquel país ha sido reflejado por escritores y
artistas de todos los tiempos. Como en esta pintura de Brueghel el viejo
(imagen País de Cucaña) o en este libro para niños que retoma esa tradición
medieval (dos imágenes del libro de Kasparavicius Segovia, Francisco –
Kasparacicius (ilust.)
Bufones
y payasos son los personajes característicos de la cultura cómica de la Edad Media. Estos, no
eran actores que desempeñaban un papel en un escenario durante el transcurso de
una representación, los bufones y payasos eran tales en todas las
circunstancias de su vida. Como el carnaval mismo, se situaban en una frontera:
la frontera entre la vida y el arte.
Voy
a leer ahora un fragmento de otro texto para niños de Ema Wolf: “La ciudad de
los bufones”.
El humor negro constituye la
expresión humorística más audaz, el alzamiento más herético contra la ley del
lugar común: extiende la contradicción a los valores más venerados; los
trastoca, los identifica y los anula. Tras la batalla, muchas veces es difícil saber
qué se ha ganado y distinguir al triunfador.
Eduardo Stilman
Breton
en su Antología del humor negro[1],
indica a Jonathan Swift (1665-1745) como el verdadero iniciador del humor
negro. Si bien, agrega Breton, existen rastros de este tipo de humor desde la
antigüedad clásica en Heráclito, y en los filósofos Cínicos.
Entre
los textos de Swift seleccionados por Breton hallamos uno que puede sernos de
particular interés: “Una modesta proposición para evitar que los hijos de los
pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país, y para hacerlos
útiles al público.” [2]
El
narrador, asumiendo la figura del autor, es un verdadero Herodes del
canibalismo. El texto de Swift viola con ferocidad tabúes sagrados de toda
sociedad civilizada. El del “no matarás” y “no comerás a tu prójimo” en primer
lugar, y en este caso, empeorando aún más las cosas, a seres doblemente
indefensos por niños y por pobres. Los niños pobres son degradados a animales
comestibles, a manjar en la mesa de los ricos. La ironía se hace evidente en la
siguiente frase: Concedo que este manjar
resultará algo costoso, y será, por lo tanto, muy adecuado para terratenientes,
que como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los
mejores títulos sobre los hijos. (Breton, 1998: 24)
Jonathan
Swift en “Una modesta proposición…” presenta el aspecto absurdo y a la vez
cruel de la política inglesa en Irlanda a comienzos del siglo XVIII; su ironía
es satírica y por supuesto pertenece al campo del humor negro. El procedimiento
puesto en marcha por este texto es el de llevar al extremo más desenfadado la
violación de aquellas normas morales que supuestamente organizan las relaciones
humanas; mostrar esta violación feroz de lo oficialmente permitido como un
desenmascaramiento de las convenciones que tácita y realmente gobiernan a las
sociedades humanas, pero son negadas y ocultadas por las palabras del eufemismo
y la hipocresía. Resulta quizás redundante afirmar a partir de aquí que tanto
la ironía como la sátira, y en ocasiones la parodia (el texto de Swift no deja
de ser una parodia de proyecto demográfico, político, económico…), suelen
formar parte de esta “actitud ante el mundo” que es el humor negro.
La
risa, señala Umberto Eco [3] es
propia de la naturaleza humana, si somos la única especie que bromea es porque
también somos los únicos que siendo mortales, somos conscientes de ello. Lo cómico y el humorismo son la forma en la
que el hombre intenta hacer aceptable la idea insoportable de la propia muerte
–o de urdir la única venganza que le resulta posible contra el destino o los
dioses que lo quieren mortal. (Eco, 1998: 112)
Eduardo
Stilman [4]
describe al humorismo, no como un género sino como una actitud ante el mundo
que se encuentra en todos los géneros, y además agrega: no hay verdadera obra de arte que no la incluya de algún modo. Y no se
trata de una actitud alegre: los últimos límites del humorismo lindan más con
los laberintos de la desesperación que con el decorado de la felicidad
convencional. (Stilman, 1967: 9)
En última instancia, el
humorista enfrenta al mal, representado por lo racionalmente inexplicable o
injustificable. El mal puede ser la muerte, el absurdo de la vida, el inmenso
vacío del universo, o provenir del hombre mismo: la crueldad, la estupidez, la
hipocresía, el mundo asfixiante de las convenciones, son la fábrica permanente
del humorismo, esa lucidez que los denuncia. (Stilman, 1967: 10)
Esta
visión desencantada del mundo que implica la actitud humorística, abarca
actitudes que pueden ir del escepticismo moderado al nihilismo absoluto. Dice Stilman, el humorismo se niega a los satisfechos, a los ortodoxos de todas las
sectas, a los dueños de las soluciones. El humorista está buscando siempre. (Stilman,
1967: 11)
Dentro
de las manifestaciones más extremas del humor negro Stilman deslinda: los
humorismos satánico, macabro y absurdo.
El humorismo satánico alega
las bondades del mal, lo goza y clama su triunfo. (Stilman,
1967: 13)
El humorista macabro se
complace fingidamente en el tratamiento desaprensivo y gozoso de herejías como
el asesinato, el suicidio, la tortura, el canibalismo y la profanación, siempre
que sean gratuitos, porque un crimen útil se invalidaría a sí mismo
humorísticamente. (Stilman, 1967:13).[5] Y por
último hallamos la variante “absurda” del humor negro, que aunque menos
sangrienta, nos dice Stilman, no por ello es menos tenebrosa.
Consideremos
o no al humor absurdo como una variante del humor negro, la íntima relación que
une a ambos es innegable; como tampoco es poco frecuente que humor negro y
humor absurdo convivan en un texto. Veamos sino como ej este cuento de
Macedonio Fernández:
Un paciente en disminución
El señor Ga había sido tan
asiduo, dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era
sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago,
un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a
llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo
mandaba llamar.
El doctor Terapéutica
examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió:
“Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a
un cirujano”.
Macedonio Fernández. (Continuación
de la nada)
EL
HUMOR ABSURDO
Los
universos creados por Lewis Carroll en sus Alicias suelen ejemplificar esta
variante del humor, la del humor absurdo, aquella que se burla de la rigidez de
la lógica y suele ir acompañada de la poesía.
El universo de Alicia es un mundo cruel y nada amigable, un mundo
caótico que desafía las reglas del sentido común que gobiernan nuestras
relaciones habituales con la realidad. También el lenguaje, como instrumento de
comunicación y de organización de lo real es puesto en cuestionamiento en este
mundo.
Veamos
el siguiente diálogo entre Humpty Dumpty, el huevo pedante, y Alicia:
-Cuando yo uso una palabra –
dijo Humpty Dumpty, en tono despectivo-, esa palabra significa exactamente lo
que yo decidí que signifique… Ni más ni menos.
-La cuestión es –dijo
Alicia, si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas
distintas.
-La cuestión es –dijo Humpty
Dumpty- saber quién es el amo aquí. Eso es todo. (Carroll,
1998: 179)
Las
palabras para Humpty Dumpty cobran existencia, pierden su carácter instrumental
para “decir algo”, su decir es absolutamente arbitrario. Las palabras son seres corporales y en cuanto “dicen” su
decir es parte de un juego con las palabras mismas, con su materialidad. Se
trata de una mirada humorística sobre una de las instituciones más importantes
de la vida social: el lenguaje y en particular de su función principal, la
comunicación.
En
las Alicias los diálogos son diálogos
de sordos o de locos. En ellos la “comunicación” es un caos de desentendidos.
El lenguaje actúa como objeto de sí mismo, negando su carácter instrumental; su
relación con el mundo se vuelve arbitraria y caótica. El lenguaje revela así su
naturaleza de objeto que interfiere en nuestra relación con la realidad.
Detrás
de las convenciones que reglan la producción, pero también la edición, la
circulación y la lectura de los libros para niños, existen representaciones
sociales e históricas acerca de la infancia, acerca de la literatura destinada
a ella, de los discursos que los adultos debemos dirigir a los niños, de cómo
debemos relacionarnos con ellos. En otros términos, detrás de las restricciones
que condicionan los textos infantiles para ser aceptados dentro del sistema
existe una ideología, un modo de comprender las relaciones entre los hombres,
en particular entre los adultos y las nuevas generaciones.
Podemos pensar esta relación: la de los
adultos con los niños, como un encuentro entre dos “culturas” y entonces
remitirnos a Bajtín:
Una cultura ajena se
descubre más plena y profundamente sólo a los ojos de otra cultura; pero tampoco
en toda su plenitud, porque llegarán otras culturas que verán y comprenderán
aún más. Un sentido descubre sus honduras al encontrarse y toparse con otro
sentido ajeno: entre ellos se establece una especie de diálogo, que supera el
carácter cerrado y unilateral de ambos sentidos, de ambas culturas. (…) En un
semejante encuentro dialógico de dos culturas, ellas dos no se funden ni se
mezclan, sino que cada una conserva su unidad y su integridad abierta, pero las
dos se enriquecen mutuamente. (Bajtín, 2000:159)
Está
claro que desde sus orígenes la literatura infantil (la aceptada oficialmente)
ha servido como vehículo de aquellos contenidos que los adultos consideraban
debían ser transmitidos a los niños. De este modo podemos decir que buena parte
de los libros para niños no han buscado establecer una relación dialógica con
ellos, sino que han servido para reforzar la asimetría, el verticalismo entre
el mundo adulto y el infantil. Esta situación que podemos ver claramente en el
pasado, continúa en el presente, aún cuando las representaciones acerca de la
infancia se hayan modificado, y también las restricciones acerca de lo infantil
ya no sean las mismas. Indagar en aquellos textos que escapan a la norma, que
deliberadamente y de diversas formas trasgreden y de este modo desenmascaran
los límites que los adultos ponemos a las palabras dirigidas a los niños, puede
ser un buen método para hacer visibles dichos límites y reflexionar sobre
ellos.
[1] Breton, André. 1998.
[2] Breton, 1998: 21-26.
[3] Eco, Umberto, 1998: 112.
[4]
Stilman, Eduardo. 1967: 9-15.
[5] Edward Gorey, con su herética mostración de lo macabro
vinculado al mundo infantil, puede ser considerado digno representante de esta
variación del humor negro, obviamente muy poco frecuente en la literatura para
chicos.
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Datos personales
- Estela Quiroga
- Licenciada y profesora en Letras Modernas, egresada de la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA.ESPECIALISTA EN LITERATURA ARGENTINA. Especialista en Investigación Educativa. (ISP Joaquín V. González) Especialista en Litertura Infantil y Juvenil (CEPA) Actualemnte se encuentra cursando la Maestría en Análisis del Discurso (UBA) Publicó numerosos artículos y ensayos para diferentes sellos editoriales (Cántaro, Puerto de Palos, Paidos, revistas del ISPEI Sara Eccleston) En el 2012 su blog Entre el mouse y la tiza recibió el PRIMER PREMIO A LOS BLOGS EDUCATIVOS otorgado por la UNIVERSIDAD NACIONAL DE BUENOS AIRES (UBA) A raíz de ese premio fue convocada por distintos medios periodísticos. Durante 2013 el mismo blog resltó ser finalista de dicho concurso. En estos momentos se encuentra abocada a la investigación y la escritura de un ensayo en colaboración con la Lic. Cristina Olliana. Acaba de publicar Y DE PRONTO LA VIDA un ensayo destinada a la Crianza, la literatura y el Juego.